El conjunto que armonioso de vegetación y
arquitectura forma hoy el Parque con nuestra Alameda Principal fue el resultado de
oportunísimas previsiones que en distintos momentos se dieron en la ciudad. Dichas
previsiones concluyeron con el tiempo en la más vistosa arteria este-oeste que hizo
posible, a su vez, la extensión de la urbe hacia el territorio de su vega natural.

Idílico, el Parque es un
espectáculo para
los sentidos.
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El día 5 de septiembre de 1896, en San Sebastián, donde
la familia real veraneaba, la reina regente doña María Cristina de Habsburgo-Lorena,
madre de Alfonso XIII, firma una R. O. del Ministerio de Fomento, en aquellos días regido
por Aureliano Linares Rivas. Con su firma estampada al pie del mismo, se hacía público
un decreto de las Cortes para determinar, «por los trámites reglamentarios, los nuevos
muelles del puerto de Málaga», para lo cual se ponía en conocimiento de nuestro
Ayuntamiento tan importante resolución.
De los siete artículos de que constaba la R. O., era el tercero de ellos el que
enfatizaba acerca de una importantísima iniciativa que no sólo daría definición al
puerto malagueño, sino que permitiría, al ganar nuevos espacios a las cercanas aguas del
mar, la creación de nuestro espléndido Parque:
«Será condición indispensable del proyecto, en cuanto se refiere a los terrenos
del muelle del marqués de Guadiaro, que se prolongue la Alameda Principal con toda su
latitud hasta el Paseo de la Farola, destinado además a jardines la faja resultante entre
la prolongación de la línea actual de fachadas del lado Sur y la zona de servicio, así
como los espacios que queden entre la prolongación del lado Norte y las fachadas actuales
de la Cortina del Muelle».
Un siglo y tres años más tarde de la firma del repetido documento debemos
lamentar los malagueños de hoy la desafortunada negativa de la Junta de Obras del Puerto
de permitir al Ayuntamiento acomodar el proyecto a sus antiguos deseos, ya expresados por
la corporación municipal de 1879-80, para dejar aislada la Catedral y liberarla de las
históricas adherencias arquitectónicas, tapones y barreras que ya ocultaban su
monumentalidad esplendorosa.
CÁNOVAS DEL CASTILLO. En
el último tercio del siglo XIX la Restauración y el propio Antonio Cánovas del Castillo
como gran árbitro de la política española significaron mucho para Málaga. Quizá el
propio puerto local y el mismísimo Parque no hubieran sido hoy realidad si tan decisorio
personaje no hubiera estado al frente de los destinos políticos de España. Bien es
cierto que don Antonio, cada vez que se le anunciaba la visita de una comisión de sus
paisanos, solía ponerse en guardia respecto a sus peticiones. Pero la verdad fue que
Cánovas, en este proyecto, intervino de la forma más entusiástica. El estadista y
malagueño comprendió desde el principio la magnitud de la obra y su incidencia en todo
el ámbito de la vieja marina local.
Por lo explicado, con la Restauración y la llegada a la cumbre política de don
Antonio, la ciudad tiene en Madrid a una persona que, de vez en cuando, sabe escuchar a
los patricios malacitanos. Y en uno de los proyectos en los que el ladino político
intervino de forma más decidida fue en el de la creación del Parque, hoy verdadera joya
floral y pulmón ciudadano cerca de las aguas portuarias.
La situación del centro de la ciudad y de, forma muy concreta, la plaza y Acera de
la Marina eran entonces ámbitos de los que se había apoderado la actividad de nuestro
puerto. Tan así era que existía una enorme explanada entre el paño de casas de la Acera
de la Marina, la propia plaza y el límite del puerto sobre la que constantemente se
faenaba, sirviendo, al mismo tiempo, de territorio para almacenar y descargar las
mercancías
Ante tal situación, era lógico que las autoridades municipales apetecieran la
transformación de la zona. Las aguas de los muelles del momento rompían casi al pie de
la Aduana y seguían por Boquete y Cortina del Muelle hacia Alcazabilla y Puerta Oscura.
Con ello se quiere indicar que las aguas llegaban al límite de lo urbano, sin más
barrera natural que las propias calles en planos superiores, como era el caso concreto de
Cortina del Muelle y Haza Baja de la Alcazaba.
Necesitaba el puerto, por tanto, constituirse en bastión independizado, por lo que
el proyecto contenido en la R. O. de 5 de septiembre de 1896 consistía en rellenar un
enorme espacio de agua del puerto. Al principio no se tuvo en Málaga verdadera conciencia
de las posibilidades que tal iniciativa podría representar respecto a la urbe; sin
embargo, a medida que se comprobó la forma en que se ganaba terreno al mar y el
formidable relleno que quedó entre la plaza del Hospital Noble y la de Augusto Suárez
Figueroa (hoy plaza de la Marina), la gente percibió que algo muy importante
semejantemente a lo que había protagonizado cinco años antes con la inauguración
de calle Larios estaba a punto de producirse.
