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 ESCÁPATE - REPORTAJES

Vista panorámica de la localidad de Benarrabá. / SUR
Un viaje de cuchara. Guisillo de setas con garbanzos en Benarrabá
La Serranía oculta entre las arrugas de sus montes y a la sombra de sus bosques algunas delicias gastronómicas dignas de un César
 

LA RECETA DE JOSÉ MIGUEL CAMPAÑA

La receta de Mercedes Méndez Kábilas continúa la tradición, hija del hambre, de agregar a los potajes y guisos las setas como sustitutivos de la carne.

Ingredientes (4 personas):
300 gr. de garbanzos.
600 gr. de setas (boleto, chantarella, parasol, níscalo, yema de huevo.).
1 rebanada de pan asentado.
1 cebolla grande.
3 dientes de ajo.
Un puñado de almendras.
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
Sal (al gusto).

Elaboración:
En una cazuela con el aceite se fríe los ajos pelados y laminados. Cuando estén dorados, se añade la cebolla y se cocina a fuego lento hasta que esté pochada, momento en que se le agregan las setas limpias y troceadas y se dejan hasta que estén tiernas. Si es necesario, se le puede verter un poco de agua.
Hechas las setas, se agregan los garbanzos, previamente cocidos, un litro de agua y se deja guisar diez minutos. Mientras, se fríe el pan y las almendras, se echan a un almirez y se hace un majaíllo con algo de agua, se le añade al guisillo y se rectifica de sal y se deja dar un hervor.

Cómo llegar: Salir hacia Algeciras por la autovía de peaje hasta la salida 142 y tomar la A-377 hasta Gaucín (24 km), donde nos incorporamos a la A-369 dirección Ronda durante 3.6 km, para desviarse a Benarrabá (2.5 km) por la MA-538.

Restaurante:
Kábilas.

Dirección:
C/ Sierra Bermeja, s/n.

Teléfono:
952 150 288.

Día cerrado:
De lunes a jueves al mediodía durante el invierno.

Otros platos tradicionales:
Saltavallao, Salmorejo de carne, migas de pastor, sopa de ajo, pisto.

Tarjeta:
Sí.

Precio del plato:
5 euros.

Fernando Rueda

Antiguamente el arroz, las lentejas, los garbanzos antes de ser guisados se sometían a un meticuloso proceso en el que intervenía la madre y la chiquillería: 'ehpurgá' o si prefiere espulgar o escudriñar las legumbres en busca de piedrecitas, los garbanzos negros y 'otras cosas' que acompañaban a las semillas en esos cartuchos de papel de estraza en el que te servían el cuarto y mitá de garbanzos que se compraba. Hoy ya no es posible. Había -recuérdese cuando éramos niños- una frase que considerábamos un insulto: «Eres el garbanzo negro de la familia» ¿sabrán hoy qué es eso?, también, se decía: «La que come un garbanzo negro y novio tiene, poco lo quiere». Todo ello sólo nos lleva a que los garbanzos son parte de nuestros fogones más tradicionales que se han guisado con lo que hubiese a mano; en este caso, haciendo memoria histórica del hambre, con las setas que se recogían por el lugar.

El primer indicio de setas relacionadas con la cocina aparece en unos textos sánscritos de hace más de 3.200 años; pero eso fue hace mucho y muy lejos. Más recientemente y más cerca, tenemos el testimonio de los griegos, muy aficionados a la micología, amén de ser los primeros (que sepamos) que cultivaron champiñones y describieron sus propiedades curativas, tal es el caso de Hipócrates (460-377 a.C.). Igualmente, los romanos disfrutaron de sus carnes y sus virtudes; pues, igual la empleaban como afrodisíaco o por sus propiedades curativas, ya por el placer de comerlas o por su letal veneno, cuyo caso más conocido -según algunas versiones, comenta el historiador Suetonio (70-160 d.C.)- es el envenenamiento de Claudio por su eunuco Haloto, catador de sus alimentos, a instancias de Agripina, su 'amante' sobrina y esposa, parece ser, al servirle un plato de setas entre las que había insertado la mortal amanita phaloides. Para que te fíes de la familia.

Durante la dominación musulmana se perdió prácticamente su recolección por el miedo atávico que le tenían los árabes a las setas; no obstante, han sido siempre un producto de temporada que, aunque muy sabrosas, no apartaban realmente calorías, pero sí resolvía razones menos prosaicas, el hambre. La tradición y esa afición innata del hombre a la recolección y a la caza han hecho que se siguiera recogiendo este manjar, para tomarlo en multitud de platos de carne, caza o verduras.

El restaurante Kábilas potencia uno de los productos naturales que ofrecen los frondosos bosques de la cuenca del Genal y alrededores. Por esos pagos con las primeras lluvias la gente sale al campo a recolectarlas. Cada vecino tiene sus rincones 'secretos' para cada tipo de seta, que guarda celosamente. Muchas de estas setas que huelen a bosque son compradas por Mercedes para su negocio; allí las limpian, trocean y congelan para poder surtirse prácticamente todo el año.

Cantidad y diversidad

La variedad y cantidad, es parte de su riqueza. Veamos algunas de las que puede encontrase en el potaje de hoy. La más exquisita es la yema de huevo (Amanita caesarea), llamada en otras zonas oronja, debiendo su nombre científico a que era -se dice- la preferida del César y, el popular, a la forma y color que tiene; sin embargo, en épocas de hambre fue empleada en la zona como sustitutivo de la carne para las ollas. En los chaparrales recolectan la chantarella (Cantharellus cibarius), también conocida por rebozuelo, cuerno de la abundancia o seta de San Juan. Su carne es abundante y tierna con un olor singular a albaricoque.

Por los bosques de coníferas y pinos buscan los níscalos (Lactarius deliciosus) por su carne blancuzca, que se torna anaranjada como el jugo o leche que segrega, y su olor afrutado. Muy abundante son entre hayas y castaños los robustos boletos (Boletus edulis) con su esponjosa carne de sabor intenso y la seta de cardillo (Pleurotus eringii) compacta, de aroma penetrante, toques de humedad y aterciopelada en la boca, sin olvidar al estirado parasol (Lepiota gigante) con su tierna carne de aromas a nuez que se rebusca por los alcornocales y encinares. ¡Buen provecho!.

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