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 ESCÁPATE - REPORTAJES

Vista del municipio malagueño. / A. BONILLA
Un viaje de cuchara. Perdiz en pepitoria en Archidona
La veda se abrió a primeros del mes de octubre. Es la ocasión para disfrutar de esos guisos que no pierden el tufillo a pólvora
 

DATOS PRÁCTICOS

Restaurante: Las Viñas.

Dirección: Carretera de Archidona a Salinas, km 3.

Teléfono: 952 714 941.

Día cerrado: Lunes.

Cómo llegar: Tomar la desviación para Archidona de la autovía Sevilla-Granada. Pasar Archidona y seguir 3 km. por la carretera de Salinas.

Otros platos tradicionales: Porrilla de setas, migas de pastor, porra fría, carnes en horno leña.

Tarjeta: Sí.

Precio medio: 15 euros.


La receta de Vicente Astorga: La pepitoria es una salsa que originariamente tenía entre otros ingredientes, piñones, ideal para las carnes de ave, especialmente la gallina o la perdiz. La pepitoria acepta una buena cantidad de productos distintos en sus ingredientes, razón por lo que también fue sinónimo de revoltijo como lo señala Francisco de Quevedo (1580-1645) en este romance:

De ese famoso lugar
que es pepitoria del mundo
en donde pies y cabezas
todo está revuelto y junto.

Ingredientes para 4 personas:
4 perdices
1/4 kg de setas de cardillo
100 gr de almendras
Piñones (al gusto)
4 dientes de ajo
2 cucharadas soperas de harina
1 ramita de perejil
Aceite de oliva virgen extra
Sal (al gusto)

Elaboración: Se despluman las perdices, se le cortan los alones, las patas, el culo y el cuello y se flamean para quemar los restos de plumón que puedan quedar, se sazonan y se fríen en una sartén a fuego vivo hasta que se doren. Se sacan y se colocan en una cazuela.
En la misma sartén se fríen los ajos picaditos, lo piñones y el perejil, y se vierte sobre las perdices.
Se cubren de agua y se dejan cocer a fuego lento hasta que estén tiernas. Comprobar pinchando con una aguja.
Mientras cuecen, se tuestan las almendras en una sartén, se pasan por agua brevemente, se majan en un mortero y se agregan a la cazuela cuando se calcula quedan en torno a 5 minutos de cochura. También ahora, se agregan las setas, previamente limpiadas y pasadas por la sartén con la harina tostada.
Se mueve la cazuela para que se liguen todos los ingredientes, se rectifica de sal, se espera que termine la cochura y se sirve.
Fernando Rueda

De la caza, pesca y recolección, las primeras actividades humanas para garantizarse el sustento diario, sólo nos queda su versión estereotipada y reglada convertida en deporte. Un instinto larvado que mantiene a una parte de la población expectante con la apertura de la veda; pues la caza reconforta a unos con su actividad y a muchos otros con su resultado: la cocina de caza. Miguel Delibes afirma: «La caza es un deporte gastronómico».

Nuestra perdiz roja o común (Alectoris rufa), que habita en bandadas los cercanos campos de labranza, ha sido siempre un plato exquisito y así aparece en nuestra literatura. Valgan como ejemplos éste de Cervantes (1547-1616) en el 'Quijote' cuando Sancho en su breve gobierno de Barataria desea comerse unas perdices (II parte XLVII): «Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas y, a mi parecer, bien sazonadas no me harán algún daño»; o los versos de Bretón de los Herreros (1796-1873):

«Hasta un pinche que en docta pepitoria/ perdices o besugos condimenta/ de sabio alcanza ya la ejecutoria;/ que si a la parca víctimas aumenta/ la ciencia culinar, sabrosa muerte/ es morir con su sal y su pimienta.».

La perdiz esta ligada a la tradición popular hasta con supersticiones; así, se dice que quien sueña con ellas pronto se casará y todo eso de vivieron felices y comieron perdices. Lo peculiar es que, dada la asimilación de ideas, la perdiz se convirtió en la alegoría religiosa de la tentación y la lujuria.

Al final, para no marear mucho a la perdiz, dejémosla ir que, «a falta de perdiz o faisán, buenos son rábanos con pan».

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