
El casco histórico, muy bien conservado, mantiene el
tipismo de pueblo andaluz y marinero que en su día
fue este gran centro del turismo internacional. /
JOSELE-LANZA |
Otra vuelta a Málaga. Paseando y tapeando por Marbella
Marbella es una ciudad
ensuciada por su historia más reciente, pero detrás de esa
nube aparece una ciudad cómoda, asequible, con un casco
antiguo que es un pueblo típico andaluz en el centro de una
ciudad moderna
|
|
LA RECETA DE JOSÉ MIGUEL CAMPAÑA |
|
RESTAURANTES
Calle San Lázaro: En pleno casco antiguo. Tres
sitios en esta calle estrechísima: El Bartolo (la
porra), El Estrecho (los callos) y Tierraranda (el
pastel de morcilla). Mesas y barra, ambiente
desenfadado y tapas caseras.
Bar Altamirano: En la plaza del mismo nombre,
también en el casco antiguo. Es el que suelen
recomendar los marbellíes, y en estas cuestiones
conviene ser obediente. Pescaíto frito..
F Bodega de Santiago: Pequeña terraza muy cerca del
paseo marítimo, en la avenida del mar. Desde conchas
finas hasta tapas de cordero guisado. Para chuparse
los dedos.
De platos (si no nos importa gastar)
Ruperto de Nola: Fantástico exponente de la
nueva cocina. Perfecto para los sibaritas que dicen
estoy en Marbella y quiero lo mejor. Del dueño de la
conocida marisquería Santiago. Ya que se viene, por
qué no el menú degustación. Avda. Antonio Belón (muy
cerca del paseo marítimo y la avenida del mar). Tlf:
952 76 55 50.
La Tirana: Cocina tradicional con toques
innovadores en un hermoso patio. Lujo cercano, bueno
pero no de etiqueta ni mucho menos. Excelente
relación calidad precio (sin olvidar que estamos en
un restaurante bueno). ¿Unos riñones de cordero con
hojaldre, por ejemplo? En Huerta Márquez
(urbanización La Merced Chica, siguiendo Ricardo
Soriano hacia el oeste). Tlf: 952 86 34 24.
Bueno y barato
El Canuto: Pescado fresco y bien frito en el
puerto pesquero. Salmonetes, boquerones,... Trato
familiar, ambiente popular, precios aptos para todos
los bolsillos junto a un puerto mediterráneo. Calle
Esteban San Mateo. Tlf: 952 770 032.
|
Pablo Aranda
Marbella ahoga a Marbella. Lo que leemos, lo que nos
cuentan, lo que imaginamos va tragándose a Marbella,
una ciudad que es necesario visitar para comprobar
que en lo que nos contaron faltaban datos,
callejones, plazas, tranquilidad. Marbella no es
solo la ciudad con mejor clima de Europa, que no es
poco, es una ciudad de cien mil habitantes, es la
novena ciudad en importancia de Andalucía, elegante,
luminosa, abierta al mar. Marbella es una ciudad
ensuciada por su historia más reciente, por ciertos
programas de televisión y los protagonistas y
espectadores de esos programas, pero detrás de esa
nube aparece una ciudad cómoda, cosmopolita,
asequible, con un casco antiguo que es un pueblo
típico andaluz en el centro de una ciudad moderna,
con infraestructura para acoger a los turistas con
mayor poder adquisitivo, pero también sorprende
gratamente, y acoge, a ese viajero normal que solo
pretende ver una ciudad bonita y pasar unos días
tranquilo en una ciudad que se asoma al mar y que
cuenta además con multitud de interesantes
excursiones que parten de ella, y todo sin tener que
gastarse más dinero del que pagaría en cualquier
otra.
Un pueblo blanco en el corazón de Marbella
En el corazón de Marbella existe un pueblo blanco de
callejones empedrados y plazas que en este invierno
primaveral huelen ya a azahar. Para comenzar la
visita dirijámonos al casco antiguo, en pleno
centro, perfectamente señalizado, aparquemos allí
mismo en un aparcamiento público si no hemos tenido
suerte en las calles de alrededor. Si empezamos por
la Plaza de la Victoria, una primera sorpresa nos
confundirá, pues lo primero que observaremos será un
busto de Jaime de Mora y Aragón, pero eso, es solo
para confundirnos, sigamos por la calle Estación y
nuestra visión se abrirá con la calle, que termina
en una plaza que consigue que Marbella nos conquiste
si no lo había hecho aún. Es la Plaza de los
Naranjos, la de la casa consistorial, con su oficina
de turismo junto al ayuntamiento, que miraremos con
cierta extraña familiaridad, donde nos proveeremos
de planos que ordenen nuestro callejear. Si somos
madrugadores por qué no buscar la esquina opuesta a
la oficina de turismo y empezar el día de fiesta
como nos enseñaron gentes más sabias: con un
chocolate con churros. La churrería Ramón, abierta
en 1941, sin duda es un buen sitio. Allí
estudiaremos los planos (alguna gota de aceite hará
que guardemos el mapa como si se tratase de una
reliquia, san Churro Bendito, mártir, muerto
amasado, frito y luego comido justo antes de que
Fernando el Católico entrase en Marbella en 1485;
por cierto, ¿dónde estaría Isabel?). Podemos ir
fijándonos dónde comer luego, aunque sitios no nos
van a faltar. En ese recorrido con la mirada desde
la esquina de la plaza, sin duda nos detendremos en
la fachada de la Casa del Corregidor, hoy convertido
en el restaurante Ciaboga, con una fachada que
merece el primer oh. Una capilla con una orientación
diferente al resto de casas, la de Santiago, fundada
-como la plaza- por los Reyes Católicos (vaya, LOS
Reyes, ahora sí estaba Isabel) y los naranjos
completan la plaza junto al busto del rey actual
(Juan Carlos I, por si alguien descubriese este
texto dentro de muchos años y quisiese situarlo) y
otros restaurantes con terrazas o balcones a la
plaza.
