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 ESCÁPATE - REPORTAJES

El pueblo está enclavado en una de las vertientes de la Sierra de las Nieves. / SUR / ARCHIVO
Un viaje de cuchara. El pipeo de Casarabonela
Cuando las habas inician su temporada, es el momento de preparar este trabado guiso viudo de carnes, que coincide con las carnestolendas cuaresmales

DATOS PRÁCTICOS

Este plato rescatado del olvido, elaboración meticulosa y larga es un guiso sencillo, muy gratificante al paladar y completo, el más emblemático de la zona.

Ingredientes (6 personas):

6 lechugas de oreja de burro.
1 kg de habas desgranadas.
1/2 kg de guisantes.
1¼2 kg. kg de alcachofas.
6 huevos.
3 hojas de laurel.
1 patata mediana.
1 cucharadita de pimentón dulce.
1¼2 cucharadita de comino.
1¼2 kg. de almendras.
1 cabeza y media de ajos.
1 ramita de perejil
1 rebanada de pan cateto.
1¼2 kg. de pan cateto rallado.
Aceite de oliva virgen extra
Sal (al gusto)

Elaboración:
Freír y apartar la cabeza de ajo entera, dorar y apartar las almendras, previamente peladas, y el pan.

Batir los huevos, echarle el pan rallado, los dientes de ajo restantes y el perejil muy picados. Se sazona, se amasa y en abundante aceite caliente se vierten con una cuchara sopera porciones de esta masa, se doran por ambos lados y se apartan.

Poner una olla grande con abundante agua y sal, cuando rompe a hervir, agregar la lechuga troceada para ensalada, las habas, los guisantes, las alcachofas en cuatro, el laurel y la patata casqueada y dejar cocer hasta que las habas estén tiernas.

Mientras, calentar medio vaso de aceite y agregarle el pimentón, darle una vuelta y verter en la olla. Cuando queden unos diez minutos agregar por encima las tortillas.

Por último, en un mortero labrar el pan, las almendras, el comino y los ajos y, una vez bien labrados, añadir a la olla, dejándolo un par de minutos. Apartar.

Cómo llegar:
Salir de Málaga por la A-343 dirección Cártama y, dejada atrás, desviarse por la A-354 que lleva a Ronda hasta Casarabonela un trayecto de 18 km.

Restaurante:
Bar Nuevo.

Dirección:
Plaza Buenavista, 2.

Teléfono:
952 45 65 72.

Día cerrado:
Jueves no festivos.

Otros platos tradicionales:
Conejo al ajillo, chivo a la pastoril, cocido de coles, callos.

Tarjeta:
Sí.

Precio del plato:
3,2 euros.
Fernando Rueda

La comida popular siempre se ha surtido de los productos de temporada, logrando guisos baratos y una alimentación completa por la variedad de ingredientes en el ciclo del año (la verdadera cocina mediterránea). Era costumbre, cuando se comía un producto por vez primera en la temporada, exclamar: «Jesús, por hogaño, que no me haga daño». Hoy es posible comer cualquier cosa en cualquier época del año, perdiendo parte del encanto que tenía la llegada de un producto al calendario. En los pueblos alejados de la vorágine urbana que despersonaliza todo lo que toca, continúa parte de esta forma de vida.

Casarabonela ha rescatado una receta antigua, que ha convertido en su abanderada culinaria, aunque de forma parecida se elabore en otros pueblos (El Burgo, Coín, Cuevas de San Marcos.): el pipeo, el más singular de los guisos de cuchara de estas tierras; un sorprendente plato de huerta que identifica plenamente la comarca, una ensalada de verduras guisadas sin chacinas, ni carne entre hojas de lechuga y pipas que le otorgan su inconfundible nombre, pipeo. Son varios los ingredientes que aparecen en el calendario por estas fechas: las habas y los chícharos que aportan sus pipas tiernas. Estos productos, junto a las alcachofas, marcaban la época para su elaboración, especialmente al arranque de la primavera; pues, las lechugas se producen durante todo el año. Pero, precisamente, la gran protagonista de este potaje es la lechuga, esa verdura que para la gran mayoría de los mortales se asocia al aliño verde de las ensaladas, a su consumo crudo; por lo tanto, no se entiende que se emplease históricamente para guisar, tal es el caso de nuestro plato de hoy.

La lechuga tiene un origen poco claro; parece que proviene de la India, se cultivaba en el antiguo Egipto (2500 aC) y fue muy consumida por griegos y romanos (todavía decimos lechuga romana). De ellos quedan sus referencias literarias como la del tratadista gaditano Columela (3 aC-70 dC) en su 'De re rustica', afirmando que «al que nada apetece restituye el apetito»; idea tan común en la antigua Roma que tenía su propio dicho: 'lactuta in cibis aviditatem incitat' (la lechuga entre comidas, abre el apetito) idea que ha llegado hasta nosotros; además, junto a Plinio (23-79), da recetas para hacerlas en conserva. Asimismo, era considerada un magnífico laxante que recuerda Valerio Marcial (40-104) en sus Epigramas: «Come lechugas y come emolientes malvas, pues tienes, Febo, la cara del que va estreñido» (LXXXIX); Por su parte el agrónomo griego Florentino (siglo III dC) en su Geórgica añade que su ingesta refrena la actividad sexual.

Los árabes también comieron abundantemente lechugas, legándonos desde fórmulas para el cultivo de piezas de gran tamaño -Ibn Wafid (1008-1074)-, a estudios médicos como los de Avenzoar (1073-1162) e Ibn al-Jatib (1313-1374) que la consideraban entre las verduras más saludable, sobre todo hervidas; pues, ayudan a conciliar el sueño, quitan la embriaguez, aumentan la leche de la mujer, abren el apetito y mil cosas más, entre ellas que frenan el deseo sexual (nada hay perfecto).

De reyes y de pobres

La España cristiana mantiene reducido su consumo, aunque aparece en el 'Arte cisoria' del Marqués de Villena (1423), donde comenta: «Las lechugas, bien lavadas de la tierra, quitar de sus fojas fasta que pocas e tiernas queden, mondando con el gañivete su cabeça de todas partes fasta lo tierno»; o en 'El arte de la cocina, pastelería, bizcochería y conservería' (1611) del cocinero de los Austrias, Martínez Montiño. Comida de reyes y de pobres, como recuerda Mateo Alemán (1547-1615) en su Guzmán de Alfarache al comentar que es uno de los escasos ingredientes que nadan en la escudilla.

Las lechugas han formado durante más tiempo parte nuestros guisos que de las ensaladas; ya saben eso de 'entre col y col, lechuga'; pues bien, aquí, además podemos añadir que 'en todas partes cuecen habas'. ¡Buen provecho!.

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