La distribución de los barrios de Archidona
ofrecen al visitante una estructuración lineal conforme a los ejes que marcan las
principales vías de acceso. Sin embargo, aunque ese sea uno de los principales elementos,
no hay que olvidar la importancia que han tenido a lo largo de la historia los
asentamientos religiosos en la ordenación urbanística del municipio.

Torre del convento de las
monjas Mínimas en la calle Nueva
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La actual ciudad de Archidona se originó como
asentamiento urbano en las inmediaciones de la parroquia de Santa Ana. El primer edificio
religioso de culto católico que se construyó sobre las bases de la mezquita Aljama de lo
que, en tiempos, se denominó la Villa Baja. Pero no fue esta su primera ubicación. Y es
que la milenaria ciudad tuvo como primer foco urbano el castillo árabe, del que ahora
quedan pocos elementos en pie, aunque se conserva de forma admirable la mezquita del siglo
IX la única que queda en la provincia, reconvertida en ermita donde recibe
culto la Virgen de Gracia, Patrona de la localidad. Fue este un núcleo de tal importancia
que llegó a ser la capital de la Cora de Rayya, nombre del reino de taifa malagueño. Una
ciudad, la de la Villa Alta, que llegó a contar con tres cinturones de muralla, de los
que sólo se conservan dos. Tras la reconquista, los pobladores comienzan a dejar las
incomodidades de la zona alta para comenzar a edificar en las faldas del cerro. Durante
algún tiempo coincidirán las dos villas, la Alta y la Baja. Finalmente, es esta última
la que gana la confianza de los vecinos y cada vez son más los que se asientan en los
alrededores de la parroquia, construida en 1505. Esta iglesia se convertirá desde el
siglo XVI en el centro neurálgico de la villa. En sus inmediaciones se encontraba el
Ayuntamiento o la cárcel. También en esta zona se ubica el último enclave de los
moriscos. Un hecho del que hoy queda constancia en la calle que lleva su nombre.
Por esta zona pasa uno de los principales ejes viarios de
la ciudad, el que tiene como destino Sevilla, en las que hoy se encuentran la calle
Carrera y el Molino Don Juan. Y es que la ciudad se ordena urbanísticamente bajo la
complicada situación de ubicarse a los pies de una sierra y con la disposición lineal
que impone la influencia de las principales vías de comunicación. Pronto surgirá otro
asentamiento en las inmediaciones de un nuevo convento, el de las Mínimas, fundado en
1551 a los pies del camino que hoy recibe el nombre de calle Nueva. Entre estas dos calles
irá surgiendo un entramado de callejas perpendiculares, estrechas y con una fuerte
pendiente que obligará a crear escalinatas que hoy todavía se conservan. Todas ellas
conforman el complicado plano del casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-artístico
en 1981.

Mercado en la plaza Ochavada
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Los edificios religiosos continuarán marcando la
evolución urbanística de la ciudad, sin olvidar los dos ejes viarios. Donde hoy se
sitúa el Llano se encontraba la desaparecida ermita de San Sebastián, más abajo estaba
la iglesia de la Victoria, en cuya plaza se asentaron la mayor parte de los mesones. Esta
plaza es la que en la actualidad se ha convertido en el centro civil y administrativo,
puesto que aquí es donde se encuentra el Ayuntamiento. Sus dependencias ocupan el antiguo
edificio de la Cilla, el granero donde los vecinos contribuían con sus diezmos al señor
de la villa, el duque de Osuna. Este mismo eje que hoy lo conforma la calle Carrera llegó
a tener hasta tres ermitas, además de la parroquia, de las que hoy sólo se conserva la
del Nazareno. Eran las ermitas del Cristo de la Columna en los Cuatro Cantillos y la
ermita de San Juan Bautista.
En pleno siglo XVI surge otro de los grandes conventos de
la ciudad, el de Santo Domingo. Durante siglos fue el verdadero centro de la vida
espiritual local y aquí tuvieron su origen cofradías como la del Dulce Nombre o la del
Cristo de la Humildad. En la actualidad se lleva a cabo la restauración del convento y de
la iglesia para convertir este magnífico edificio en un hotel de titularidad municipal.
