La Fortaleza de Vélez-Málaga marcó durante la
dominación árabe la evolución urbana de la ciudad, una de las más importantes del
reino nazarí entre los siglos XIII y XV. El crecimiento demográfico que registró la
comarca en este periodo dio una gran relevancia a la Axarquía. Hoy, el municipio, que
ostenta la capitalidad de la comarca, se ha convertido en uno de los más significativos
de la provincia.

Vista de la calle Federico
Vahey en
los años 60, con la torre de San Juan
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Los orígenes de Vélez-Málaga no parecen muy claros. Hay
autores que apuntan la posibilidad de que a un primitivo asentamiento ibero se uniera
posteriormente otro fenicio. También se han encontrado restos romanos. Pero lo que es
incuestionable es que los 776 años de presencia árabe en la ciudad han dejado huella.
Ibn Batthutha se refirió a Vélez como una «bella ciudad, con una portentosa
mezquita. En el lugar se dan las uvas, frutas e higos igual que en Málaga». El Idrisí
afirma que era un pueblo o castillo fortificado sobre el mar, y albufera que era una
ciudad rica y la mejor de la amelía de Málaga.
Vélez-Málaga se organizó en torno al castillo. El aspecto que presentaba, según
una reciente guía editada por el Ayuntamiento de la capital de la comarca en un intento
de fomentar el conocimiento de sus edificios de interés histórico-artísticos, sería la
de una ciudad no muy grande, bien fortificada y defendida por un importante recinto
amurallado. Junto al castillo se adosaba la medina, la ciudad propiamente dicha, que hoy
podría corresponder a La Villa, un barrio de calles estrechas cuya estructura y
distribución está condicionada por lo accidentado del terreno.
En el siglo XIV Vélez-Málaga tuvo bajo su jurisdicción a Torre del Mar,
Alcaucín, Bentomiz, Iznate, Almayate, Macharaviaya, Canillas de Albaida, Canillas de
Aceituno y Corumbela, entre otros poblados desaparecidos en la actualidad.
Para Francisco Javier Quintana, autor de un estudio sobre la «Evolución
histórica y urbana de Vélez-Málaga», la mezquita, que ocupaba el solar sobre el que se
levanta la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, la denominada plaza Roja, que
podía tener funciones comerciales, y la calle Real de la Villa, como único eje viario
medular, «parecen ser los elementos urbanísticos que vertebraron de algún modo aquel
conjunto aparentemente caótico y que, por lo demás, constituye el rasgo definitorio de
las medinas musulmanas».
La creciente presión de los cristianos durante la época
hace pensar que el espacio estaba totalmente ocupado y que la población era notable,
provocando que se desbordara el recinto amurallado de la Fortaleza, comenzando la
configuración de los denominados arrabales, o, lo que es lo mismo, que empezaran a surgir
los barrios del Arroyo de San Sebastián, ubicado al este del castillo; el de la plaza de
la Constitución, el de San Francisco, llamado por los cristianos arrabal de Santiago, y
también el de la zona del Pajarillo, en la falda del Cerro de los Remedios.
De cualquier manera, la medina estaba protegida por un segundo cinturón de
murallas y torres que marcaban los límites de la ciudad con cuatro puertas, aunque sólo
dos de ellas se conservan actualmente: la puerta Real de la Villa, en la plaza de la
Constitución, que exige una actuación de conservación, y la puerta de Antequera, que da
a la calle Salvador Rueda, conocida popularmente como calle Coronada y que también
presenta un aspecto de gran descuido.
Este segundo cinturón de murallas es perfectamente visible en la zona comprendida
entre la plaza de la Constitución y calle de Las Tiendas. La recuperación de los paños
y cubos de la muralla situados detrás de las viviendas, desde la esquina de la puerta
Real de la Villa hasta la zona del camarín de la Piedad, es uno de los objetivos y
proyectos del Ayuntamiento, aunque ello exige acuerdos puntuales con los propietarios de
las casas y las distintas administraciones desde el momento en que se trata de una
actuación bastante compleja y costosa.
