La historia de Benalmádena va íntimamente
ligada a la del resto de los municipios que conforman la Costa del Sol. Los
acontecimientos vividos a lo largo de todos los siglos se ven afectados por el paso de
aquellas culturas y civilizaciones que a su vez poblaron las localidades malagueñas.
Situada en el corazón de la Costa, cuenta con tres núcleos de población: el Pueblo, la
Costa y Arroyo de la Miel.

Plaza de España de
Benalmádena Pueblo
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La historia de Benalmádena nos muestra la existencia de
sus primeros pobladores desde las etapas finales del Paleolítico Superior, según se ha
podido constatar por los vestigios de antiguas civilizaciones encontrados en su término
municipal; unos restos hallados en algunas de sus múltiples cuevas existentes como la del
Toro, la Zorrera y Los Botijos. En ellas se han encontrado desde pinturas rupestres en las
que se representan un toro acéfalo de ahí le viene la denominación de cueva del
Toro hasta vasijas, cuchillos de sílex, raspadores y otros utensilios y restos
óseos procedentes del Neolítico.
Abierta desde siempre a las culturas más desarrolladas, Benalmádena recibe la
llegada de los fenicios en los siglos VII y VIII antes de Cristo. En esta época se inicia
un intercambio de culturas que se centran en la comercialización y la técnica. Estos
fenicios entran en contacto con los pobladores indígenas de la zona y levantan en la
misma factorías pesqueras y un comercio centrado en los minerales por la riqueza de su
término en hierro y plata.
Los vestigios más importantes de esta época se han hallado durante el presente
año en la zona de Arroyo de la Miel denominada la Era, junto al parque de La Paloma.
Estos restos, fechados, según los entendidos, entre los siglos IV y VI antes de Cristo
demuestran la existencia de las poblaciones indígenas asentadas cerca de la Costa que
fueron posteriormente invadidas por los fenicios.
Entre las colonias fenicias existentes en la Costa del Sol se cita la de
Torremuelle, la de la Era y la de Capellanía. Con la entrada de los cartagineses y
posteriormente de las tropas procedentes del Imperio Romano, Benalmádena, al igual que
otros centros como Malaca (Málaga) o Suel (Fuengirola) fueron potenciados por sus nuevos
pobladores, quienes aprovecharon las anteriores instalaciones pesqueras fenicias como la
de Torremuelle, además de su agricultura con la explotación del olivo, la higuera y el
esparto, y de la miel y la cera. De esta época se hallan importantes restos
arqueológicos recogidos en el libro de Pedro Rodríguez Oliva «La arqueología romana de
Benalmádena», entre los que contempla el yacimiento de Torremuelle con una villa costera
denominada «Villa Mauritania» y en cuyas inmediaciones se encontró en 1951 un mosaico
que se cedió a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, entidad que
posteriormente lo trasladó al patio del Museo de Bellas Artes de Málaga, donde hoy en
día permanece.
Otros restos procedentes de esta época son los hallados en Benalroma, situada
junto a la avenida de Erasa.
Tras estas colonizaciones y después de algunos siglos oscuros para los
arqueólogos y amantes de la antropología e historia, varios autores señalan que
Benalmádena fue integrándose paulatinamente en el mundo musulmán. Será en este periodo
donde los historiadores fechan el origen del nombre de la ciudad. El significado topónimo
de Benalmádena es «hijos de las minas», mineros o de las canteras, por la riqueza de
las explotaciones minerales y canteras de hierro, amianto y ocre existentes en su
territorio; mientras que el de Arroyo de la Miel cuenta con distintas versiones derivadas
de la explotación de las colmenas para la extracción de la miel como comestible o para
la fabricación de jabón.
La localidad estuvo bajo la dominación musulmana 779 años. Aquí los árabes
construyeron una mezquita y una fortaleza ubicada, al parecer, donde actualmente se
encuentra la plaza de España de Arroyo de la Miel. En esta época nacerá en la localidad
uno de los personajes más ilustres de su historia: el botánico y farmacólogo Ibn Al
Baytar (1190-Damasco, 1248).
Antes de la reconquista de la Península por parte de las tropas
castellano-aragonesas, Benalmádena ya cuenta con sus torres almenaras como la de
Torrebermeja, Torrequebrada y Torremuelle procedentes de la época nazarí (1329-1359),
cuya utilidad se basaba fundamentalmente en la defensa y vigilancia del litoral. Estas
serían más tarde remodeladas por los Reyes Católicos para la defensa de la Costa a fin
de evitar la entrada de musulmanes y berberiscos procedentes de Africa.
La reconquista de la Península por parte de las tropas cristianas hace también
mella en Benalmádena; pero será más tarde, en 1491, con los RR. CC. cuando se inicia su
repoblación con el nombramiento del alcalde, Alonso Palmero, vecino de Málaga, a quien
también se le encargó el repartimiento de la ciudad en un plazo de tres años. El
interés del rey en repoblar Benalmádena se debe esencialmente a su situación
estratégica; y para la seguridad de los repobladores manda la reparación de las torres y
del castillo musulmán, mandato que jamás llegó a desarrollarse ante los problemas
económicos generados por las sequías y epidemias. Bajo la vigilancia del corregidor de
Málaga, Juan Alonso Serrano, se empezarán en 1492 a reconstruir Torrequebrada,
Torrebermeja y Torremuelle, llegando los primeros repobladores. Finalmente, el terremoto
de enero de 1494 derribó las ruinas y los restos existentes del castillo musulmán.

