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Bajo el agua en las Islas Tuamotu

El archipiélago de Tahití alberga los mejores lugares para el submarinismo

HOJA DE RUTA

Cómo llegar: Las aerolíneas Air Tahiti Nui y Air France vuelan regularmente desde París al aeropuerto internacional de Papeete (Tahití) vía Los Ángeles.
Documentación:
Pasaporte en vigor con validez superior a los seis meses y autorización de viaje.
Moneda:
El franco del Pacífico tiene cambio fijo con el euro, 1 e =119 CPF.

SUR

La variedad de entornos marinos de Tahití y sus islas conforman un universo sumergido extraordinario e inigualable. Uno de los más espectaculares en cuanto a biodiversidad son los arrecifes de coral: sus anillos envuelven la mayor parte de las Islas de la Sociedad y forman los atolones de las Tuamotu, dotándoles de una especificidad geográfica muy característica.

Las Islas Tuamotu están esparcidas en una extensión de más de 20.000 millas cuadradas; la más cercana se encuentra a 300 km. al norte de Tahití, el puerto de entrada a este nuevo mundo en el Pacífico Sur, conocido entre otras cosas por ser un paraíso para el submarinismo.

Este archipiélago -el mayor de los cinco que forman el país-, está compuesto casi en su totalidad por atolones, unos anillos de coral que emergen unos metros por encima del mar y encierran impresionantes lagunas marinas interiores. Eran islas volcánicas que fueron desapareciendo por la erosión o por antiguas glaciaciones, y deben su apariencia actual a los pólipos que permanecieron creciendo a la par que el nivel del mar. Casi a ras del horizonte, dibujan un paisaje salpicado de palmeras e islotes 'motus' salvajes.

Aperturas al océano

No hay un atolón igual que otro en el archipiélago de las Tuamotu. Difieren en longitud, el tamaño de sus lagunas, el color de sus playas o el número y tipo de 'pasos'. Los pasos son las interrupciones en la barrera, esto es, aperturas de la laguna hacia el océano. Suelen ser los mejores 'spots' para el submarinismo, ya que las corrientes de agua y alimento atraen a una gran cantidad de especies.
Por su parte, sus lagunas turquesas son el hábitat natural de gran variedad de esponjas, ostras y conchas, y de especies de peces como el angelote, pez loro, castañuelas, pez mariposa, peces soldado, emperadores y meros.

En el mayor de los atolones del Pacífico Sur, Rangiroa, el paso Tiputa y el paso Avatoru son los dos lugares más populares para practicar el submarinismo. El espectáculo de ver escuadrones de rayas águila, tortugas, jureles, atunes, barracudas, rayas manta y delfines deja fascinado a cualquier visitante. También es fácil observar los imponentes tiburones de punta blanca atacando y comiéndose un pez, o asistir al baile de los tiburones grises. Dentro de la laguna se refugian miles de pececillos de colores, así como los tiburones de punta negra, que se asemejan a nuestros gatos europeos, curiosos, juguetones, independientes, y totalmente inofensivos.

Merece la pena detenerse a contemplar la arquitectura coralina de los arrecifes, que se ha ido construyendo durante millones de años con la delicadeza de un relojero suizo o la belleza de un cuadro renacentista. La madre naturaleza regula su funcionamiento haciendo que todas las piezas encajen: los pólipos, que se desarrollan sobre sedimentos calcáreos, los niveles de nutrientes justos y unas condiciones muy concretas de claridad, temperatura y salinidad.

Los principales agresores de los arrecifes son ciertas algas, las catástrofes naturales como los tsunamis o tornados (no comunes en el área del Pacífico Sur), la contaminación y el desgaste ejercido por el ser humano. En Tahití y sus islas los arrecifes se encuentran muy bien conservados, el mar aún mantiene su estado natural gracias a la ausencia de residuos contaminantes ni industrias pesadas, y la claridad de sus aguas es una garantía durante todo el año.

Fakarava, la meca del buceo

A 450 km de Tahití se encuentra Fakarava, el segundo mayor atolón de Tahití y sus islas. Su entorno natural ha sido declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, y gracias a ello conserva uno de los fondos más vírgenes y espectaculares del mundo para practicar el submarinismo. Los meses de junio y julio son especialmente propicios para asistir al mágico espectáculo de la reproducción de los meros.

El imponente anillo de coral protege las aguas de una laguna de gran amplitud, que posee un total de 60 km de largo y 25 km de ancho. Allí se crían las preciadas perlas negras tahitianas, un primer regalo para el buceador que se inicie en la exploración de Fakarava. En los alrededores del atolón encontramos una veintena de lugares de interés para el buceo, pero adquieren especial relevancia los que rodean a los dos canales en los que la laguna se abre al océano.

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