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Un castillo para soñar. Burdeos
Dormir donde le
gustaría a Dumas, pasear por tierras que ya describió Victor
Hugo, beber los mismos vinos que Aramis y todo ello con un
servicio pendiente de nuestros mínimos caprichos. ¿Es un
sueño? |
P. Espinosa
LA región (no lejos de Burdeos) nos habla de los
mejores vinos y la mejor porcelana del mundo, de
buena mesa y de historia, mucha historia, que se
traduce en guerras y amores, caballeros, tratados
entre reyes, pactos secretos y alguna traición.
Está a tiro de piedra (es un decir) de la frontera,
ideal para unas pequeñas vacaciones de otoño en
coche. Pero esta vez no convendría prescindir de una
visita al pueblo medieval de Cognac, a la fábrica de
porcelana de Limoges, o solicitar una cata para
aprender a diferenciar un buen Hennessy de un Rémy
Martin en la romántica sala con chimenea gigante. Es
un salto al pasado entre Burdeos y Cognac con un
guiño al espacio, cerca de Futuroscope.
Cuentos y leyendas
El castillo de Mirambeau tiene el exterior de una
fortaleza normanda, con muros y torreones de piedra.
La muralla y todos los bosques que lo rodean nos
hablan de cuentos y leyendas. El castillo fue
construido en el siglo XI por Arthaud de Mirambel y
se le conocía como Mirambellum por su singular
emplazamiento y sus vistas sobre el valle, que casi
llegan a las montañas y al mar. Cambió de manos y de
nacionalidad y sus propietarios pasaron, junto a sus
tierras, a ser vasallos de los reyes ingleses o
franceses, según los tratados. Fue destruido y
restaurado varias veces, y en el principio del XVI
se reconstruyó con el estilo neogótico que hoy
tiene, hasta que en1992 lo adquirió Roberto Polito,
propietario de la cadena de hoteles Baglioni. En
2005 se asoció con la organización Relais Chateaux.
Cuenta con un patio de armas y un jardín frontal. A
su lado se extiende un enorme parque magnífico y
salvaje, con fuentes, bosques y caminos. Tiene
veinte habitaciones diferentes y de distintos
tamaños, desde la más simple hasta la principal, con
gran balcón sobre el parque, pero todas ellas muy
cuidadas y decoradas en un estilo muy francés, con
mobiliario del XVIII, grabados y cuadros de época,
sin privarse de porcelanas de Limoges, con todas las
delicatessen, y servicios que el gusto más
sofisticado pueda pedir.
Es famoso su té francés completo en el gran salón,
la degustación de vinos de la región en el lounge, o
una terapia relajante en su hammam, al estilo
oriental. Aquí se disfrutan de pequeños lujos con un
servicio muy personalizado y siempre atento, lo que
es de agradecer.
El hotel ofrece además un spa con gimnasio, jacuzzi,
sauna y piscina interior y exterior. Cursos de
cocina con el chef y de degustación con su somelier,
excursiones por los alrededores en bicicleta y
reservas en cualquier restaurante o espectáculo que
nos apetezca.
Pasar una noche en este castillo puede costar desde
230 euros en el caso de la habitación más sencilla
(según temporada) hasta los 690, quien desee ocupar
los aposentos de los Condes Duchatel. Un lujo para
recordar. |
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