PROVINCIA DE MÁLAGA
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 ESCÁPATE - REPORTAJES

El Turón es conocido popularmente como el río de El Burgo.
Incursión en la naturaleza. Reverdece el valle del río del Burgo
Las últimas lluvias devuelven el vigor a este enclave de la Sierra de las Nieves, un acontecimiento natural que recobra su impetuoso torrente y el esplendor de su colorida vegetación

 

LA RECETA DE CHARO CARMONA

Cómo llegar: Dirigirse al pueblo de El Burgo en vehículo propio o en autobús de línea. A través de la carretera A-357 de Málaga a Campillos, pasada la carretera a Álora, debemos seguir la desviación a la izquierda que conduce a Yunquera y, desde allí, dirigirse hacia El Burgo. Una vez superado el puerto de las Abejas, se llega a una zona llana donde un gran cartel de la Junta de Andalucía señala el inicio de la ruta de la Fuensanta. El arroyo muestra al principio una bella vegetación de ribera. Enseguida, se llega al Vivero, frente al cual, en unos taludes herbosos, se ven los primeros grupos de lirios y en el resto del recorrido veremos romero y aulagas en flor. Más adelante, al descender hacia el carril que conduce a El Burgo, los lirios serán más abundantes, amparados en las umbrías.

Dónde comer: En El Burgo: Hostal Restaurante Sierra de las Nieves, C/ Real, 26 (t 952 16 01 17). En Yunquera: Restaurante Merino, C/ Nacimiento, 14. (t 952 48 27 33). Restaurante El Castillo
(t 952 48 25 92).

Más información: En el Ayuntamiento de la localidad se puede encontrar más información (t 952 160 180).
Bernardino León Díaz

Los mustios prados y riberas que nos dejó la sequía en el valle del río de El Burgo han cobrado un inesperado vigor tras las últimas lluvias. La vegetación chamuscada por las altas temperaturas parecía que fuera incapaz de renovarse, hasta que un día el río nos sorprendió precipitándose por el amplio cauce hasta embalsarse en el primer dique que lamina las avenidas. El río pareció renacer súbitamente, la mansa corriente se tornó en torrente impetuoso y la vegetación de las riberas alcanzó un inesperado esplendor: el romero y la aulaga floreció por los márgenes de los caminos y un tapiz de lirios de una especie singular puso una nota de color en el renovado herbazal de los prados.

Para constatar tan hermoso acontecimiento natural, vale la pena tomar la mochila y dirigirse a pie, en bicicleta de montaña o incluso en vehículo de motor, por las márgenes del rumoroso arroyo de la Fuensanta, demorarse el tiempo necesario en la zona recreativa, y tras un par de kilómetros de marcha por una zona agradable, sombreada de árboles, tomar el carril de la derecha, que asciende hacia el Puerto de la Mujer, en un cruce de caminos que señaliza una cruz de piedra de estilo gallego.

Desde el puerto descenderemos hacia el río, con la vista puesta en el valle de Lifa y en las desnudas vertientes septentrionales de la Sierra de las Nieves. Nuestro objetivo es divisar el río de El Burgo (oficialmente Turón), y recorrerlo explorando su cauce por su margen derecho asomándonos a los miradores ensanchados en el elevado carril que nos lleva hasta el pueblo y otras veces descender hasta las mismas riberas. Casi al inicio del carril que lleva hasta El Burgo, al borde del camino, se ve un pilar que ha habilitado el guarda mayor en el margen derecho, que recoge el agua de un pequeño manantial.

Desde uno de esos miradores, sobre un altozano, nos sorprenderá el rumor de una poderosa corriente de agua. A nuestra derecha, más abajo, divisaremos el cortijo de la Yerbabuena, donde hay un aprisco de ovejas y una valla metálica impide atisbar el lugar desde dónde se despeña el agua. Unas curvas más abajo, sabremos encontrar unas estrechas sendas que nos permitirán contemplar la cañada de la Botera y el primer dique del río donde varias cascadas de agua son la causa de tal estruendo.

A uno y otro lado del camino veremos lirios que se amparan en las umbrías. Según Oleg Polunin, son los conocidos en Ronda como lirios de Navidad, pues florecen por esta fiestas y suelen cubrir las colinas que rodean la ciudad del Tajo y muchas otras sierras calizas de los alrededores, salvo en este seco año, en que habían perdido la flor y en los pradillos de la sierra Blanquilla, en el puerto del Viento y en otros enclaves serranos, en los años más favorables se cubren de un tapiz de estas flores singulares que han quedado ahora desnudas, sin flor y con las hojas comenzando a secarse.

Por fortuna, las lluvias han devuelto la lozanía perdida a los lirios de estos caminos y a los pradillos del río, que han vuelto a reverdecer como por ensalmo. Se trata de una curiosa especie no emparentada con los lirios bulbosos europeos, sino con los de la sección Juno, que sólo se hallan desde el Asia occidental hasta Rusia y Afganistán. A veces se confunden con las mazucas, también especies bulbosas pertenecientes a un género que se cría en África del Sur.

Más adelante encontraremos el segundo dique del río, un lugar frecuentado durante el verano por los habitantes del pueblo que aquí vienen a bañarse. Al igual que en el dique primero, cinco hermosos caños de agua alimentan el cauce aguas abajo.

Conforme nos acercamos a El Burgo encontramos una zona espectacular con pequeños cortijos y casitas de campo, en ambas márgenes del río, entre frondosas alamedas y choperas que en parte han perdido sus hojas doradas. En los taludes herbosos pastan los rebaños de ovejas y el río desciende con brío en dirección al pueblo, despeñándose a veces en someras cascadas, en la umbría de un infranqueable zarzal.

En el resto del camino que nos acerca a la población, nos acompañan junquerales espesos, jóvenes árboles de ribera, álamos blancos, chopos y profundas saucedas.

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