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Una parada obligada. Ruta Mudéjar. Arenas
El castillo de Bentomiz,
el alminar de Daimalos y la Fuente Perdida son algunos de
los vestigios árabes que se pueden visitar en el termino
municipal de este pueblo axárquico, situado entre cerros
donde abundan los cultivos de viñas, olivos y almendros |
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HOJA DE RUTA |
Cómo llegar: Para acceder a Arenas hay que
tomar una carretera local que parte desde el propio
casco urbano de Vélez-Málaga.
Cuándo ir: En cualquier época del año se
puede visitar este municipio.
Qué comer: Los platos más típicos son las
migas, el conejo mechado y el chivo frito con
almendras.
Qué comprar: En Arenase puede adquirir aceite
de oliva y vino del terreno. También abundan los
subtropicales. |
Javier Almellones
EL caprichoso relieve de la Axarquía hace posible
que localidades como Arenas se cobijen entre cerros
y suaves colinas, en un entorno muy típico de esta
comarca malagueña, entre almendros, olivos y las
cada vez más escasas viñas. Su ubicación parece
haber buscado deliberadamente un apacible rincón en
el que se asienta bajo la atenta mirada de la Sierra
de Tejeda y escoltado por el Cerro Alto, al norte, y
por las montañas de Bentomiz, al sur. Incluso el
acceso a la villa se antoja complicado, si se tiene
en cuenta que es necesario adentrarse en el casco
urbano de su vecina Vélez-Málaga para tomar una
sinuosa carretera que, tras apenas diez kilómetros,
adentra al viajero en el valle del río Seco. Así, no
se divisa el pueblo de Arenas prácticamente hasta la
última curva.
Si bien la entrada no evidencia su pasado andalusí,
se intuye que este municipio incluido en la
denominada Ruta del Mudéjar, guarda en su corazón
algunos vestigios que demuestren su origen árabe. La
primera evidencia es, sin duda, el trazado
arquitectónico del casco antiguo. Aunque parezca un
tópico más, sus calles respetan el canon de núcleo
con encanto, con casas encaladas, que se distribuyen
entre calles angostas y, en ocasiones, empinadas. No
faltan como complemento las coloridas macetas que
adornan fachadas y rincones de ese laberinto mudéjar
que nos conduce inexorablemente a algunas de sus
plazas, como la del Mercado, recientemente
remodelada para el disfruto de areneros y
visitantes. También ha sido rehabilitado otro de los
espacios más emblemáticos del pueblo, el que rodea a
la iglesia de Santa Catalina, un templo que en su
origen era de estilo mudéjar, si bien un incendio en
1926 provocó que se perdiera parte de ese legado.
Pese a ello, aún se conserva algo de su estructura
original, como es el caso de su torre, que antes fue
el alminar de la mezquita levantada en el mismo
lugar. Desde allí la vista se dirige
irremediablemente hacia la sierra de Bentomiz, donde
apenas se distinguen los restos del castillo del
mismo nombre. Los más osados pueden optar por
adentrarse en vehículo todoterreno o a pié en
algunos de los caminos que llevan hasta la cima para
acercarse a las ruinas de la fortaleza árabe, de
posibles cimientos romanos.
Este recinto amurallado fue de gran importancia
durante la Reconquista y, casi un siglo después,
durante la rebelión morisca de la Axarquía.
Posteriormente, se destinó a la vigilancia del
litoral, que se divisa con nitidez gracias a la
ubicación estratégica del castillo. De hecho, toda
la cima de la sierra es un excelente mirador
natural. Desde allí, oteando la zona sur, se
aprecian con claridad los núcleos de Algarrobo,
Torre del Mar y Vélez o enclaves como los
Acantilados de Maro. Desviando la vista hacia el
norte, se ven bajo el abrazo de la caliza Sierra de
Tejeda pueblos como Canillas de Aceituno, Sedella,
Salares, Cómpeta y, por supuesto, Arenas.
Aldea histórica
También se aprecia su pedanía, Daimalos, situada a
algo menos de dos kilómetros por carretera. Aunque
sus dimensiones parecen justificar el apelativo de
aldea, este núcleo rural cuenta con un interesante
patrimonio histórico, que lo hace merecedor de ser
incluido con mayúsculas en la antes mencionada Ruta
del Mudéjar. De hecho, allí se encuentra el alminar
más antiguo de toda la Axarquía, una joya de la
época merinita datado en el siglo XIII. Desde hace
más de medio milenio, hace las veces de torre de la
iglesia de la Concepción, si bien bajo su cal se
evidencia sus rasgos árabes. El propio templo fue
levantado sobre la antigua mezquita que acompañaba
al alminar y forma parte del conjunto protegido
desde hace pocos años como Bien de Interés Cultural.
En su interior, sorprende ver algunas pinturas
murales del siglo XVIII, que durante siglos han
estado ocultas por la misma cal que vistió al
alminar de torre campanario.
El legado de esta coqueta aldea, desde la que se
divisa el mar gracias a la generosidad de la Sierra
de Bentomiz, se completa con una fuente datada en la
misma época. En su interior se pueden apreciar
algunas cerámicas de la época. |
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