El pertinaz apoyo de CiU permite a Aznar culminar la legislatura

Magis Iglesias, Colpisa/Madrid

Los resultados de su política económica y la debilidad de Jordi Pujol, tras las elecciones catalanas de octubre, apuntalaron el apoyo de Convergencia i Unió al Gobierno hasta el final de su mandato y sentaron las bases para su continuidad después del 2000. José María Aznar logró convertirse en el protagonista de la legislatura más larga de la democracia aunque sus socios parlamentarios le abandonaron en el último minuto. La mermada cantera del PP -expoliada por sucesivas renovaciones desde el año 90- le obligó a cambiar su Gabinete en dos ocasiones.

La relación política y personal entre Pujol y Aznar funcionó con especial eficacia en el último año de la legislatura en el transcurso del cual, CiU estuvo siempre al lado del Gobierno y apoyó al Partido Popular en los momentos más difíciles aunque no pudo evitar el estrepitoso fracaso de la Ley de Extranjería. Ni siquiera la tensión preelectoral, antes de que Pujol afrontara los comicios autonómicos de octubre, afectó a la gobernabilidad que permaneció blindada por el compromiso de los nacionalistas catalanes de respaldar los presupuestos del 2000. Esta cohesión se puso abiertamente de manifiesto en el debate sobre el Estado de la Nación, cuando Aznar recordó a sus socios que la aprobación de las Cuentas del Estado para el año 2000 era un elemento «determinante» para preservar la bonanza económica en los próximos años.

El resultado de las elecciones autonómicas en Cataluña y el consiguiente pacto de investidura entre PP y CIU reforzaron esta alianza y le dieron una proyección de futuro. La dependencia de Pujol -que, como dice Izquierda Unida, «le debe una investidura al PP»- hará más fácil un nuevo pacto postelectoral con los populares, tras los comicios generales a fin de mantener la actual situación, tanto en Madrid como en Barcelona. Arenas, recordó que el pacto firmado con CiU para la elección de Pujol «es de investidura pero vinculante para toda la legislatura».