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Recreación de una batalla épica en la Serranía

Montejaque revive la batalla de La Puente, uno de los episodios bélicos más famosos de la Guerra de la Independencia contra los franceses

HOJA DE RUTA

Cómo llegar: Desde Málaga hay que ir hasta Ronda y antes de entrar en la ciudad tomar la A-374 en dirección Sevilla hasta el desvío de la MA-7401, que llega hasta Benaoján. Una vez allí, se toma a la derecha la MA-8402 hasta Montejaque.
Cuándo ir. Este fin semana se recreará en las calles del pueblo la batalla de La Puente.
Más información. En www.montexaquez.org.

JAVIER ALMELLONES

El 20 de octubre de 1810 es una fecha señalada para los montejaqueños. Aquel día este pueblo de la Serranía de Ronda vivió uno de los episodios bélicos más heroicos de la Guerra de la Independencia gracias a la valentía de sus vecinos, quienes consiguieron repeler el ataque de las tropas francesas, que se tuvieron que replegar hasta Ronda. El escenario de esta hazaña popular tuvo lugar en el enclave conocido como La Puente.

Para que este momento histórico de Montejaque no caiga en el olvido, se decidió el pasado año recrear históricamente lo acontecido en aquella fecha. Y así volverá a hacerse durante este fin de semana en dos actos bien diferenciados.

En primer lugar, en la jornada de mañana, los vecinos del pueblo escenificarán en la plaza del pueblo el momento del anuncio de la llegada de las huestes francesas y la huida al monte, que se verá interrumpida por la entrada en la villa de las tropas invasoras. También se recrearán algunos episodios concretos, como el fusilamiento de un cabrero por parte de los soldados franceses o la imposible historia de amor que vivieron una vecina montejaqueña y uno de los oficiales galos.

Para el domingo se reserva la puesta en escena de la propia batalla de La Puente, en la que, según relatan algunas crónicas, se saldó con dos muertes por parte de los montejaqueños y numerosas bajas entre las tropas enemigas, que se vieron obligadas a huir a Ronda.
Es, sin duda, uno de los episodios que dio lugar al reconocimiento de la valentía de los habitantes de la Serranía de Ronda, que resistió con entereza y audacia la invasión del ejército napoleónico.

Durante este fin de semana, por tanto, Montejaque será un gran teatro en el que se pondrá de manifiesto la ilusión de los habitantes del pueblo por recrear aquel momento histórico. Y no sólo lo harán vistiéndose con la indumentaria típica de aquella época sino también con otras actividades, como un homenaje a la mujer montejaqueña o una actuación flamenca.

‘Montaña sagrada’
Es una buena ocasión para acercarse a esta localidad, bautizada por los árabes con el vocablo Monte-Xaquez, cuya traducción a nuestro castellano actual podría significar algo así como ‘montaña sagrada’ (antes se traducía como ‘monte perdido’).

Esta denominación se entiende una vez que se llega al pueblo, que está situado en las laderas de la Sierra de Líbar de tal forma que las moles pétreas que lo rodean parecen querer abrazarlo, con el fin de ocultarlo a la vista de aquellos que recorren las sinuosas carreteras del Valle del Guadiaro.

Su riqueza paisajística y ecológica es impresionante, ya que todo el término municipal está incluido dentro del Parque Natural de Sierra de Grazalema. Especialmente interesante es el camino que une al pueblo con la presa situada a unos cinco kilómetros. En toda esta zona, se van alternando los macizos rocosos con las verdes llanuras, salpicadas de una gran variedad de flores, donde pastan tranquilamente vacas y caballos.

El casco urbano de Montejaque también tiene numerosos atractivos desde el punto de vista arquitectónico, ya que cuenta con un antiguo barrio árabe, de calles estrechas y empinadas. Este conjunto de casas perfectamente encaladas parte de la plaza principal del pueblo, sede de una señorial casa consistorial y de la iglesia de Santiago El Mayor.
Otro de los edificios emblemáticos es el Palacete de los Marqueses de Mañara, también situado en la misma plaza. El inmueble data del siglo XVII, cuando la ocupó Miguel de Mañara, caballero de la Orden de Calatrava. Posteriormente, el palacio se utilizó como fábrica de embutidos hasta que en los noventa comenzó a funcionar como establecimiento hotelero.

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