La evolución histórica de Coín se desarrolla a
partir de su antiguo poblado musulmán, lo que permite calificar a su casco antiguo como
un gran barrio del que parte su progresiva expansión. Manantial de luz, paraíso del
agua, centro de actividades de la comarca del Guadalhorce y con el título de ciudad desde
principios de siglo, Coín atrae por su singular belleza e inmejorable ubicación.

Aspecto de la plaza de la
Alameda
en 1968
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Es muy difícil establecer la fecha exacta del origen de
Coín dada la escasez de documentos que certifiquen este dato. Sin embargo, la
estratégica ubicación de la zona, en la que confluyen buen clima y orografía amable,
así como abundantes manantiales de agua permitieron el asentamiento de pobladores desde
épocas muy remotas, como se comprueba con el hallazgo de cerámicas y objetos en los
yacimientos del Cerro de Carranque, el Llano de la Virgen o el Cerro del Aljibe. Estos
objetos cada día adquieren mayor importancia en el municipio, y muestra de ello es la
donación de restos arqueológicos que han realizado los vecinos de Coín al futuro museo,
en el que se expondrán elementos característicos hallados en el pueblo.
Sin embargo, los historiadores coinciden en que la fundación de Coín se produjo
en la época musulmana, concretamente durante la rebelión muladí de Omar ben Hafsum
contra el Emirato de Córdoba (920-921), cuando un personaje de Córdoba reconstruyó un
castillo que toma su nombre, Dakwan (Coín), donde aloja a hombres y pertrechos para
hostigar el enclave de Bobastro, según consta en diversos documentos históricos. La
Ciudad del Cine, ubicada actualmente en un complejo hotelero junto a los llanos del
Nacimiento de donde emana el agua de la localidad, recibe el nombre de la
Reserva de Castro Dacuán, en honor a la antigua denominación.
En el periodo musulmán nace y se consolida la estructura del pueblo de Coín, que
se construyó junto a los cimientos del castillo Castro Dakwan, y que hoy en día
corresponde al casco antiguo las calles que rodean la iglesia de la Encarnación y
el Albaicín, un barrio que albergaría a las personas dedicadas a la cetrería o la caza
de halcones, y de ahí su nombre, que significa «barrio de halconeros». En este
sector, rodeado por la muralla de la fortaleza árabe, se estableció el primer núcleo de
población de cierta envergadura, que con el paso del tiempo puede ser considerado como el
primer barrio.
Durante los cinco siglos que permaneció la ocupación musulmana, la principal
actividad económica era la agricultura, fuera de las murallas del castillo, así como el
aprovechamiento del agua, muy abundante en la zona, a través de los molinos, muchos de
los cuales se han mantenido en la localidad hasta hoy día aunque han introducido la
electricidad, y que han dado nombre a una de las calles, de los Molinos. La
importancia del agua y la fertilidad de los campos del municipio constituyen dos elementos
indisociables del Coín moderno, y reclamo turístico de primera magnitud. Concretamente,
los lemas de la localidad son «Paraíso ameno» y «Manantial de luz».
La perenne presencia del líquido elemento también se traduce en la importancia
que los vecinos de Coín confieren al Nacimiento, que es el lugar donde emana el agua que
se suministra a la localidad y a los principales partidos rurales. Durante las épocas de
sequía, la mayor preocupación de los ciudadanos es que la piedra de la que nace el agua
no se seque, incluso existe la leyenda de que si se moviese esta piedra, ya no saldría
más agua de este manantial. Este lugar emblemático está siendo actualmente objeto de
una gran reforma para su conversión en parque de recreo. Así, se está construyendo un
lago artificial y se ha proyectado acondicionarlo como ribera de río natural.
VINCULACIÓN CON EL AGUA.
También la abundancia de molinos que se constituyeron aprovechando la fuerza motriz de
los ríos de la localidad da fe de la enorme vinculación de este pueblo con el agua. En
tal sentido, en el Archivo de Burgos de 1754 consta la existencia de 18 molinos de pan,
unos movidos por el río de la Villa y otros por el río Pereila.
