El Melilla disputó la fase de ascenso a la Segunda División A
En la Copa del Rey estuvo a punto de eliminar al Athletic de Bilbao de la competición
Avelino Gutiérrez, Melilla
El año 1999 pasará a los anales de la moderna historia de la Unión Deportiva Melilla por haber sido el más fructífero de las últimas temporadas. Tras dos años de rozarlo con las yemas de los dedos, se consiguió disputar la fase de ascenso a la Segunda División A, y hacerlo con todo los honores como campeón del Grupo. Además, en la Copa del Rey, se estuvo a punto de eliminar al Bilbao.
Pedro Buenaventura estuvo a punto de meter al cuadro azulino en la liguilla de ascenso. Pero, sólo una temporada después, otro sevillano, Juan RamónLópez Caro, lo consiguió, y, contra todo pronóstico (él fue el único técnico del GrupoIV de la Segunda División B que apostó por que el campeón del Grupo sería el Melilla), estuvo a punto de protagonizar el éxito más soñado del fútbol melillense desde aquella trágica temporada del accidente de Loja, que privó al equipo azulino de haber intentado el ascenso a la Primera División, hacia la cual iba enrachado.
Pero los hados de la fortuna no se aliaron, precisamente con los melillenses, al tocarles jugar en un grupo con dos históricos del fútbol español, como eran Burgos y Elche, dos ex primeras que tenían mucho que decir en las alturas. Y la verdad es que lo dijeron, aunque los azulinos llegaron con opciones, mínimas pero opciones al fin y al cabo, al último encuentro frente a los ilicitanos, que incluso llegaron al estadio Álvarez Claro con peñas y todo.
Se perdió en el choque decisivo aunque como después quedó evidenciado, todo se había alejado con el empate ante el Universidad de Las Palmas, el equipo revelación, y la derrota en Burgos. Fue un caramelo que a última hora se tornó un tanto amargo pero que sirvió para dejar claro que el Melilla había tenido su chance, aunque contó con la suerte de espaldas.
Copa del Rey
El fiasco de la liguilla de ascenso estuvo a punto de tener una clara compensación sólo meses más tarde, cuando tras eliminar a la Balompédica Linense, a un solo partido y en su campo, el bombo emparejó al Melilla con el Athletic de Bilbao. Fue toda una lotería adelantada para el equipo que entonces presidía Diego Bernal, quien sólo semanas después dimitió, y que llevó a Álvarez Claro a diez mil melillenses. Los azulinos dieron un baño en toda regla a los «leones» de San Mamés hasta el punto de que el propio Luis Fernández lo reconoció en todos los medios nacionales. Al final un penalti y una jugada a balón parado propició el empate a dos goles. Las espadas quedaban en alto para tres semanas después. El técnico rojiblanco, consciente de la importancia, hizo un llamamiento a la afición y esta respondió. Treinta mil aficionados vieron como el Melilla se adelantaba por dos a cero en la propia catedral. Después la clase del internacional Etxeberría dio con todo al traste. Fue el final de un sueño que pudo haber sido bonito.
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