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 ESCÁPATE - REPORTAJES

Vista panorámica del municipio de Alozaina. / SUR
Un viaje de cuchara. Un cocido de berzas con pringá en Alozaina
Estas fechas próximas a los carnavales eran los últimos días de la matanza y de disfrutar de unas grasientas berzas antes de las restricciones cuaresmales
 

LA RECETA DE JOSÉ MIGUEL CAMPAÑA

Las berzas bien surtidas de pringue son un plato consistente, de los que hacen sudar, hay que tomarse su tiempo y satisfacen el paladar tal y como reza la expresión popular: «Berzas con tocino, trozo de pan y trago de vino».

Ingredientes (4 personas):
1¼2 kg. de habichuelas.
150 gr de garbanzos.
2 patatas medianas.
1¼4 kg. de calabaza.
150 gr. de costilla de cerdo.
100 gr. de tocino fresco 'entreverao'.
1 morcilla pequeña.
1 chorizo pequeño fresco.
Sal (al gusto).

Elaboración:

Dejar los garbanzos en remojo desde el día anterior.

Echar en una olla los garbanzos con la carne y el tocino, cubriéndolo de agua. Sazonar y dejar hervir a fuego medio. Cuando el garbanzo esté tierno, añadir las habichuelas, la calabaza en trozos pequeños, la patata 'casqueá' (cortada en cascos), la morcilla, el chorizo y dejar hervir 15 minutos.

Si hubiese que rectificar de agua, debe añadírsele caliente para que no se pongan duros los garbanzos.

Cómo llegar:
Salir de Málaga por la A-343 (27 km.) dirección Cártama y, dejada atrás, desviarse por la A-354 que lleva a Ronda hasta Alozaina un trayecto de18 km.

Restaurante:
La Jaca.

Dirección:
Junto a la gasolinera de entrada al pueblo.

Teléfono:
952 48 11 67.

Día cerrado:
Los martes.

Otros platos tradicionales:
Callos, carrillada de cerdo en salsa, guisillo de cegajo, caracoles en salsa, gazpachuelo.

Tarjeta:
Sí.

Precio del plato:
3,5 euros (los jueves o por encargo).
Fernando Rueda

En Málaga, como en casi toda Andalucía, se entiende por berzas el cocido que lleva 'verde' entre sus ingredientes; ya lo dice el refrán: «Olla sin verdura, ni tiene gracia ni hartura», sea judías verdes, acelgas, tagarninas, lechugas y no necesariamente las berzas o coles. Su historia, una vez más, se inicia en los calderos de al-Ándalus donde estaban ligadas las tradiciones culinarias de las tres religiones, especialmente la hebrea y la árabe, haciendo difícil averiguar realmente la cuna de ciertos platos andaluces y españoles. Lo que parece claro es que nuestros pucheros hablaron ladino o lengua sefardí. Los judíos practicaron hasta su expulsión de España (1492) sus ritos y gastronomía con idéntico celo. El plato típico del 'shabat' (sábado) fue la adafina, antecedente del cocido, que cambia de nombre en cada esquina del país: potaje, olla, puchero, berzas, pote, l´escudella i carn d´olla, almodrote., con escasas -o irrisorias- variaciones por los singulares ingredientes de cada rincón de España.

La adafina (o addafína, término procedente del árabe clásico 'daf_nah', enterrada en el rescoldo), que por la prohibición de realizar trabajos el sábado debía prepararse al anochecer del viernes cubierta con el rescoldo para que se guisara lentamente durante la noche, consistía en una olla de garbanzos, alubias, arroz, calabaza, zanahoria, cebolla u otras verduras, incluyendo carne de vacuno, cordero y pollo, además de huevos duros, condimentado con aceite, pimienta, sal y ciruelas pasas o membrillo.

En la adafina, y por extensión en el cocido o en cualquiera de sus formas, se observa la peculiaridad de los tres ingredientes fundamentales en la alimentación humana: las carnes, las legumbres y las verduras. La adafina se servía en tres vuelcos: primero, la sopa, espesada con migas o lonchas de pan duro; segundo, las verduras y legumbres; tercero, las carnes y las chacinas. Quien le añadió cerdo a la adafina, digamos que lo bautizó y supuso la aparición del cocido tal y como lo define el DRAE: comida preparada con carne, tocino, legumbres y hortalizas.

Un plato versátil

La versatilidad de los cocidos o berzas queda manifiesta en la expresión «bien parece cuanto en la olla cuece». Hay tantas variantes como ingredientes se les añada; desde las berzas de Semana Santa con su obligada vigilia a las que se saturan de carne y tocino. En muchos casas este rotundo y suculento potaje espeso de grasa son dos platos en uno: las berzas o verduras servidas en sopera como un plato de cuchara y, por otro, las carnes que constituyen la pringá, que se comen machacando todos los ingredientes en el plato y 'pringando'; es decir, mojando en la pringá con pan. Dice el DRAE en su primera acepción del término pringue que es «la grasa que suelta el tocino» y de pringar: «Empapar con pringue el pan u otro alimento». También es frecuente que se haga un 'majaíllo' con unos granos de pimienta, comino u orégano, un par de ajos y un chorreón de vinagre que se añadía cada uno en su plato.

En el refranero

La importancia de los cocidos en todas sus formas ha hecho que sean patrimonio de nuestros pueblos; que se les refiera en los refranes de los doy una pequeña muestra: definen el estatus -"los pobres tienen más coplas que ollas, y más refranes que panes"-, su preparación "olla que mucho hierve, sabor pierde"; sus ingredientes -"no hay buena olla sin un casco de cebolla"- sus carnes -"gallina que no pone huevos, al puchero", el tocino "ni casa sin vino, ni olla sin tocino"-, la espectacular morcilla "olla con jamón y morcilla, canela fina", etc. Claro está, si no hay para guisar una olla, también tiene su refrán: "a falta de olla, pan y cebolla". Igualmente, forman parte de nuestra literatura al aparecer reflejados en la obra de Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Bretón de lo Herreros, Pardo Bazán, Pérez Galdós, Rafael Alberti y un muy largo etcétera; a fin y al cabo identifica la esencia e idiosincrasia del español tanto o más que el Quijote. Por cierto, de las berzas de coles hablaremos otro día y ¡buen provecho!

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