La reconquista cristiana, que tuvo lugar en el año 1485, ocasionó la destrucción
de la villa, por mor de la fuerte resistencia que opusieron los vecinos de la localidad. A
partir de 1487 comenzó la repoblación, que se llevó a cabo a través del sistema de
repartimiento, por expreso deseo de los Reyes Católicos, que pensaban que de esta forma
se constituiría una comunidad de campesinos autosuficientes. En ese momento también
comienza la habilitación de templos religiosos, con el objeto de difundir la religión
católica a los nuevos pobladores. Estos monumentos han sido también vías de expansión
de la localidad, ya que se ubicaron en las afueras del municipio y en breve formaron parte
de él.
La antigua mezquita de Dakwan fue la sede de la primera iglesia de Coín, Santa
María de la Encarnación, pero pronto se quedó pequeña, por lo que la reina Isabel la
Católica remite desde Jaén una carta en el mes de octubre de 1498 para ordenar erigir la
iglesia de San Juan en un solar del castillo musulmán, convirtiéndose en parroquia en el
año 1505, según consta en la «Historia de Coín» del historiador local Roque Naranjo.
La solemnidad de este templo lo ha convertido en uno de los más grandes de la
provincia que, además, alberga numerosas imágenes que despiertan gran devoción entre
los vecinos. En este sentido, la Virgen de la Fuensanta, Patrona del municipio, está en
la iglesia durante todo el año, y en el mes de mayo se traslada a la ermita, en el
partido rural de Pereila. Antiguamente, la imagen permanecía durante todo el año en su
templo, y devolver al pueblo de Coín esta tradición se ha convertido en uno de los
principales objetivos de la Hermandad de la Virgen de la Fuensanta.
Cada año, el primer fin de semana de julio, miles de vecinos de Coín, personas de
la localidad que residen fuera y en municipios cercanos acuden a la romería de la Virgen
de la Fuensanta, en la que cientos de carretas y carrozas ataviadas típicamente realizan
un largo recorrido para visitar a la Patrona. Después de toda una noche en la que la
ermita no llega a estar nunca sola, porque todos quieren acompañar a la imagen durante la
única noche en que pueden estar con ella sin límite de tiempo, se inicia el viaje de
vuelta, en el que una carroza guiada por bueyes porta a la Virgen, que es recibida en la
entrada del municipio en loor de multitudes.
CONVENTOS Y ERMITAS.
Asimismo, se fueron creando conventos en las afueras del pueblo, por lo que de esta forma
se fue extendiendo la primitiva estructura viaria. El primero de ellos fue el de Nuestra
Señora de los Ángeles, ubicado a unos tres kilómetros de Coín, que acogió a la orden
de los Trinitarios Calzados a partir de 1505, concretamente a dos monjes, fray Tomás y
fray Diego, que prestaban asistencia en la Casa de Hospedería de la localidad, ubicada
junto a la ermita de la Vera-cruz, ubicada en una plazuela frente a la calle de la Cruz.
Con motivo de la sequía que azotó la zona en 1572, los monjes abandonaron su convento, y
el obispo de Málaga, Diego Martínez de Zarzosa, les cedió una nueva sede junto a la
Hospedería, la ermita de la Vera-cruz.
Recientemente se ha restaurado la única parte que se conserva del convento, la
torre triangular, que junto con la de la parroquia de Archidona constituyen dos ejemplares
únicos en nuestra provincia. Además, la singularidad que lo caracterizó le ha
convertido en uno de los monumentos emblemáticos del municipio, hasta el punto de que en
su restauración han colaborado asociaciones y vecinos de Coín.