No obstante, la plaza de la Constitución, el paño de muralla situado justo
enfrente del actual Centro de Día de Mayores, que se edificó sobre el solar de la
antigua cárcel municipal, y el paño recientemente descubierto detrás del antiguo
edificio de la OJE son claros ejemplos del segundo cinturón de murallas que rodeaban la
medina.
A partir de la conquista por los Reyes Católicos el modelo de ciudad cambiaría
profundamente. Los cristianos basan su concepto de ciudad en la ordenación de plazas
públicas, edificios civiles y religiosos.
Una vez conquistado Vélez, la repoblación se convirtió en el primer objetivo de
los reyes. Se favoreció la afluencia de inmigrantes, se repartieron los bienes dejados
por los musulmanes y se establecieron las bases de una organización en la vida
comunitaria. Había que asegurar la conquista. Además, Vélez-Málaga se convierte pronto
en un lugar atractivo para cristianos viejos y asentamiento de los combatientes, justicias
e inquisidores.
Según escribanos del repartimiento, el inventario de la ciudad en 1487 era de 646
pares o viviendas que debían ser repartidas, de las que 203 se encontraban en mal estado.
Había cuatro hornos de pan en la ciudad y tres en el arrabal. Las tiendas se ubicaban en
el arrabal. Existían tres molinos de pan en el río de Vélez y nueve en el de Algarrobo.
También se habían contabilizado cuatro molinos de aceite y una casa de baños, que fue
donada al secretario Hernando de Zafra, y cinco tenerías en las que se curtían las
pieles.
El mismo inventario contabilizaba 1.642 fanegas de 666 estadales (medida de
Córdoba. El estadal constaba de tres varas y dos tercios cuadrados), 364 fanegas de 66
estadales de tierras de riego, alrededores de unas 189 aranzadas (medía aproximadamente
una fanega) de 400 estadales, y 7.580 aranzadas de 400 estadales de viñas, almendral,
higueral y olivar.
CONQUISTA. En 1487, el rey
Fernando inicia la campaña de la toma de Vélez-Málaga. Además de ser una zona rica,
por sus costas los nazaríes podían recibir ayudas desde África. Unos 50.000 hombres a
pie, artillería pesada y 12.000 a caballo formaban parte del cuerpo del ejército, lo que
habla por sí mismo de la importancia que la ciudad tenía para los Reyes Católicos.
Vélez, por mediación de su alcaide Abul Kasim Venegas, se rindió el 17 de abril de
1487.
En la conquista de la ciudad participó personalmente el propio rey Fernando, lo
que condicionó posteriormente el escudo de la ciudad. En una salida por sorpresa que
realizaron los veleños, el rey fue sorprendido sin armadura y se dispuso a la lucha. La
rápida acción de un palafrenero, Sebastián Sánchez Pelao, evitó que el rey acabara
sus días en aquella escaramuza, ya que al ponerse delante de don Fernando impidió que
una lanza atravesara a Su Majestad.
Este suceso aparece reflejado en el escudo y pendón de la ciudad por decisión de
la reina Isabel la Católica en reconocimiento a aquella gesta. Lo ocurrido en la
conquista quedaría, asimismo, reflejado en la construcción de una ermita, la de San
Sebastián, en el arrabal del mismo nombre.
La ermita se conserva en bastante mal estado, ya que se ha estado utilizando desde
hace años como corral. Recientemente, desde el área de Cultura del Ayuntamiento se ha
solicitado al Obispado la titularidad de la ermita para intentar gestionar su
recuperación y restauración.
El repartimiento trajo consigo un cambio importante en la ciudad. Los cristianos o
colonizadores necesitaban viviendas más grandes, por lo que hubo que agrupar muchas de
ellas, ya que las casas de los musulmanes eran demasiado pequeñas.
Algunos autores señalan que incluso se favoreció la expansión de los arrabales.
Una de las zonas que más crecimiento pareció registrar fue la del barrio de San
Francisco. Junto al monasterio se irían construyendo viviendas de trabajadores, artesanos
y comerciantes. Algo similar ocurriría también en la zona de San Juan y el antiguo
Ayuntamiento, donde también se ubicaría el Pósito, cuya estructura aún se conserva y
que durante muchos años fue utilizada como dependencia de Correos. Se trata de un
edificio de dos plantas que se construyó en el siglo XVIII.
