
POSADA. Un ejemplar
de águila calzada descansa junto a un humedal de la
provincia. / B. L. D. |
Nuevos invernantes en los humedales de Málaga
La
desembocadura del Guadalhorce y la laguna de Fuente de
Piedra son algunos de los espacios que se llenan de aves |
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HOJA DE RUTA |
Cómo llegar:
Para ir a la Urbanización Guadalmar. Medio: Autobús
urbano nº 10, o en vehículo propio. Siguiendo la
calle de la iglesia, alcanzaremos un carril terrizo
que asciende al terraplén frente al campo de fútbol
de un colegio. Mirando hacia el río, a la izquierda,
tras recorrer unos 200 metros, llegaremos a un
carril estrecho que desciende hasta el nivel del río
Guadalhorce. Las agujas colipintas se nos mostrarán
en las isletas que se dominan desde el observatorio
elevado que hay en la Laguna Grande, rodeados de
ánades y patos cuchara.
Situación: Los cormoranes ocupan los tarays
de las orillas, y algunos vigilan desde los secos
eucaliptos. Cría generalmente en colonias de miles
de ejemplares y se agrupa fuera de esta época en
grupos grandes para secarse, dormir o comer. Suele
volar a poca altura sobre el agua, nada muy bien y
se sumerge con facilidad, aunque pasa mucho tiempo
posado en tierra firme y, especialmente en los
posaderos de eucaliptos muertos citados
anteriormente.
Dónde comer: En cualquiera de los merenderos
en la línea de playa. Equipo: Botas cómodas
para andar, prismáticos o telescopio de campo. |
Bernardino León Díaz
En la Laguna de Fuente de Piedra, en la
desembocadura del río Guadalhorce, en las Lagunas de
Campillos, en los embalses y los humedales
malagueños ya se han recibido centenares de aves
invernantes tras las recientes lluvias. Entre ellas,
los grupos de águilas calzadas que dejan pasar el
invierno en la desembocadura del Río Guadalhorce,
reúnen ejemplares de las dos formas en que se
presenta esta bonita aguililla. Si acompaña la
suerte, podemos contemplar algún individuo aislado
de la forma oscura, que interesa sobremanera a los
amantes de la naturaleza por ser más rara y
desconocida, y menos abundante que las águilas
calzadas de forma clara.
La fase oscura presenta unas partes inferiores de un
color pardo achocolatado uniforme, excepto la cola,
que es casi blanca. Ambas fases tienen la cera
amarilla y el pico negruzco y azulado en la base.
Las patas van recubiertas de plumas, salvo en los
dedos que son amarillos.
La vida bulle en estos días. A las aves que se han
ido incorporando en los últimas semanas se han unido
y se unirán otras especies notables de nuestra rica
avifauna. Por septiembre ya pudimos ver algunos
ejemplares aislados de cormoranes grandes; a
mediados de octubre esas cifras han aumentado
ligeramente y por diciembre se contarán ya por
decenas. A veces, estas aves comparten con las
garzas el espacio disponible en las isletas
terrosas, rodeados de numerosos azulones, frisos y
patos cucharas. Algunos cormoranes grandes se secan
desplegando las alas al sol. En los tarays y el
cañaveral no paran de moverse los ruiseñores
bastardos, a los que es difícil observar en la
espesura, si bien se les distingue por su brusco
canto, sonoro y prolongado, en el que repite varias
estrofas de 'cuchí'.
Suelen venir también por esta época las agujas
colinegras y algún archibebe claro. Las colinegras
son aves de aspecto más erguido y pico mucho más
recto que las colipintas. La cola es blanca con
banda negra y franja alar también alba. En época de
nidificación habita en áreas herbosas, marismas y
aguazales y en otras épocas ocupa playas fangosas,
aguas dulces y orillas descubiertas de lagos y
embalses, así como deltas de ríos someros.
La aguja emite un reclamo sonoro, que se oye casi
siempre en vuelo y suena algo así como
'triico-triico-triico' y un canto repetido y
ascendente. Busca el alimento en aguas someras,
aunque si es necesario se adentra hasta el cuello en
la masa de agua. En primavera y otoño se agrupa en
grandes bandadas, compuestas por centeneres de
ejemplares, que se alimentan de insectos,
crustáceos, moluscos y gusanos.
Con el buen tiempo veremos en los próximos días
bandadas numerosas de garcetas comunes que ocuparán
las orillas de las isletas. Las garzas reales suelen
posarse en las inmediaciones de la playita que
rastrea el ostrero y en la que sobrevuela el
aguilucho lagunero, que sigue las orillas, se posa
en una de ellas y arma un gran revuelo entre la
menuda avifuna que se aleja con aspavientos mientras
la rapaz se oculta tras el carrizal. El águila
pescadora se detendrá casi todos los días en el
eucalipto seco que eligió en su momento.
Las espátulas ya han abandonado la zona en su
práctica totalidad y por otro lado, parece como si
hubiera aumentado la concentración de martines
pescadores que vimos abundantes en las lagunas y los
riachuelos someros, donde no cesan de ensartar peces
y más peces con sus picos. |
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