En 1541 se fundó el convento de los Agustinos en una ermita ubicada en el camino
de Málaga, que fue construida donde se ubica actualmente el parque de San Agustín. De
esta plaza partían dos de las calles principales del pueblo, la Feria y la Caridad, de la
que posteriormente comenzarían a partir nuevas vías que permitirían el crecimiento de
la villa. Esta última debe su nombre al Hospital de la Caridad, fundado en 1520 por deseo
de los Reyes Católicos donde se ubicaba la iglesia de San Andrés. Este edificio aún se
conserva y actualmente es sede del Juzgado de Instancia número 1 de Coín. Existió
también a las afueras del pueblo la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza.

El ferrocarril llegó a Coín
en 1912 y fue agogido con ilusión por los habitantes
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En esta época, Coín formaba parte de la jurisdicción de
Málaga y estaba gobernada por dos alcaldes subordinados al de la capital y seis
regidores, que eran elegidos anualmente. A pesar de que se llevaba a cabo un sistema
democrático en la elección de los oficios capitulares, éste quedó roto por la
«dualidad de oficios», según consta en el «Catálogo-inventario de los fondos del
archivo municipal de Coín», de Bartolomé García. Esta situación muestra la división
de clases en el municipio, ya que los hijosdalgos, que descendían de los escuderos que se
asentaron en la repoblación, eran regidores perpetuos, mientras que los plebeyos o
pecheros, campesinos acomodados, eran elegidos cada año. Este sistema no desapareció
hasta principios del siglo XVII, al igual que la dependencia de Málaga, ya que Coín
compró la jurisdicción para eximirse de la capital.
En esta época ya se ha consolidado el nuevo mapa viario de la localidad, que se
ubica junto a la iglesia de la Encarnación (calle Caridad, plaza de Santa María,
plazuela de San Andrés y de la Luna), así como en vías perpendiculares con la calle la
Feria, que conecta con los conventos de los Trinitarios y de los Agustinos. En los siglos
XVII y XVIII, el Cabildo establece los oficios o gremios, que dieron origen a la
denominación de numerosas calles de la villa, como Zapateros (donde se ubica actualmente
el mercado) o Panaderos (en la calle Cachitos).
En la historia de Coín hay que resaltar las figuras de los obispos de Málaga que,
atraídos por el clima, la abundancia de agua y la fertilidad de sus tierras, eligieron la
localidad como lugar de descanso, a la vez que dejaron su huella mediante la cesión de
las principales fuentes del municipio, que son un elementos característico de la villa,
así como el Palacio Episcopal.
Bernardo Manrique fue el que construyó este edificio a mediados del siglo XVI.
Juan Eulate y Santa Cruz (XVIII) costeó las fuentes de las plazas Alta (actual Alameda) y
Baja (Bermúdez de la Rubia) esta última ha desaparecido, la del Palacio
Episcopal también desaparecida, la de la plaza de Santa María que
inicialmente estaba ubicada en el convento de las monjas de la Encarnación y la de
la ermita de la Fuensanta. Vicente de la Madrid (XIX) mandó construir la carretera
Coín-Cártama.
Durante los siglos XVIII y XIX el trazado de la villa se mantuvo inalterable,
aunque comenzaron a perfilarse las zonas de la localidad. En este sentido, los nobles se
instalaron en las cercanías de la plaza de Santa María, plaza Alta y en la calle de la
Feria. Muestra de ello son las viviendas que aún se conservan en estas zonas, como la que
albergaba la entidad bancaria de Banesto, que fue edificada en el siglo XVIII y que
incluye una forja en sus balcones de enorme singularidad.
Una asociación local, de nombre Procure, interesada en la protección del casco
antiguo y en la conservación de edificios propios del municipio, ha colaborado en la
restauración de la Torre de los Trinitarios, se preocupa de que las calles mantengan sus
aceras originales realizadas con el mármol de las canteras de la villa, así
como del mantenimiento del trazado árabe del casco antiguo.
Según el «Diccionario de España», de Pascual Madoz, en la zona de los Llanos se
hallaba una de la que se extraía mármol blanco y azul, que dirigía y explotaba Juan
Gómez. Asimismo, el oficio de los picapedreros, relacionado con la profesión, también
fue de considerable importancia en la localidad, extrayendo piedras de cantillo. Cuentan
los mayores que hubo un tiempo en el que no tenían demasiado trabajo, por lo que ocuparon
su tiempo picando las aceras de las calles, que en los días de lluvia ocasionaron algún
que otro accidente por lo resbaladizo de su superficie.
