El GIL participa en dos gobiernos locales en menos de seis meses
El 20 de agosto fueron expulsados por Aberchan del ejecutivo

A. G. Melilla

El año que termina trajo a Melilla, al igual que ocurrió con la hermana ciudad de Ceuta, el conocido como «efecto GIL», que hasta entonces había estado centrado en la Costa del Sol, y esencialmente en Marbella y Estepona. La decisión de Jesús Gil de ampliar campo a las dos ciudades norteafricanas tenía como fin anular lo que él consideraba persecuciones judiciales contra su persona.

El GIL fue el partido más votado en las elecciones autonómicas del 13 de junio, consiguiendo siete diputados. Casi ocho mil melillenses depositaron su confianza en el nuevo grupo político a través de sus papeletas en las urnas. Después, la presencia del GIL hizo que se tocara a rebato en la altas instancias de la nación, y el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, enfrentados en tantas y tantas diputas de palacio, no dudaron en hacer frente común para que el GIL no estuviera en los gobiernos de las dos ciudades autónomas.

Se intentaba evitar por todas formas que el partido creado por el alcalde de Marbella pudiera gobernar y así intentar que el PP volviera a estar en el ejecutivo local. Se llegó al acuerdo de que el candidato a la investidura como presidente fuera el numero uno de la Unión del PuebloMelillense, Juan José Imbroda Ortiz, que contaría con los votos de su grupo político, del PSOE, del PP y del PIM.

Pero saltó la sorpresa y en la mañana del 3 de julio, Mustafa Aberchan fue investido como nuevo presidente con los cinco votos de CpM, los siete del GIL y los dos de los disputados socialistas, que no habían acatado las instrucciones de la Ejecutiva Federal.

Y empezó una carrera que duró hasta el 20 de agosto, en que Aberchan, presionado desde todos los frentes, no dudó en firmar los decretos de cese de los consejeros y viceconsejeros del GIL, abriendo una nueva brecha, quese prolongó hasta mediados del mes de noviembre en que, tras no poder conseguir «el gobierno de 18», que no se cansaba de repetir, llegó a un nuevo acuerdo con el GIL. La razón, según él, estribaba en que Jesús Gil había declarado que no se presentaría a las Elecciones Generales, encabezando la lista por Madrid, que era tanto como decir que desistía de optar a la presidencia del Gobierno de la nación.

Y el GIL volvió, en un operación de ida y vuelta en apenas medio año. Y lo hizo más robustecido que entonces, copando consejerías y viceconsejerías cuyo número de amplió y que llevaron, incluso, a Cris Lozano a optar a la presidencia de la Autoridad Portuaria, propuesta que está impugnada por el Partido Popular y la Unión del Pueblo Melillense.

Nunca en tan corto espacio de tiempo se había producido un hecho semejante. De estar en el ostracismo, los siete diputados del GIL pasaron a convertirse en auténticas manijas de una situación que no tenía salida ni vuelta de hoja. Fueron los ganadores de un camino que se esperaba no tuviera retorno.