Entre el asentamiento que rodeaba a la iglesia de Santa Ana y al convento de las
Mínimas existía un núcleo de gran insalubridad y falta de higiene, que ocasionó gran
cantidad de problemas a la ciudadanía. Para evitarlo, en el siglo XVIII (hacia 1786) se
proyecta la construcción de una plaza que ofreciera una solución y, además, permitiera
dar trabajo a los vecinos necesitados. De aquí surgió una de las joyas del urbanismo
barroco andaluz: la plaza Ochavada. Un asentamiento urbano del estilo de las plazas
mayores castellanas, pero con planta octogonal, con la peculiaridad de que cada una de sus
ocho caras presenta una decoración diferente. Los artífices de esta maravilla fueron los
alarifes locales Antonio González Sevillano y Francisco Astorga Frías. La vida civil
experimenta un sensible cambio en esta época, ya que esta nueva plaza será la que se
convierta en el centro administrativo. Allí, en lo que hoy es el Colegio Menor, estuvo
ubicado durante décadas el Ayuntamiento de la ciudad. Además, en sus cercanías se
encuentra en esta época el mercado de abastos, por lo que poco a poco el lugar se
convertirá en centro de reuniones y de celebraciones. En algunos momentos incluso ha
llegado a ser escenario de corridas de toros. El entramado de callejas se completa con la
creación de la calle Salazar, que servirá para unir los dos grandes centros de la vida
social local: por un lado, la plaza Ochavada y, por otro, el convento de Santo Domingo.
En el extrarradio se construye en el siglo XIX el
cementerio municipal. Un decreto real obligaba a ello a todos los municipios. Entre el
asentamiento de la necrópolis y la iglesia de las Mínimas se extiende en estos momentos
una amplia zona que empieza a ser ocupada y dará lugar al barrio de El Ejido. La
actividad urbanística, ya hacia la mitad de este siglo, pone en marcha una promoción de
viviendas públicas con la que se crea el barrio de San Antonio. Un nuevo asentamiento al
que da nombre la ermita del siglo XVII en la que se venera a este santo. Sin embargo, esta
actuación se encuadra dentro de una ordenación urbana que se podría calificar de
tradicional dentro del crecimiento de la localidad, puesto que se continúa en las
proximidades de centros históricos de expansión. En la presente década se han
construido en esta zona el pabellón deportivo, el colegio Virgen de Gracia y la
Federación Andaluza de Caza, lo que ha dado un nuevo impulso a su ordenación, puesto que
se han acometido importantes inversiones para mejorar sus infraestructuras y las propias
vías de comunicación de la zona.
Sin embargo, el cambio más radical se ha registrado en lo que se denomina Llano de
Juan de Jaén. Su antecedente más remoto es la desaparecida ermita de San Sebastián. El
barrio se orienta en dirección a Granada, por la carretera que se dirige a la pedanía de
Salinas y al polígono industrial. Las construcciones empiezan a desarrollarse en este
siglo y los conocedores de la ciudad dicen que es el de más futuro urbanístico. Aquí la
ciudad cambia su fisonomía repleta de historia para convertirse en un lugar de calles
anchas y urbanizaciones de corte residencial. En esta zona se encuentra la barriada Manuel
Ortiz, un conjunto de viviendas sociales que se construyeron en los años sesenta, además
del cuartel de la Guardia Civil y del colegio San Sebastián, que cumplió recientemente
sus 25 años de historia. Poca cosa comparado con otras zonas cercanas.
El paso de la carretera de Granada la convirtió en una zona de servicios que
acabó en eclosión urbanística en los años 80 y 90. De los servicios se pasó al
carácter residencial y su expansión ha sido tal que prácticamente se ha unido al
polígono industrial. Sin duda, el urbanismo en Archidona sigue vivo y, mientras se
conservan los hermosos trazados de siglos pasados, la ciudad nueva crece con los dictados
de la modernidad. Todo un viaje en el tiempo que puede realizarse a pie y en pocos
minutos, salvo que se prefiera disfrutar de la historia. |