El Ayuntamiento de Coín se ha interesado por la difusión popular de la historia
del municipio a través de la instalación de mosaicos en lugares emblemáticos de la
localidad. En este sentido, recientemente se han colocado dos azulejos que reflejan la
conquista cristiana y la fortaleza musulmana. En breve se instalarán más mosaicos.
TRANSFORMACIÓN. Pero es
en el siglo XX cuando se produce la mayor transformación del municipio de Coín, incluso
adquiere el título de Ciudad con el reinado de Alfonso XIII. En 1912 se inaugura el
ferrocarril de Coín a Málaga, que dio un nuevo impulso a la economía local. Este hecho
entusiasmó a los vecinos, que vieron en este medio de transporte una vía hacia el
progreso. Más tarde apareció el transporte por carretera. Existe una simpática
fotografía que muestra el choque que se produjo entre los dos únicos coches que había
en el municipio.
Con la guerra civil, el nombre de numerosas calles cambió. Así, a la calle de la
Feria se le pone Generalísimo Franco; a la Alameda, General Aranda, o José Primo de
Rivera a la plaza Escamilla. A partir de la década de los 40 el pueblo se fue
extendiendo, dado que la gente vive principalmente alejada del casco antiguo. Esta
expansión se produce en forma de estrella, dado que del núcleo central, donde se ubicaba
el antiguo castillo musulmán, parten las nuevas vías. Comienzan a habitarse las zonas de
las Casas Quemadas, las calles Málaga, Manuel García, Jacinto Méndez, los Ángeles,
Toledillo, Puerto de la Villa, Barranquillo de las Monjas, Gallardo o Matadero. Asimismo,
se construyeron calles más anchas, propias de una cuidad del siglo XX, pero en
convivencia con el Coín de vías estrechas y sinuosas que tanto gustan a los
visitantes... y a los nativos.
Muestra de ello es la construcción de casas de promoción
pública, a las que accedieron muchos vecinos de la localidad. Las casas de la calle
Urbano Pineda, Pozo Solís y Pedro González Domínguez son un claro ejemplo de estas
construcciones. A esta zona se trasladó el Juzgado de Coín, que posteriormente ha sido
traspasado al Hospital de la Caridad. También comenzaron a edificarse algunas de las
urbanizaciones El Rodeo, Miravalle, Las Flores y Las Palmeras.
CRECIMIENTO POBLACIONAL.
Esta expansión urbanística se tradujo en un crecimiento poblacional, que se refleja en
los datos del censo. Desde la década de los 50 hasta los 90, Coín llegó a superar los
20.000 habitantes, por lo que se constituyó en la localidad más poblada de la comarca
del Guadalhorce. Esta situación permitió vivir unos años de gran productividad
económica, con la proliferación de la construcción y la agricultura.
Esta última se aprecia en la enorme actividad del mercado de mayoristas, que hoy
aún sigue siendo utilizado, aunque ya está proyectada la construcción de un recinto
nuevo en las afueras del municipio, concretamente en el partido rural de la Trocha, que se
constituirá en una importante zona de expansión gracias a las nuevas carreteras que
pasarán en un futuro (carretera del Arco).
Esta vía permitirá conectar a Coín con Málaga y Marbella en escasos minutos,
por lo que los vecinos de Coín confían que esta situación repercuta de forma positiva
en el municipio. Sin embargo, a partir de los 90 la población comenzó a decrecer y
actualmente se registran menos de 18.000 habitantes.
Los proyectos de futuro de Coín son devolverle la importancia de antaño, cuando
era punto estratégico de la comarca del Guadalhorce. Pero una modernidad ordenada,
compatible con el sabor de la antigua Dakwan, y que siga sirviendo de reclamo turístico
de miles de personas que la visitan cada año. |