Vista
general de Benalmádena Pueblo
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En enero de 1493 Alonso Palmero ha conseguido reunir a 29 pobladores exigidos a
través de una real cédula en la que se contemplaba la exigencia de repoblar Benalmádena
con 30 personas. Se inicia el repartimiento de las fanegas que conforman el término
municipal integradas por parcelas de huertas, secano, bancales e higuerales.
En el siglo XVI se producen múltiples acontecimientos protagonizados por las
luchas y peleas de los vecinos de la localidad por las tierras repartidas, culminando
éste con la crisis de abastecimiento que se hace común en todo el territorio de la
provincia, hechos similares a los inicios del XVII, siglo de mediocre productividad y de
acontecimientos históricos que apenas marcarían pautas en la historia de este municipio
en el que se vive epidemias, sequías y un gran terremoto (1698), acontecimientos que se
reflejan en una población que sufre importantes calamidades en todos los aspectos a pesar
de la entrada del cultivo en la zona de la batata y patata.
Será en este mismo siglo cuando se produce la construcción de la iglesia de Santo
Domingo de Guzmán de Benalmádena Pueblo, cuya fábrica primitiva se levantó por expreso
deseo de Alonso Palmero, mientras que en 1621 se construyó según plano y condiciones
redactadas por el arquitecto Pedro Díaz de Palacios, ampliada por orden del obispo Luis
Fernández de Córdoba. En la actualidad y tras las obras de restauración desarrolladas
queda muy poco de la obra original.
De finales de este siglo datan los primeros documentos existentes sobre la familia
Zurita-Zambrana, propietarios de un gran número de fanegas de Arroyo de la Miel. Será en
el siglo XVIII cuando la localidad será testigo de un importante auge económico y en el
que se recoge un censo poblacional el de Floridablanca en el que se detalla el
número de habitantes, 895.
A finales del siglo XVIII aparece un personaje que cambiará la vida económica de
Benalmádena: Félix Solecio, genovés especializado en la temática de la fabricación
del papel traído a Málaga por la familia Gálvez para la instalación en Macharaviaya de
la Real Fábrica de Naipes. Para la fabricación del papel necesario para las barajas,
Solecio busca un emplazamiento con abundancia de agua para instalar en él las máquinas
hidráulicas de los batanes o molinos de papel, encontrando en Arroyo de la Miel el lugar
idóneo para su iniciativa al existir en el mismo un gran manantial natural denominado
popularmente el «cao»; caudal que recorría la ciudad desde su zona alta hasta la playa.
A finales de 1784, el genovés adquiere el cortijo de Arroyo de la Miel de 12.000
acres de extensión por 258.200 reales de vellón a Pedro Reyes, levantando en un plazo de
seis años toda la infraestructura necesaria para la puesta en marcha de sus seis batanes
con la canalización del agua mediante un acueducto, del que aún queda un fragmento
situado junto al edificio La Habana, situado en la avenida Ciudad de Melilla.
El movimiento generado por las construcciones de los molinos hace que en 1785 se
fundase el Ventorrillo de la Perra; una venta que subsiste hoy en día y que conserva ese
ambiente reinante durante la monarquía de Carlos III, sirviendo por aquel entonces de
parada para los arrieros, cabreros y carreros, quienes allí vendían un amplio surtido de
provisiones.
Solecio cambia la denominación de la zona como el cortijo de San Carlos en honor
al rey Carlos III, construyendo en la misma sus seis molinos, cuatro de los cuales
producían papel blanco y los otros dos de estraza. De estos batanes y de las haciendas
que se construyeron en sus inmediaciones aún queda un pequeño rescoldo denominado por la
población como La Fabriquilla, inmueble situado en la avenida de Erasa. Otros de los
vestigios de los cortijos emplazados en los batanes y fábricas de papel se sitúan en la
actual plaza de España de Arroyo de la Miel, donde aún quedan un arco y otros restos a
la altura del edificio La Tribuna.
Tras cerca de 20 años de lucha al haber creado un imperio al que no pudo hacer
frente por los problemas económicos generados por su ineficacia comercial, los molinos
cambian de dueños que a su vez los vendieron y arrendaron a otros fabricantes, terminando
finalmente en manos de sus obreros, quienes los destruyeron para vender sus materiales
como cobro de los jornales pendientes ante su poca producción por la escasez de agua
motivada por su uso para las tierras de regadío existentes en la zona. La entrada de
Solecio en Arroyo de la Miel marcará una pauta de gran importancia histórica para la
ciudad con la llegada de nueva población procedente de otros pueblos de la provincia.
