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 ESCÁPATE -INCURSIÓN EN LA NATURALEZA

CRÍAS. Ejemplar hembra intenta dispersar a sus inquietos rayones tras amamantarlos. / B. L. D.
Los verracos buscan las piaras matriarcales

Los machos dominantes vuelven a su vida en solitario después de haber cubierto a las hembras fértiles

HOJA DE RUTA

Cómo llegar: En los Montes de Málaga, podemos contemplar jabalíes en la zona de Torrijos y carriles inmediatos. En la pista que conduce a Pocopán, en los grandes pinos de la zona, en Contadoras, en el camino que parte desde la venta del Boticario y llega hasta la Fuente de la Reina, en Serranillo y en Santillana. En los encinares de Las Pedrizas, en la Sierra de Las Cabras y en general, en todos los de las sierras del Arco Calizo Central es posible observar huellas y señales que nos permitan contemplar jabalíes a la luz del día.
Dónde comer: Hotel Humaina, Ctra. Colmenar, 952 641 025. Venta Los Montes, 952 260 235.
Equipo: Botas cómodas para andar y prismáticos.

Bernardino León Díaz


En estos fríos días del incipiente mes de diciembre, mientras que algunos mamíferos como el erizo y el lirón careto se han abandonado en un profundo letargo, otros, como las musarañas, no cesan en la búsqueda del alimento que requiere su exigente metabolismo y los verracos de jabalí, entretanto, superan estas frías noches cercanas al invierno con una gran actividad, atiborrándose de bellotas y buscando incesantemente las numerosas piaras matriarcales del bosque.
Una vez halladas, seleccionarán las hembras fértiles a las que cubrirán tras vencer y lograr dispersar a los machos contendientes y a algunos inexpertos jóvenes. Una vez cubiertas todas las hembras, el verraco regresará a su vida en solitario.

Es mamífero de hábitos marcadamente nocturnos, lo cual dificulta su observación. En las zonas naturales, en las que no son perseguidos, y si analizamos sus huellas con la necesaria atención, podemos llegar a verlo en pleno día. En Doñana, por ejemplo, es mucho más fácil de ver, por haberse habituado a la presencia humana.
Es el antepasado del cerdo doméstico, con el que comparte cuerpo, cuello, patas y colas enormemente parecidas, salvo el estar recubierta la especie salvaje de cerdas oscuras que le confieren un colorido pardo ensuciado. Las crías se denominan rayones, por las conspicuas rayas dibujadas sobre la piel pardo-amarillenta. A los tres o cuatro meses de vida, desaparece el atractivo rayado.

Los machos son de mayor tamaño que las hembras y poseen una cabeza más ancha y masiva, dotada de unas armas denominadas 'navajas', a ambos lados de la trompa, que no son otra cosa que unos caninos cortantes curvados hacia arriba.
El tamaño del jabalí europeo es menor conforme nos desplacemos desde el norte hacia el oeste y el sur, donde podremos comprobar que los jabalíes rusos son más pesados que los polacos, y éstos más que los franceses y los españoles.

Su presencia y sus recorridos habituales se reconocen por sus huellas: dos pezuñas principales y detrás, otras dos, secundarias, así como por los numerosos surcos que dejan al hozar en los prados. Los excrementos son negruzcos y brillantes mientras se conservan frescos, con aspecto de morcilla y unos cinco centímetros de diámetro.
Se rebozan en barro, formando 'bañas' o cavidades de más de un metro de largo y una profundidad de unos 70 centímetros, que suelen situar cerca de un árbol en el que suelen restregarse y dejan prácticamente descortezados. Por doquier aparecen las huellas del jabalí, similares a las de los tejones, aunque son de menor extensión y profundidad. Los encames son emplazamientos de forma oval, rellenos de hierbas y vegetales de los alrededores, y se parecen a las camas del oso, de las que se pueden distinguir por las características cerdas.
En España se describieron a principios de siglo dos subespecies: la castellana y la bética, siendo la primera coincidente con la europea y esta última propia de Andalucía. La raza salvaje europea fue introducida en California, Carolina del Norte, Centroamérica y Argentina. En Marruecos es abundante, rara en el Atlas y ha desaparecido en Egipto. No existe ni en las islas Baleares ni en Canarias.

En las últimas décadas el jabalí ha aumentado sus poblaciones, sobre todo por su capacidad para adaptarse a los distintos medios, siempre que cuente con alimento suficiente, agua para beber y para bañarse, eliminar los parásitos y garantizar la necesaria tranquilidad de la piara en el bosque. Su alimentación es omnívora, con abundantes vegetales: bellotas, castañas, hayucos, patatas, trigo, cebada, piñones, maíz, hierbas y setas. Menos abundantes son las lombrices, insectos, escorpiones, ranas, sapos, huevos y pollos de aves, gazapos y roedores.
Los estudios realizados en Doñana han proporcionado similares resultados: El 60% del alimento anual consiste en vegetales, como bulbos de castañuelas y una gramínea, la grama. En cuanto a los animales consumidos, destaca el conejo y el gallipato.
En los Montes de Málaga abundan jabalíes cruzados con cerdos domésticos.

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