Javier Almellones
El río Guadalhorce, a
pesar de nacer realmente en las sierras
nororientales de la provincia, tiene su recorrido
más intenso en el pasillo que abre entre la Sierra
de las Nieves y la comarca de Antequera. Así,
comienza a bajar a través de los términos
municipales de Valle de Abdalajís, pizarra, Álora o
Cártama hasta llevar sus aguas al Mediterráneo.
Gracias a sus aportes y a los que le proporcionan
afluentes importantes como los ríos Grande y
Campanillas, esta vega se ha convertido en un
inmenso campo de frutales, donde el sello de
identidad lo ofrecen, sin duda, los numerosos
cítricos. En zonas como Pizarra, Cártama o Alhaurín
el Grande es fácil perderse entre una verdadera
selva de limoneros y naranjos.
Los pueblos de este
valle gozan de su personalidad propia, como Álora,
que siempre va acompañada por el lema de 'la bien
cercada'. En el cerro de las Torres, un castillo de
origen árabe corona el casco urbano. Precisamente
desde esta atalaya se consigue divisar una de las
mejores perspectivas de la zona de influencia del
Guadalhorce. Su pueblo vecino, Pizarra, presume de
contar con otro encanto bien diferente. A los pies
de la montaña, el municipio cuenta con lugares
emblemáticos como la ermita de la Fuensanta,
excavada sobre las rocas de la escueta Sierra de
Gibralmora. Este pequeño templo de origen andalusí
se distingue mejor por la noche, al estar iluminado.
También destaca otro edificio: el palacio de los
Condes de Puerto Hermoso. Esta casa solariega
ubicada en el casco urbano pertenece aún a la
familia que le da nombre.
Los espectáculos de
equitación de alta escuela están ejecutados por
profesionales de prestigio con caballos de pura raza
española. Además, se puede bajar realizando
senderismo o en bici. |