La implantación en el municipio de las distintas órdenes religiosas provocaron
una nueva estructura de la ciudad.
Francisco Javier Quintana expresa en su estudio sobre «La evolución histórica y
urbana de Vélez-Málaga» que entre 1561 y 1804 la población veleña se cuadruplicó y
que dicho crecimiento tuvo que determinar el crecimiento de la ciudad. «Ante la ausencia
de investigaciones documentales sobre este tema no nos atreveríamos a especular sobre un
posible desarrollo urbano al oeste de la calle Salvador Rueda hacia la plaza de Las
Indias. El triángulo conformado entre la calle de Las Tiendas, Romero Pozo y el convento
de Jesús, José y María comenzaría a rellenar los espacios aún vacíos. Por último,
el primitivo arrabal de San Francisco proyectaría sus tentáculos hacia el sur hasta
alcanzar la actual plaza del Trabajo». Este mismo autor considera que la periferia urbana
de Vélez en el siglo ilustrado estaría definido por el Hospital San Juan de Dios, las
Carmelitas Descalzas y la calle Cristo hasta la plaza de San Roque.
A mediados del siglo XVII se publica el primer libro que se conserva sobre la
historia de Vélez, obra titulada «Bosquejo apologético de las grandezas de la ciudad de
Vélez-Málaga», del clérigo Francisco de Vedmar. Otro veleño escribiría también por
la misma época otra obra sobre la historia de la ciudad. Se trata de Juan Vázquez
Renxifo, y que la tituló como «Grandezas de la ciudad de Vélez y hechos notables de sus
naturales».
Para Francisco Montoro, profesor e historiador veleño, el siglo XVIII será vital
para la ciudad, tanto por su aspecto urbano como cultural, agrícola y comercial. Aparece
un núcleo burgués y, a través del comercio, se produce una cierta acumulación
capitalista. En 1783 se crea la Sociedad Económica de Amigos del País de Vélez-Málaga,
lo que la convierte en una de las primeras poblaciones de España que cuenta con una
institución de este tipo. Entre sus socios figuran los condes de Florida-Blanca y
Campomanes, y el prócer axárquico José Gálvez.

Edifício de la
Casa Larios, hoy Tenencia de
Alcaldía de Torre del Mar
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LA CIUDAD DEL SIGLO XX. En
1820 se construye el paseo de Andalucía, el cual fue transformado coincidiendo con la
entrada en funcionamiento del ferrocarril en el año 1908. Curiosamente, el tren
desaparecería 60 años después de su inauguración, justo el 23 de julio de 1968.
Durante el siglo XIX, que fue el siglo de las desgracias para la ciudad al sufrir
plagas, epidemias, sequías y terremotos, algunos espacios pertenecientes a los conventos
y órdenes religiosas de la localidad experimentan una transformación que vendrá a
cambiar el aspecto de su entorno. En concreto, en el convento de San José de la Soledad
(El Carmen), como consecuencia de la subasta de su huerto en el año 1822. En él se
construyó una plaza de toros, que fue derribada ya en este siglo (1967). El convento se
demolió en 1982. A raíz del terremoto de 1884, la iglesia se desafectó y fue convertida
en teatro, recientemente restaurado y rehabilitado, para lo cual ha sido necesaria una
inversión superior a los 500 millones de pesetas.
Algo similar ocurrió en la zona del convento de San Francisco, que este año
celebra su V centenario, ya que uno de sus claustros se utilizó para edificar un mercado.
De todos modos, es a lo largo de este siglo cuando la ciudad experimenta un
espectacular crecimiento, ampliando su casco urbano de un modo considerable. La expansión
se nota sobre todo en la zona de Cruz Verde, paseo de Andalucía y Reñidero, El Cerro y
la Cruz del Cordero, aunque es a partir de 1950 cuando la ciudad comienza a crecer
vertiginosamente hacia Torre del Mar.
