Crivillé y Alzamora devuelven a España el esplendor perdido
Alex ganó el título mundial en la categoría reina, los 500
Juan Antonio Lladós, Efe/Madrid
Alex Crivillé y Emilio Alzamora devolvieron en 1999 a España el esplendor perdido en años precedentes en el campeonato del mundo de velocidad de motociclismo, al conseguir sus respectivos títulos mundiales de 500 y 125 cc, hecho deportivo que no sucedía desde la pasada década. Ninguno de los dos tuvo un camino de rosas a lo largo de la temporada para coronarse campeón de su categoría, pero sin dar en ningún momento por perdidas sus opciones, a pesar de las adversidades en forma de caídas que ambos sufrieron, consiguieron su ansiado objetivo.
Para Crivillé no era el primer título mundial de su carrera deportiva, pues ya en 1989 fue campeón de 125 cc, pero sí era el primer e histórico título de un español en la categoría reina del mundial de motociclismo, los 500 cc, mientras que en el caso del segundo el cetro del octavo de litro era el reconocimiento in extremis a una serie de años y calamidades que en más de una ocasión le hicieron plantearse la retirada.
Crivillé logró el título de 500 cc después de convertirse en el piloto más galardonado de la temporada, con seis victorias, cuatro de ellas consecutivas y cuya racha, precisamente empezó en España, con ocasión del Gran Premio de España, en el que muy probablemente dijo adiós a la competición el más grande piloto de esta especialidad deportiva en la última década, el australiano Michael Doohan.
Doohan sufrió una grave y espectacular caída durante la primera jornada de entrenamientos de la primera carrera española del calendario, que se saldó con lesiones mucho más graves y lentas en su recuperación de lo que en un principio había trascendido. Intentó regresar en las últimas carreras del año, pero su estado no era el más indicado y tuvo que conformarse con dar unas cuantas vueltas en 'su' gran premio, el de Australia, en Philip Island, para contentar a sus miles de seguidores.
Emilio Alzamora empezó la temporada bastante bien, con cuatro podios consecutivos, si bien ninguno de ellos con victoria -que no logró a lo largo de todo el año y aún así le bastó para proclamarse campeón mundial-, para luchar el resto de la temporada en inferioridad de condiciones frente a rivales con mecánicas mucho más potentes que su Honda. No obstante, el trabajo del piloto ilerdense y de todo su equipo, recibió el premio de un campeonato, logrado por un sólo punto de diferencia y en la última carrera, frente a un antideportivo italiano Marco Melandri, ausente por lesión en las tres primeras carreras, pero que mediado el campeonato enlazó una racha ininterrumpida de victorias -cinco en ocho carreras- que, con todo, no le permitieron lograr el título mundial.
También se proclamó campeón en Brasil, pero en su caso con mucha mayor soltura, el italiano Valentino Rossi en los 250 cc. Desde el principio él fue el principal candidato a la victoria final, a pesar de los envites de su compatriota Loris Capirossi.
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