La torre de la iglesia nos lleva a su plaza
Ya hemos visto sobresalir por los tejados la torre
de la Iglesia de la Encarnación, y el siguiente paso
puede ser ir a buscarla. Sin hacer caso al plano
goteado, pues aquí todo está cerca y una pérdida
momentánea no hará sino mostrarnos algún rincón
precioso, salimos hacia la plaza de la Iglesia. La
Iglesia Mayor de Santa María de la Encarnación, el
edificio más imponente de Marbella, comenzó a
construirse a comienzos del siglo XVII, aunque el
interior tuvo que ser reconstruido tras la guerra
civil. La bonita plaza nos muestra grandes restos de
la muralla árabe y tomando algunas de las callecitas
que salen de ella podemos continuar nuestro
recorrido. Si tomamos la calle del Viento llegamos a
la calle de Hospital Bazán, donde está el
interesante museo de grabado, con obras de Picasso,
Miró, Dalí, Chillida o Tapies, entre otros, además
de las exposiciones temporales, aunque el edificio
en sí ya merece la pena, y a pesar de ser de época
renacentista, tiene elementos del gótico y del
mudéjar.
Las primeras tapas en San Lázaro
Desde allí podemos continuar hasta la plaza
Altamirano, donde tomarnos la primera tapa en el bar
Altamirano (ojo, suelen cerrar en enero o febrero),
o tomar calle Salinas y recorrer lo que los
marbellíes llaman El Castillo, unas murallas en
realidad de un castillo musulmán, pero bien
conservadas y que hacen más encantador nuestro paseo
por esas callejuelas. Si regresamos hasta la plaza
de la Iglesia y continuamos en esa dirección por
callejones salpicados de suntuosos escaparates y
casas antiguas encaladas, llegaremos -pasada la
plazoleta África- a una calle estrechísima, la calle
San Lázaro, donde le pondremos la tapa a la cámara
porque vamos a por eso, a por la tapa. No es
necesario permanecer mucho rato en cada sitio -si
somos agoniosos y queremos verlo y probarlo todo-
pues hay tres bares de buenas tapas caseras, El
Estrecho, El Bartolo (que además nos pondrá un
aperitivo con la caña) y, enfrente del primero,
Tierraranda.
salgamos del pueblo y entremos en la ciudad.
Ya repuestos del desgaste de la fructífera caminata
salgamos del casco antiguo, salgamos del pueblo y
entremos en la ciudad. Cruzamos la Avenida Ramón y
Cajal que poco después se convierte en Ricardo
Soriano, la arteria principal de Marbella, y
adentrémonos en la frescura de la Alameda, y al otro
lado sigamos la peatonal Avenida del Mar por la que
llegamos hasta el Paseo Marítimo. Justo antes de
bajar los escalones que nos separan del Paseo y de
la playa, a la derecha, saciemos el apetito más
urgente en la Taberna de Santiago, seguro que no
podremos tomar solo una tapa. Andemos hasta el
puerto deportivo (aparte del de Puerto Banús adonde
podemos ir a tomar un café abrumados por los
mástiles de los veleros inverosímiles, y del puerto
de Cabopino, junto a las dunas de Artola, también
está este puerto deportivo en el centro de
Marbella), es un paseo agradable ante innumerables
terrazas donde poder picar a un precio más que
razonable (y estamos en el centro de Marbella, ¿eh?)
con algún que otro restaurante para quienes no se
conformen con lo ofrecido hasta ahora. Tras recorrer
el puerto deportivo tomemos el paseo marítimo en
sentido contrario, y dejemos que el apetito se
recupere mientras sorteamos a deportistas y a
quienes como nosotros buscan la proximidad del sol,
la arena y el mar. Por el camino nos toparemos con
algún merendero a pie de playa (el Beach Club del
hotel El Fuerte) pero resistamos hasta el final del
paseo, nos espera el puerto pesquero. Allí la
presencia de casas de pescadores nos sorprenderá,
como la existencia de un par de chiringuitos de
pescado fresco fresquísimo y formas y precios
populares, como El Canuto. Ya un poco cansados, ya
totalmente conquistados por Marbella y encima esta
recompensa.
Fin de la mano de Luis León
Pero terminemos nuestra visita en el casco antiguo,
como seguramente la terminaría Luis León, el
detective del inolvidable Félix Bayón, tomándonos
algo dulce, muy dulce. En la calle Ancha nos espera
'La tetería', con sus habitaciones semioscuras y su
ambiente informalmente relajado, o en la calle
Alderete, muy cerca de la plaza de la Iglesia, en
'The zen room', en un ambiente minimalista envuelto
en música chill-out, ideal para un batido o un té
con una porción de tarta casera, o dos. Ahora,
cuando leamos el nombre de esta ciudad, las imágenes
que se agolparán en las paredes de nuestra mente
serán otras, más claras, más luminosas, más limpias,
sin duda mejores, y totalmente reales. |
|