CASA LARIOS. Cuando el
relleno se consigue totalmente y ya puede hablarse de la inminencia del Parque, la Casa
Larios hace ofertas de colaboración para que el proyecto alcance la deseable factura
estética. Hay que tener presente que «la Gran Casa», como en nuestra ciudad se llamó
al palacio de esta familia, tiene interés en que el nuevo centro ciudadano que ya se
imagina quede suficientemente dignificado. La razón es obvia: la casa-palacio de los
Larios se halla al comienzo de la Alameda Principal justamente en lo que será
prolongación natural del Parque con la Alameda. Como, por otra parte, el II marqués
había fallecido al comienzo de 1896 y se hablaba ya de erigirle un monumento frente al
palacio familiar, se consolida la idea de que el obelisco se sitúe justamente en la
rotonda que enlazará Parque y Alameda Principal a través de la plaza de la Marina.
La idea de los Larios llevó un título tan barroco como el propio proceso que se
hubo de seguir hasta su total culminación: «Proyecto de urbanización de los terrenos de
la Haza Baja de la Alcazaba, prolongación de la Alameda y establecimiento de un parque en
los solares ganados al mar delante de la Aduana».
DEMARCACIÓN. Relata el ex
archivero municipal Rafael Bejarano Robles en uno de los capítulos del libro «Cien años
del Parque de Málaga», de muy reciente aparición, que «aunque por los primeros días
de enero de 1897 ya se tuvo noticias, por el ingeniero de la Junta del Puerto, de manera
oficiosa, de que se había realizado la demarcación, confirmada después, hacia los
primeros días de febrero, por un telegrama de don Francisco Bergamín y García, hasta el
día 25 de dicho mes no se recibe la esperada comunicación oficial». Sería un día
después cuando la corporación municipal tendría acceso al escrito del Gobierno Civil de
la provincia que comunicaba al alcalde lo resuelto definitivamente por el Gobierno.
«1.º Aprobar el referido proyecto de determinación y distribución de la zona de
servicio de los muelles del puerto presentado por esa Junta de Obras y estudiado por el
ingeniero director de las mismas don José Valcárcel y del Castillo, según se detalla en
la hoja 4.ª de los planos.
2.º Prevenir a esa corporación que a la mayor brevedad se haga el estudio y
proyecto detallado de los medios auxiliares que exige la explotación de los muelles en el
estado de su tráfico actual y
3.º Que en cumplimiento del artículo 1.º de la Ley de 5 de septiembre de 1896 se
comunique al Ayuntamiento de esa ciudad la aprobación del proyecto para los fines de
dicha ley».
Tales disposiciones las firma el propio don Antonio Cánovas del Castillo, que, con
evidente seguridad, quiso, con su firma, dar a entender a todo el mundo que el malagueño
estaba detrás y atentamente vigilante de cuantas actuaciones se estaban
realizando y de cuantas otras distintas se pudieran llevar a cabo en el futuro.
Es, que se sepa, la única orden firmada por el político malagueño en relación a
la construcción del Parque, toda vez que en el verano siguiente, cuando descansaba en el
balneario de Santa Águeda (Guipúzcoa), el anarquista italiano Michele Angiolillo lo
asesinaría de varios disparos el 8 de agosto del mismo año.
EXORNO FLORAL. La
decoración del Parque fue, obviamente, el resultado de muchos trabajos
interdisciplinares, pues una vez dispuestos los terrenos ganados al mar se hizo preciso
dotarlos de suficiente arboleda y jardinería que dieran carácter de parque público al
atractivo pulmón ciudadano del centro urbano. La repoblación se llevó a cabo, en primer
lugar, en los andenes laterales, es decir, los más próximos a la Cortina del Muelle y
del paseo de Cintura del Puerto «o de los Curas», como muy pronto comenzaron a llamarle
los malagueños; más tarde, y poco a poco, se fueron delimitando los jardines propiamente
dichos, así como los placenteros recintos para la lectura o descanso de las gentes a la
sombra de su vegetación. Se trazaron igualmente parterres, macizos vegetales y se
instalaron bancos de obra revestidos de azulejería publicitaria de los importantes
comercios malagueños, y glorietas y obeliscos en memoria de distintos malagueños
ilustres: Salvador Rueda, Narciso Díaz de Escovar, Rubén Darío, Arturo Reyes y
Cánovas, cuya escultura se trasladó posteriormente al comienzo de la avenida que lleva
su nombre al final del Parque.
El más importante adorno del Parque fue, desde su misma creación, la famosa
fuente de las Tres Gracias, de A. Durenne que desde la plaza de Augusto Suárez de
Figueroa fue trasladada a la plaza del Hospital Noble, y la muy antigua fuente de
Génova, que desde el bulevard peatonal de la Alameda Principal se llevó a la última
glorieta del Parque en 1927.
