
Un águila pescadora. / SUR |
Otoño en la desembocadura del Guadalhorce
Las águilas pescadoras y otras aves se adueñan de
las lagunas de la provincia |
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DATOS PRÁCTICOS |
Cómo llegar:
En autobús: Nº 10, hacia la urbanización Guadalmar.
Ascender por el terraplén y bajar al río Guadalhorce,
bordear su orilla hasta alcanzar los senderos que se
adentran en el espacio natural, siguiendo el
recorrido marcado en rojo en el mapa y, en cualquier
caso, las indicaciones del personal medioambiental.
En vehículo propio: Seguir la calle principal de
Guadalmar hasta la playa. Estacionar el vehículo y
bordear el río para adentrarse en el espacio
natural. Si el río impide el paso por la playa:
Seguir la calle de la iglesia, hasta encontrar
frente a un colegio el acceso para ascender a pie al
terraplén. Recorremos en sentido contrario 200
metros y accederemos por el azud sobre el río.
Dónde comer: Lo mejor es acercarse a la playa
y disfrutar de los mejores pescados y carnes frente
al mar. |
Antes del inicio del otoño comenzaron a llegar las
primeras águilas pescadoras a las lagunas y
humedales de la provincia. Desde mediados de
septiembre se desplazan hacia el sudeste y el sur
europeo, siguiendo las costas y los cursos de agua
y, a lo largo de todo el mes de octubre permanecerán
entre nosotros para, por primavera, volver a ocupar
nuestros espacios y encontrar de nuevo alimento y
descanso, antes de acometer el viaje a sus lugares
de cría, sobre todo a los de las islas Canarias,
donde ya por febrero acondicionan y reparan los
nidos y ejecutan los rituales que preludian la
cópula.
En esos meses podremos contemplar estas
impresionantes rapaces que, por su aspecto recuerdan
a las grandes gaviotas, si bien su silueta se parece
mucho más a la del águila perdicera, provistas de
uñas curvadas y aceradas como anzuelos, volando a
unos 50-70 metros de altura sobre el agua hasta
localizar una posible presa.
Caída vertiginosa
Súbitamente detendrá su vuelo y plegando las alas se
precipitará sobre la misma en vertiginoso picado. El
contacto es a veces tan violento que deberá
desplegar las alas para evitar hundirse bajo el
agua, aunque su capacidad para cerrar las narinas
impiden que inunde las vías respiratorias. Después
emergerá lentamente y, tras un breve descanso de
unos pocos segundos, reiniciará el vuelo con un pez
de gran tamaño atrapado entre las garras, que
devorarán sobre alguna de las perchas en los
eucaliptos y otros árboles. Esperemos que algún día
podamos ver esta preciosa rapaz criando en nuestros
humedales y roquedos, como aconteció en los 70
cuando nidificó en los acantilados de Maro. Para
ello es preciso culminar con éxito los proyectos de
reintroducción en las marismas del Odiel, Bahía de
Cádiz, embalse de Arcos-Bornos y Desembocadura del
Guadalhorce y, al igual que en el P. N. de Los
Alcornocales, lograr que las aves superen el periodo
de crecimiento y se integren con sus congéneres.
Mientras las águilas pescadoras evolucionan y
trasiegan por nuestros humedales, a lo largo del mes
de septiembre, en que ya refresca el aire, los
aguiluchos laguneros prospectan orillas y bajíos,
surcan el aire y comienzan a concentrarse gansos y
limícolas, patos cuchara y ánades silbones, que
pasarán entre nosotros el cálido otoño y el invierno
de suaves temperaturas, al mismo tiempo que las
pagazas piconegras abandonan sus colonias de cría.
Nuestros humedales bullirán con las especies que
ocupan orillas y someras isletas: aves de paso e
invernantes como archibebes claro y común,
cormoranes, agujas, avocetas, cigüeñuelas,
fumareles, combatientes, chorlitejos, andarríos y
otros.
Para contemplar tan rica avifauna con detalle, es
preciso ir provisto de prismáticos y a ser posible
de un telescopio de campo. |
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