Ejemplar de zampullín chico. |
Incursión en la naturaleza. Porrones, zampullines y otras
aves buceadoras
Cuando se acerca el
final de la temporada invernal la desembocadura del
Guadalhorce se puebla de especies variadas y coloristas |
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HOJA DE RUTA |
Cómo llegar: Autobús urbano nº 10, o en
vehículo propio, hasta la urbanización Guadalmar. A
pie, seguir la calle de la iglesia hasta encontrar
un carril que asciende a la parte alta del
terraplén, frente a un campo de fútbol de un
colegio. A unos 200 metros a la izquierda se
encuentra el vado sobre el río que nos adentra en el
Paraje Natural. El carril nos conduce directamente a
los miradores sobre las lagunas, donde podremos ver
zampullines chicos, malvasías, patos cuchara,
porrones comunes, patos azulones y frisos y, con
suerte algún porrón pardo o bastardo, algún ánade
silbón, tarro blanco, pato colorado o algún ánade
rabudo.
Dónde comer: En cualquiera de los merenderos que
hay en la línea de playa.
Equipo: Para contemplar las especies mencionadas
y otras que eventualmente acudan a este espacio
deben proveerse de unos buenos prismáticos, o
preferiblemente de un telescopio de campo. |
Bernardino León Díaz
En estos días de finales de enero y principios de
febrero ya se insinúa la primavera en las tierras de
Málaga. El pasado año, por estas mismas fechas
pudimos contemplar algunas especies nadadoras en la
desembocadura del río Guadalhorce, con aves tan
emblemáticas y bellas como el ánade real macho, con
su magnífica librea, cabeza verde brillante y
espléndido pico amarillo, al que acompañaban un
ánade friso y un macho de malvasía.
Los patos buceadores, reconocibles por su chapoteo
en la superficie, antes de elevarse para volar en el
aire, recorren las isletas y las orillas de la
Laguna Grande. Son patos de agua dulce,
extremadamente gregarios, conocidos como porrones,
aludiendo sin duda a su característico cuerpo más
bien corto y robusto, patas gruesas colocadas más
atrás que las de los patos de superficie y un
curioso y fuerte lóbulo membranoso en el dedo
posterior.
Estos patos, aunque los hay por todo el mundo son
más abundantes en el hemisferio Norte, y en general
son muy apreciados por los cazadores, especialmente
el porrón común y el moñudo en tierras euroasiáticas
y el porrón ojirrojo y cabecirrojo en Norteamérica.
Como nota curiosa, se puede observar a primera
vista, que carecen del espejuelo que caracteriza a
los patos de superficie, que en estos es sustituído
por una pálida franja blanca.
A punto de finalizar el invierno, bajo la atenta
mirada de la garza real, que de madrugada se deja
ver en algún islote elevado, en los tarajes de la
Laguna Grande se distinguen los cormoranes y en las
lagunas pequeñas, los zampullines chicos se agrupan
en pequeños bandos y compiten con sus homónimos
cuellinegros en la captura de los habituales
pequeños animalillos con los que ambos se alimentan.
Los cucharas, tan fieles a estos territorios en los
que permanecen largas temporadas, son distinguibles
sin mucho esfuerzo, con su atractiva librea
colorida.
Los porrones son muy gregarios. Emigran e invernan
en grandes bandadas, y criarán en esta zona en
cuanto se afiance la primavera, como vienen
haciéndolo desde hace algunos años, época en que
podremos ver su curioso deambular a nado por las
aguas de la Desembocadura. El cenizo, como le llaman
en muchas partes de España, evocando el color gris
del dorso del macho, resulta inconfundible visto a
corta distancia. La cabeza y el cuello de color
castaño oscuro y el pecho negro contrastan con el
resto del cuerpo.
El nombre le viene por el parecido con el típico
porrón, vasija de cristal para beber vino a chorro.
Cuando salen a tierra firme es curioso observar su
desmañado andar, motivado por la posición
exageradamente erecta que se ven obligados a
mantener para situar entre ambas patas el centro de
gravedad. En el agua, por el contrario, esta
especial anatomía le proporciona una gran agilidad.
En aguas claras
Los porrones muestran una notoria apetencia por las
aguas abiertas y claras, con profundidades que no
sobrepasen sus posibilidades de buceo. En
consecuencia, al ocupar diferentes nichos
ecológicos, no compiten con los patos de superficie.
Las hembras, durante el periodo nupcial, tienen la
cabeza, el cuello y el pecho de color pardo, con un
pico que se diferencia del macho porque su banda
clara es más estrecha y menos evidente.
A finales de marzo o primeros de abril, comienzan
los juegos nupciales del porrón común. El macho nada
en círculos alrededor de la hembra, infla las plumas
del cuello y emite una especie de bufidos al mismo
tiempo que levanta y baja la cabeza, o bien coloca
cuello y cabeza horizontalmente, abriendo el pico y
ostentando una suerte de jadeo.
En las primeras semanas de mayo, la hembra deposita
entre seis y doce huevos cuya incubación será
asumida por la misma así como la defensa de la
pollada y escabulliéndose hacia el agua para alejar
y confundir a sus enemigos. En las zonas del
Mediterráneo sólo cría en las marismas del
Guadalquivir, donde en tiempos fue muy abundante y
en la Desembocadura del Guadalhorce y seguramente en
otros espacios lagunares de Andalucía. |
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