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Zahara de la sierra, belleza enclavada en una peña
Este gaditano pueblo blanco aparece como el
casco invertido de un barco entre olivares |
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HOJA
DE RUTA
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Situación:
En pleno corazón del Parque Natural de la Sierra de
Grazalema, con una extensión de 71,30 kilometras
cuadrados, en el extremo nororiental de la provincia
de Cádiz, se encuentra Zahara sobre la falda de la
sierra del Jaral.
Cómo llegar: La principal vía de comunicación
la compone la A-384 (Antequera-Jerez de la
Frontera), que enlaza con la CA- 531 (Algodonales-Grazalema).
Igualmente, la A-382 enlaza con la A-473
(Sevilla-Ronda-Costa del Sol) y pone al viajero en
contacto directo con la Serranía de Ronda y la
provincia de Málaga.
Dónde alojarse: Hotel Arco de la Villa (C/
Camino Nazarí, s/n, 956 123 230).
Dónde comer: Hostal Marqués de Zahara (C/ San
Juan, 3. 956 123 061. www.zaharadelasierra.info/hostalmarques). |
José Manuel Brazo Mena
Como el casco de un barco invertido entre oleadas de
olivares, así aparece ante el viajero, a lo lejos,
la localidad gaditana de Zahara de la Sierra, con su
torre del homenaje erguida sobre una cresta rocosa y
un caserío refulgente de cal asentado sobre la falda
del Jaral, sierra que sirve de entrada a la ruta de
los pueblos blancos de Cádiz, en pleno corazón del
Parque Natural de Grazalema.
Después de recorrer unos 150 kilómetros por la
autovía a Antequera y tomar la Campillos-Jerez hasta
el desvío de la C-339, a la altura de Algodonales,
el viajero, al llegar a Zahara, queda sorprendido
por la panorámica del pueblo que se refleja
mansamente en el espejo blanco de su pantano, con un
perfil de antiguo vigía, que fue testigo de
innumerables escaramuzas entre árabes y cristianos,
y que hoy, después de muchos siglos, sigue dominando
los caminos que conducen al casco urbano.
Origen incierto
Dada la abundancia de naranjos existentes, algunos
historiadores atribuyen el origen del topónimo a la
palabra árabe 'azahar', mientras que otros, para
determinar su procedencia, barajan términos como el
de Al-Zahara, mujer favorita de un califa cordobés;
'zafra' cuyo significado hace alusión al peñón
rocoso que le sirve de pedestal; 'zahara', traducida
como la brillante, o 'sahira', como la mágica.
De todo ello tiene la bella población gaditana, a lo
que se suma su pronunciada altura, ya cantada por el
poeta José de Zorrilla en el romance, «Cuando
encienden los cristianos,/ de noche hogueras en
ella,/ no distinguen los paisanos/ si son sus fuegos
lejanos/ luz de atalaya o de estrellas».
Otro de los visitantes ilustres de la localidad,
Pedro de Gamaza y Romero de Aragón, dijo en el siglo
XVII que Zahara, estaba situada sobre una peña
tajada tan alta, que a los que se asoman desde las
casas da miedo mirar hacia el suelo, y describió que
que muchas de sus calles y viviendas se encontraban
labradas en la misma roca. Después de tres
centurias, el caserío hace gala de la misma
estructura y se encuentra milagrosamente conservado.
No resulta extraño que tanta delicia arquitectónica,
tanto cuidado y mimo por proteger el patrimonio le
valiera a Zahara ser declarada en 1983 Conjunto
Histórico Artístico, además de un sinfín de premios
y distinciones.
Un viaje al pasado
Pasear por Zahara es retrotraerse en el tiempo. Sus
calles, bellas plazas y espléndidos miradores
transportan al viajero a aquella ciudad árabe
crecida al amparo de reyezuelos y gerifaltes que
durante siglos establecieron la frontera entre los
reinos cristianos y Al-Andalus.
El recorrido es único, y en él, además de la
arquitectura vernácula se pueden contemplar
monumentos como la iglesia barroca de Santa María de
Mesa, construida por Antonio de Figueroa en 1755 y
la Torre del Reloj, del siglo XVI, adosada a la
Capilla de San Juan de Letrán. Junto a la iglesia de
Santa María, un sendero de piedra conduce hasta los
restos del castillo y Torre del Homenaje, (siglos
XIII al XV) emplazada en lo alto de una roca
vertical, que la convierten en uno de los mejores
miradores de la la serranía.
Pero si el recorrido por el pueblo representa un
aliciente para el viajero, no lo son menos sus
alrededores. El río Bocaleones, a su paso por el
término zahareño, forma una garganta entre las rocas
con una caída de 400 metros.
En el fondo de la misma hay una concavidad
denominada la Ermita, donde el paso del tiempo y los
fenómenos geológicos han ocasionado un hermoso
efecto de luces y sombras producido por las
estalactitas y estalagmitas que toman varias
tonalidades. Al final de esta talla natural, se
encuentra el puente romano de los Palominos, próximo
a un área recreativa dotada de mesas y parrillas.
Otros enclaves de obligada visita son la grieta
natural de la Garganta Seca, en el camino que une
Zahara con el Puerto de la Breña, y el embalse de
Zahara-El Gastor, cuyo entorno cuenta con
merenderos. |
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