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Angulema, una ciudad de tebeo

Fachadas dibujadas y ambiente de historieta en esta localidad francesa

HOJA DE RUTA

Cómo llegar: El Trenhotel Elypsos entre Madrid y París hace parada en Poitiers, desde donde se puede llegar a Angulema en menos de una hora de tren.
Dónde dormir: El Hotel du Palais (plaza Francis Louvel, 4) es un acogedor establecimiento situado muy céntricamente y recientemente restaurado y redecorado.
Dónde comer: Le Passe-muraille (rue Saint-André, 5) ofrece gastronomía típica de la región y un ambiente muy agradable.
Más información: www.angouleme-tourisme.com
Festival del cómic (28 al 31 de enero): ww.bdangouleme.com
MANUEL MUÑIZ

Una de las mejores maneras de atraer la atención de los posibles visitantes a una ciudad es darle una identidad específica que la haga inmediatamente memorable. Un buen ejemplo sería Toledo, reconocida como ‘ciudad de las tres culturas’. Y Angulema se está convirtiendo en otro caso paradigmático, estableciéndose, cuando menos en Europa, como la gran capital del cómic.
Estaba claro que tal consideración tenía que recaer sobre una ciudad francesa (o, en su defecto, belga), por la gran tradición y consideración popular y cultural que la ‘bande dessinée’ tiene en el país vecino. Y Angulema –una ciudad de poco más de cien mil habitantes con una catedral románica y un bello ayuntamiento levantado a partir de las ruinas de un castillo medieval, y cercana a Poitiers y al parque de Futuroscope– tenía todas las papeletas, gracias a Festival Internacional del Cómic, el más importante de Europa (y quizá del mundo; sólo la ComicCon de San Diego –‘mucho más centrada en el show business’– puede hacerle sombra), que lleva celebrándose en la ciudad todos los meses de enero desde 1974.

Imagen de la ciudad
Pero Angulema se ha volcado en abrazar esta identidad y fundirse con el mundo de los tebeos aún más intensamente, convirtiéndolos en el estandarte e imagen de la ciudad, llegando a renombrar su principal calle comercial con el nombre de Hergé, el creador de Tintín.
Sin duda el primer indicativo de esta singular relación con los cómics que sorprenderá al visitante son los murales que salpican la ciudad. Veinte fachadas pintadas según dibujos de conocidos autores francófonos, quienes los realizaron específicamente para el edificio en el que iban a estar, jugando muchas veces con las características del edificio y su entorno para realizar trampantojos. Así, podemos ver a Lucky Luke, los hermanos Dalton, Jolly Jumper y Ran-Tan-Plan ‘asomados’ a las ventanas pintadas en el lateral de un edificio según diseño de Morris y, casi enfrente, al motero Lucien (personaje de Franck Margerin) en la fachada que hay justo encima de una tienda de motos. O un edificio la mitad del cual ‘desaparece’ en un dibujo de Max Cabanes que prolonga la línea de las murallas sobre las que está construido. Otros personajes muy conocidos a los que podemos encontrarnos mirándonos desde alguna fachada son Titeuf (obra del suizo Zep) o Blake y Mortimer (dibujo de Juillard sobre los personajes creados por el difunto E. P. Jacobs).

Jóvenes promesas
Otra muestra del compromiso que Angulema tiene con el cómic a lo largo de todo el año es la Maison des auteurs, una centro para autores –especialmente jóvenes promesas– que son becados para residir una temporada en la ciudad mientras realizan algún nuevo proyecto. El ambiente de intercambio de ideas que existe en los talleres de trabajo comunes gana aún más interés al haber autores de todas partes del globo (la presencia española es prácticamente constante; en la actualidad los tres jóvenes autores de nuestro país becados en la Maison son el asturiano Alfonso Zapico, la alicantina Lola Lorente y la catalana Clara Tanit). Más de cien autores han pasado tiempo en este centro en los siete años que lleva abierto.

Originales de los grandes genios

Sin duda la joya de la corona es el Museo del Cómic, que tras un traslado y reorganización que supuso un cierre de diez años, ha vuelto a abrir sus puertas en 2009 en una antigua fábrica de papel a la que se llega por una pasarela peatonal, en la que nos espera una estatua de Corto Maltés. El museo alberga una espléndida colección que recorre toda la historia del cómic, desde los pioneros de las historias ilustradas de mediados del siglo XIX, como Rodolphe Töpffer, hasta los grandes de la actualidad., como Chris Ware. Pese a que las piezas expuestas rotan cada seis meses (debido a la normativa museográfica francesa, que impone límites al tiempo continuado de exposición para asegurar la mejor conservación del papel), la colección es tan amplia que en todo momento encontrar en las vitrinas algún original muchos de los grandes genios del cómic: George Herriman, Winsor McCay, Hergé, Stan Lee, Frank Miller, Daniel Clowes, David B., Hugo Pratt... incluso hay una pequeña selección de manga, pese a la dificultad de conseguir originales fuera de Japón.

El criterio de exhibición (que se apoya mucho en lo audiovisual, con documentales y fragmentos de animación), no se detiene en el plano histórico, sino que también pone de relieve los valores estéticos del cómic. Y no faltan las exposiciones temporales, como la dedicada a Mafalda, que se podrá visitar hasta el próximo 3 de enero.

Por toda esta capital mundial de los tebeos podemos encontrarnos con los personajes que más nos recuerdan a nuestra infancia, pero también con lo más vanguardista del cómic de autor. El Noveno Arte cada vez atrae a más tipos de lectores; y Angulema, por lo tanto, cada vez a más tipos de viajeros.

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