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Anuario 2000 - Terrorismo



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José Antonio Aseniso es saludado
tras el frustrado atentado

ETA asesina en Málaga al concejal Martín Carpena
José Asenjo salvó milagrosamente la vida al fallar el artefacto colocado bajo su coche

José María Alday / Málaga

Málaga sufrió el verano del 2000 el zarpazo de la banda terrorista ETA. Nadie podía imaginar la calurosa tarde del sábado día 15 de julio que la tragedia se iba a cernir sobre la ciudad en unas horas. Nadie salvo Jon Igor Solana Matarran, de 27 años y Harriet Iragi Gurruchaga, de 23, integrantes del ‘comando Andalucía’ de ETA, desarticulado el día 16 de octubre en Sevilla tras el asesinato del coronel médico Martín Cariñanos. La madrugada anterior al atentado de Carpena, los terroristas ya habían sustraído en la capital un Renault Clio blanco para emprender su macabro itinerario de muerte y terror por Málaga.

La pesadilla comenzó pasadas las diez y media de aquella noche de mediados de julio, cuando el concejal del Partido Popular del Ayuntamiento de Málaga José María Martín Carpena era asesinado a las puertas de su domicilio, en la calle Rosa de la populosa barriada malagueña de Nueva Málaga. Carpena se disponía a subir a un coche oficial junto a su mujer y a su hija, de 17 años, para asistir al pregón de la fiesta de la Biznaga que se celebraba aquella noche en la finca la Cónsula. Al acercarse al vehículo, un individuo joven, vestido con una camisa oscura y tocado con una gorra, que esperaba agazapado en la zona, le disparó sin mediar palabra. La escena fue contemplada por la hija y esposa del concejal malagueño.
El asesino, que posteriormente fue identificado por el Ministerio del Interior como Jon Igor Solana Matarran, huyó del escenario del crimen y desapareció. El concejal recibió cuatro disparos, uno de los cuales fue mortal de necesidad. Falleció en el mismo lugar del atentado sin que los servicios médicos pudieran salvar su vida.

El alcalde y concejales del Ayuntamiento de Málaga, junto a otras autoridades y personalidades de la vida pública malagueña y de Andalucía, acudieron al lugar de los hechos. En los primeros instantes nadie nada crédito a lo ocurrido, aunque la sospecha de que pudiera tratarse de un atentado de la banda terrorista ETA cobraba fuerza por minutos.
El atentado sufrido tres días después por el diputado provincial y vicesecretario general del PSOE andaluz José Asenjo despejó cualquier duda. A las nueve y media de la mañana del día 19 de julio, Asenjo salió de su domicilio y subió a su vehículo junto a su esposa y a su hija de 15 años, en la calle Pepita Jiménez del Cerrado de Calderón. Tras arrancar y echar a andar su Honda Civic, el diputado socialista se vió sorprendido por una pequeña explosión que procedía de los bajos de su coche, de donde observó que salía una pequeña humareda. Extrañado, bajó del coche, en el que se encontraban su mujer y su hija, y vió asomar una caja rectangular bajo su vehículo. Sin perder los nervios en ningún momento, hizo descender del turismo a su familia y dio aviso de lo sucedido. La policía comprobó más tarde que se trataba de una bomba lapa con 1,5 kilos de explosivos que los terroristas habían colocado en los bajos de su coche y cuyo mecanismo de activación falló. Asenjo, su mujer y su hija salvaron milagrosamente la vida.

Coche Bomba-Trampa en la calle Amargura

Al día siguiente del fallido atentado contra José Asenjo, el 20 de julio, los terroristas llamaron a los bomberos para dar cuenta de que al final de la calle Amargura, en el inicio del camino que conduce al Monte Calvario, en el barrio de la Victoria, habían dejado un coche con explosivos. Tras una primera inspección sin éxito, se recibió una segunda llamada para precisar el lugar exacto en el que se encontraba el vehículo, circunstancia que hizo sospechar a la policía de que los terroristas pudieran estar situados en las inmediaciones del coche bomba. Tras acordonar la zona y evacuar a las más de 60 familias que residían en las viviendas próximas, artificieros de la Policía Nacional procedieron a la desactivación de la carga explosiva que contenía el vehículo, cuya matrícula se comprobó había sido ‘doblada’ y pertenecía a un turismo de las mismas características. El coche resultó contener una bomba trampa dirigida a los artificieros de la policía. El explosivo estaba situada bajo el asiento del copiloto. Fueron unas horas de angustia en las que se temió también por la seguridad de los enfermos de la Clínica Pascual, situada en las inmediaciones y cuyas habitaciones más próximas fueron evacuadas como medida de precaución.