Durante el siglo XIX y al mismo tiempo de la producción del papel, la agricultura de
Benalmádena será otra de las impulsoras de su crecimiento social en 1857 cuenta
con 1.692 habitantes, comercial y económico por el cultivo y la plantación de
vides necesarias para la producción de la pasa moscatel tan preciada en mercados
extranjeros.
Debido al crecimiento de la producción de la pasa, el
municipio se transforma a mediados de siglo casi en un monocultivo de vides que más tarde
se ven afectadas por una plaga, la filoxera, originando su destrucción y con ello el
empobrecimiento de una población que centraba sus ingresos en este cultivo.
La pérdida de las vides y las epidemias de paludismo, cólera y otras enfermedades
hacen su mella en la población y en su vida comercial al contar en la entrada del siglo
XX con tierras abandonadas y una pobre vecindad.
Esta pobreza de sus gentes y de su economía también se
hará presente hasta la primera mitad de siglo XX en que la vida comercial se basa
fundamentalmente en los productos cosechados en pequeñas parcelas arrendadas.
En los años 30 se iniciará la construcción del Castillo del Bil-Bil. Impulsada
su edificación por parte del matrimonio León y Fernanda Hermann, será el arquitecto
Enrique Atencia el encargado de su redacción y la familia americana Schestrom quien
finalmente lo adquirió y promovió su culminación.
A finales de la primera mitad de siglo también destaca la figura de Carlota
Tettamanzy, propietaria de casi todo Arroyo de la Miel y de una gran superficie que
también contemplaba tierras cercanas al litoral. Vizcondesa de Portocarrero y mujer de
quien fuera marqués de Salamanca de segundas nupcias, esta poderosa señora
situó su palacete en la actual calle Andalucía, un edificio demolido hace apenas un par
de años para emplazar en su lugar el inmueble de la Tesorería de la Seguridad Social. En
su honor y para rendirle un homenaje por el importante papel protagonizado en esta época,
al ser una de las mayores benefactoras con la población, a quien donaba incluso tierras
para emplazar en las mismas sus viviendas, el Ayuntamiento le dedicó la denominación de
una calle, hoy llamada Andalucía.
Poco a poco se van vendiendo el resto de las tierras que ahora conforman el centro
de Arroyo de la Miel a trabajadores, quienes procedieron al levantamiento de sus viviendas
que hoy en día aún persisten tanto en el ala sur de la avenida de la Estación y de la
Constitución como en su margen norte, donde se ubica la zona popularmente conocida como
Carranque, por entonces propiedad de Manuel Martín, quien poseía una gran superficie en
la que se incluían importantes manantiales de agua. Este hombre fue muy popular y querido
entre la población, a la que vendía a bajos precios pequeñas parcelas para que ésta
pudiera desarrollar sus viviendas.
En los años 50 será cuando el Ayuntamiento comienza a recibir las peticiones de
inversores y promotores interesados en construir complejos hoteleros y urbanísticos en la
zona costera y en las inmediaciones de la actual carretera de subida al Pueblo, siendo la
primera de ellas la formulada por Miguel Gálvez del Postigo, quien en 1953 edificó el
hotel Costa del Sol, emplazado en la avenida de Antonio Machado.
A mediados de siglo se inicia el «boom» turístico. Los promotores turísticos
buscaban terrenos en los que prolongar la línea hotelera de Torremolinos. Entre los años
60 y 70 se construyen entre otros muchos los hoteles Riviera, Siroco y Tritón. Con la
entrada en la Alcaldía en el año 66 de Enrique Bolín, Benalmádena tenía una
población que rondaba los 3.000 habitantes.
En la zona costera la primera de las urbanizaciones residenciales que se construyó
fue la Fuente de la Salud, desarrollada a finales de los años 50 por un colectivo de
médicos entre los que se encontraban apellidos como Almansa, Queipo de Llano, Fernández
y Carrillo. De esta época también datan el hotel playa de Santa Ana y La Roca
1964, edificado por Enrique Bolín Bidwell, padre del actual alcalde.
Continúan las edificaciones con la zona de Solymar, los apartamentos Pepita, el
hotel Alay, el San Fermín y el Palmasol, a los que le siguen el resto de los complejos
hoteleros y urbanísticos presentes en nuestros días. Se inicia la construcción del
puerto deportivo, diseñado por Eduardo Oria, y que vio la luz en el año 82 no sin antes
permanecer paralizado durante años por múltiples avatares de sus promotores, que no
fueron pocos.
En Arroyo de la Miel se desarrollan las primeras infraestructuras presentes hoy en
día, mientras que el Pueblo ve su nueva Casa Consistorial, el Museo Arqueológico
Municipal y la instalación, en el centro de la plaza de España, de la estatua de la
Niña de Pimentel para premiar el entonces Festival de Cine de Autor que se celebraba en
el Palacio de Exposiciones y Congresos de Torremolinos impulsado por las autoridades
benalmadenses. Para la elaboración de esta estatua se utilizó como modelo a la hija de
un pescador de Almayate, sobrina de Manolo «El Petaca», que fue el que inspiró a este
autor para elaborar al famoso Cenachero. |