El Parque, como obra, nunca acabó de hacerse y siempre se está haciendo. Las
diferentes corporaciones municipales que han regido nuestro Ayuntamiento desde 1896 se
esforzaron sin duda alguna en mejorarlo, de manera que en cada época se realizaron
actuaciones de importancia para aumentar su estética. Quizá de las más importantes
llevadas a cabo en los últimos ochenta años sea justo destacar el propio palacio
municipal, el edificio del Banco de España y la antigua central de Correos, y en cuanto a
su exorno floral vecino, los jardines de Pedro Luis Alonso, el paseo de España colindante
con el de los Curas, la pérgola de la Música y el estanque de los Cisnes. Últimamente,
con ocasión del primer siglo de existencia del Parque, se restauraron distintos elementos
que por vandalismo o falta de cuidados habían sufrido daños, como es el caso de la
biblioteca con adornos cerámicos que se hizo instalar hacia la mitad del decenio
primorriverista en los años veinte.
También, con motivo de la centenaria conmemoración, se han vuelto a instalar
a imitación de los primitivos bancos de piedra revestidos de modernas
azulejerías, algunos de los cuales llevan versos de poetas malagueños, obsequio al
Ayuntamiento por parte de comercios, entidades y empresas locales.

Paseo central de los años 20
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RECINTO FERIAL. El Parque
fue atractivo recinto ferial en numerosas ocasiones. La primera vez que el entonces solar
de los actuales jardines de Pedro Luis Alonso prestaron escenario para una manifestación
ferial fue en 1924, cuando se celebró la Exposición y Feria de Muestras. A través de su
lucido y bien costeado montaje se presentó por vez primera una visión del trabajo, la
historia y el arte en Málaga. Se inauguró la noche del 17 de agosto del expresado año
con asistencia de Rafael Benjumea Burín, conde de Guadalhorce, que había sido designado
presidente de la Junta Permanente de Festejos, encargada de su organización y montaje.
También estuvieron presentes el llamado «gobernador cívico-militar», general Cano
Ortega, y el alcalde, que entonces lo era el famoso médico José Gálvez Ginachero.
En el lujoso catálogo que de tal evento editó el Ayuntamiento el escritor y
académico Salvador González Anaya hizo unos atinados comentarios acerca de los
materiales que en la misma se exhibía, poniendo énfasis en que muchas de las obras de
arte que figuraban salían por vez primera del Museo Provincial de Bellas Artes y del
tesoro catedralicio.
Pabellones dedicados a la industria y al comercio malagueños, al sector de los
oficios y la artesanía e incluso el tema del turismo ocuparon no pocos espacios en ella.
Fue realmente espléndida la citada exposición en cuanto a la presencia de las bodegas
malagueñas, entonces florecientes y con una actividad exportadora ciertamente notable.
En el mismo lugar ya realizados los jardines «colgantes» de Puerta Oscura
por el arquitecto Guerrero Strachan Rosado y muy crecidos los más próximos al
Ayuntamiento se celebró la I Feria Industrial de Málaga, llevada a cabo en el
segundo mandato de alcalde de la ciudad de Pedro Luis Alonso Jiménez, final de los años
cincuenta.
Durante decenios pasados, el Parque acogió batallas de flores y confetis durante
los carnavales, acontecimientos deportivos ciclismo, motociclismo, carreras
pedestres y ferias de agosto, que por vez primera las popularizaron realmente al
acercar a la ciudadanía un acontecimiento que tradicionalmente se celebraba en
Martiricos.
PASEOS POR EL PARQUE. Tal
como José Antonio del Cañizo ha insistido en los varios libros y nutridos artículos que
ha escrito sobre el Parque, nuestro venturoso jardín no es cuestión de un único paseo,
sino de varios. Y, en efecto, así quiera el paseante conocer las distintas variedades de
plantas y flores que en él existen hay que tener presente la época del año en que
dichos paseos se realicen así tendrá que elegir, en la seguridad que quedará
asombrado de su cantidad y variedad.
Durante la estación de los fríos veremos el pascuero o estrella de Navidad. Es
planta, como nos dice dicho autor, originaria de México y América Central, que compite
en belleza y color con la «Strelitzia reginae» o ave del paraíso, de procedencia
sudafricana. La variedad gigante, «Strelitzia nicolai», es mucho más alta que la
primera y también tiene su abundante representación en el mismo ámbito. De África se
encuentran igualmente áloes, clivias, calas de Etiopía y dombellas, por citar las más
sobresalientes y conocidas especies.
En lo que se refiere a la estación primaveral, cuando estalla de color y aroma
todo el recinto poniendo en guardia los sentidos, el mismo autor destaca, entre otras
especies algunas de ellas infrecuentes en otros parques, el celindo, los
rafiolepis, el senecio o planta de los vilanos, la grevillea o zosle plateado australiano,
el braquiquitón o árbol de lade llama, la platanera, el acanto y el membrillero del
Japón.
Ciento seis años ha cumplido el Parque malagueño, el verdadero jardín de nuestra
urbe. Situado junto al mar en terrenos que a él se ganó con decisión, hoy es una de las
grandes metáforas de nuestra ciudad. |