El barrio de Capuchinos deja de ser el extrarradio y comienza la expansión a
través de la avenida Vivar Téllez, hasta el punto de que incluso el centro geográfico
de la ciudad se desplaza también cada vez más hacia esta zona mucho más moderna e
incluso más poblada, aunque la mayor parte de los edificios públicos persisten en el
centro histórico.
El envejecimiento paulatino de las viviendas del centro urbano, espacio en el que
hoy se encuadran la mayoría de los barrios históricos de la población: San Sebastián,
San Francisco, Carmelitas y Cruz del Cordero, ha favorecido que buena parte de la
población se haya trasladado a zonas más modernas.
La construcción de nuevas urbanizaciones de viviendas como Real Bajo, La Mata, El
Limonar, Castellano, Axarquía y Alborán, así como los polígonos industriales y
finalmente la ejecución de una nueva avenida urbana entre Vélez y Torre del Mar apuntan
hacia una configuración urbana basada en la unión de las dos poblaciones, junto con
Caleta de Vélez.
EDIFICIOS DE INTERÉS.
Entre los edificios de interés que se encuentran en la zona de San Francisco se
encuentran la Casa Cervantes, el Palacio de Beniel y el convento de Santiago, también
conocido como San Francisco, que se levanta sobre una antigua mezquita. A los cinco meses
de la conquista comenzaron las obras de adaptación como iglesia.
El convento ha sufrido cambios a lo largo de sus quinientos años de historia,
hasta el punto de que el conjunto que hoy se conoce es fruto de las modificaciones
realizadas en el siglo XVIII. El templo es sede actualmente de un buen número de
cofradías de Semana Santa de la localidad. Especial interés reviste el claustro.
El Real Convento de San Francisco, que celebra su V centenario (1498-99/ 1998-99),
es uno de los más antiguos de la ciudad. Los Reyes Católicos tenían previsto fundar un
convento de religiosos franciscanos en la ciudad y está atestiguada la presencia de un
fraile desde 1488, que vivía en una casa del arrabal cerca de la iglesia de Santiago.
La presencia de los frailes franciscanos en Vélez-Málaga viene dada por el
testamento de Pero Ponce de León, tío de Cristóbal Ponce de León, que fue esposo de
doña Beatriz de Arellano, fundadora del monasterio de la Concepción de madres clarisas
de la ciudad.
Según J. D. Iranzo, en su obra titulada «La capilla del Sagrario del Real
Convento de Santiago de Vélez-Málaga», en Vélez hubo oposición por parte de la ciudad
para la fundación del monasterio franciscano, por lo que los Reyes tuvieron que salir al
paso e intervenir de forma directa mediante una real cédula de fecha 15-XII-1498. Al año
siguiente, los frailes tomaron posesión formal del convento. La vinculación del convento
con la labor educativa propició que en 1844 fuese adaptado para escuelas.
La Casa Cervantes está ubicada en plena calle de San Francisco y su nombre se debe
a la posible presencia de Miguel de Cervantes siendo recaudador. Se trata de un edificio
del XVI que conserva su patio interior y la fachada. Según una guía municipal editada
recientemente, en dicha casa nació en el siglo XVII fray Alonso de Santo Tomás, que fue
obispo de Málaga. El inmueble ha experimentado una gran transformación desde comienzos
de los 80. Actualmente es sede de la Escuela de Idiomas y acoge otra serie de dependencias
municipales.
Otro edificio de interés es el palacio de Beniel, ubicado
en la plaza Palacio. El inmueble data del siglo XVII y fue construido por Alonso de Molina
y Medrano, consejero real. El edificio fue heredado por los marqueses de Beniel de Murcia.
No obstante, nunca residieron en el palacio, que sin embargo sí fue habitado por los
capitanes generales de la Costa. Ha sido juzgado y ayuntamiento, y actualmente es sede de
la Fundación María Zambrano y de la Universidad de la Axarquía. En 1899 se destinó a
Ayuntamiento. En 1982 el edificio es abandonado por el consistorio, que se ubica en la
casa sindical construida en el solar del antiguo Ayuntamiento, en la plaza de la
Constitución. En 1988, el palacio de Beniel fue restaurado. |