PROVINCIA DE MÁLAGA
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 ESCÁPATE - REPORTAJES

Un grupo de 'cucharas'.
Incursión en la naturaleza. Invernantes en el río Guadalhorce
El viento frío del norte sopla en la zona de la Desembocadura y levanta chorlitos y correlinos, los archibebes claros se guarecen en el matorral y los patos cuchara ocupan las aguas abiertas
 

LA RECETA DE JOSÉ MIGUEL CAMPAÑA

Cómo llegar

Destino: Desembocadura del río Guadalhorce.

Medio: Autobús urbano nº 10, o en vehículo propio, hasta la Urbanización Guadalmar. A pie, seguir la calle de la iglesia hasta encontrar un carril que asciende a la parte alta del terraplén, desde donde se ve un campo de fútbol de un colegio. A unos 200 metros a la izquierda se encuentra el vado sobre el río que nos adentra en el Paraje natural. El carril nos conduce directamente al mirador elevado sobre la Laguna Grande, donde veremos numerosas anátidas nadadoras: patos cuchara, ánades reales, frisos, rabudos y, con suerte, algún silbón europeo, todos ellos acompañados de fochas y patos buceadores.

Dónde comer: En cualquiera de los merenderos que hay en la línea de playa.

Equipo: Para ver con detalle las especies mencionadas, y otras que eventualmente acudan a este espacio natural de la Desembocadura del Guadalhorce, deben proveerse de unos buenos prismáticos o un telescopio de campo.
Bernardino León Díaz

A principios del mes de octubre comenzaron a llegar las primeras aves que se desplazan a pasar el invierno en los espacios lagunares de la provincia de Málaga. A finales de diciembre, en pleno solsticio invernal las poblaciones, por escasas que sean en las lagunas de Fuentepiedra, Campillos, Capacete, La Ratosa, Desembocadura del río Guadalhorce y algunos otros aguazales de menor entidad, presentan una febril actividad. A las aves sedentarias y a las de otoñada se suman las que desde muy lejos se desplazan huyendo de las gélidas temperaturas septentrionales europeas y todas ellas componen una multitud que trajina por las charcas entre vistosos prados amarillos de vinagreras y blancos mastuerzos de mar.

A las garzas reales y los pocos flamencos invernantes se les unen bandadas de cormoranes grandes, fochas y charranes, agujas, cigüeñuelas y avocetas. La escasez de lluvias ha reducido de forma considerable el nivel de la lámina de agua en Fuentepiedra y en el resto de las lagunas antequeranas. Sólo la Desembocadura del Guadalhorce, como ya sucediera en el pasado año, mantiene sus niveles ordinarios.

En estos primeros días del mes de enero, el viento frío del norte sopla por el corredor del Aeropuerto y el Guadalhorce y levanta chorlitos y correlimos, entre someros grupitos de limícolas, algún tridáctilo solitario y alcatraces y pardelas en el aire. Uno o dos ejemplares de archibebes claros se guarecen entre el matorral. En las lagunas de mayor tamaño los patos cuchara ocupan las aguas abiertas y someras, con abundante fango y vegetación circundante, tanto en aguas dulces como saladas. En tiempos relativamente recientes se llegaron a contar 1500 cucharas en Fuentepiedra, más de 160 en La Ratosa y casi un centenar en la Desembocadura de Guadalhorce. Sea donde sea, se reúnen en grupos pequeños para comer de una manera peculiar, con el pico a ras del agua filtrando ésta y reteniendo los moluscos, insectos, crustáceos, semillas y algas que componen su dieta.

Los cormoranes ocupan las ramas de los tarajes y a los grupos de cucharas se le incorporan numerosos porrones comunes, algunos porrones pardos y ejemplares aislados de porrones bastardos, poco frecuentes en estos pagos, así como patos colorados, ánades reales, rabudos, frisos y silbones en cantidades muy reducidas, cuando no hace tanto era especie abundante, y advertía de su presencia con sus silbidos característicos. Hoy por hoy, también se ve una par de ejemplares de una bonita anátida que cría en el Báltico y en las costas escandinavas y emigra hacia el sur durante la temporada fría, el tarro blanco, que se desplaza principalmente a Turquía, Grecia e Irán y en grupos pequeños se aventuran hasta la Península ibérica, el valle del Nilo, Oriente medio y el Golfo Pérsico. A veces se ven también tarros canelos, probablemente escapados de colecciones particulares.

Con las primeras luces del día comienza en la Laguna Grande el trasiego de cucharas, fochas comunes, entre las que trata de pasar desapercibida alguna tímida gallineta, patos buceadores y otras aves que ocupan las someras isletas terrosas para descansar. Las garcetas comunes recorren las orillas atrapando moluscos e invertebrados sin detenerse y no muy lejos del descansadero, donde sus largas patas se lo permitan, los flamencos filtran su alimento mientras avanzan con andar cansino.

Los otros ánades no paran un instante. El friso capuza cerca de las isletas y se solea en ellas cuando parece haber resuelto sus necesidades alimentarias, el real se adapta a casi todos los tipos de terreno, ya sea en el agua, por donde se desenvuelve con mayestático porte, como en sus cercanías. El silbón anuncia su presencia y el bonito rabudo se protege en las zonas costeras y en estuarios, marismas y lagunas interiores despejadas. Los zampullines chicos se sumergen a la menor señal de peligro y los cuellinegros no le andan a la zaga.
Alguna avoceta suele posarse en la barra de tierra y es a veces desplazada por alguna especie de mayor tamaño, que se detiene a descansar. A partir del mes de enero suele venir la bonita gaviota enana, la más pequeña entre sus congéneres, que no llega a alcanzar el tamaño de una tórtola.

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