
ANFIBIO. Los gallipatos pueden vivir en zonas secas
siempre que tengan cerca alguna charca, por reducida
que sea. / B. L. D. |
Inicio del verano en la salida al mar del Guadalhorce
Estos días son
propicios para observar especies presentes en el río como el
gallipato, el galápago leproso o la culebra viperina |
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HOJA DE RUTA |
Cómo llegar: Podemos optar por
utilizar nuestro vehículo o el autobús urbano nº 10,
que llega hasta la Urbanización Guadalmar. Tras
estacionar el vehículo o apearnos del autobús nos
dirigiremos por la calle de la iglesia hasta
encontrar un carril terrizo que asciende a la parte
alta del terraplén, frente al campo de fútbol de un
colegio. Mirando hacia el río, nos dirigiremos hacia
la izquierda y tras un recorrido de unos 200 metros,
descenderemos por un estrecho tramo de carril hasta
el nivel del curso fluvial, por cuyo alud terroso
atravesaremos el río a pie, pues una cadena impide
el paso a los vehículos motorizados. Enseguida
acometeremos el carril que conduce a la zona de las
lagunas que hay junto a la berma oriental y a la
orilla de algunas lagunillas someras.
Dónde comer: En cualquiera de los merenderos
que hay en la línea de playa. |
BERNARDINO LEÓN DÍAZ
Apenas han transcurrido unos días desde el inicio
del solsticio de verano, y ya las altas temperaturas
se han impuesto en los espacios naturales de Málaga.
Los días calurosos han secado los aguachales y los
riachuelos de escasa corriente y en la Desembocadura
del Guadalhorce todavía se ven ruidosas bandadas de
cigüeñuelas en los esteros, algún chorlitejo que
patrulla por las orillas, circunspectos andarríos
chicos y hasta un bonito ejemplar de flamenco con
librea rosada, rodeado por bandadas de gaviotas. Aún
se ven anátidas en las lagunas, especialmente unos
pocos patos azulones y malvasías cabeciblancas,
algunas con su cortejo de pollitos de color sepia
acastañado con algunas partes claras, que frecuentan
las lagunas bajo la berma o terraplén que, por el
oriente, limitan el espacio natural.Precisamente,
es ésta una de las zonas que debemos visitar en
estos días. En las charcas menos profundas ha
descendido el nivel del agua, lo que suelen
aprovechar los galápagos leprosos que, una vez
superada la puesta de huevos que se prolonga desde
primavera hasta principios del verano, han comenzado
a horadar los lechos semisecos para enterrarse y
soportar la tórrida estación que se avecina. Algunos
ejemplares adultos llegan a medir 20 centímetros de
caparazón, el plastrón en los jóvenes es una placa
flexible que, en los adultos es muy rígido y carente
de circulación. En estos días en que han decaído las
poblaciones de anátidas que suelen motear las zonas
encharcadas, merece la pena dedicar algún tiempo a
estos pacíficos representantes de nuestra fauna que
debemos observar y conocer y de los que sólo hay que
temer el desagradable olor que producen las
glándulas inguinales cuando se les molesta.
Presentan miembros anteriores recubiertos de
escamas, habitan asimismo en pantanos y en grandes
ríos, y soportan estoicamente las aguas saladas e
incluso las polucionadas. Con buenas dosis de suerte
podemos ver algunos ejemplares pequeños, de unos
tres centímetros de largo, corriendo apresuradamente
hacia las zonas donde se mantiene la lámina de agua.
Ver gallipatos
Los gallipatos, anfibios que sólo viven en la
mitad sur peninsular, hacen otro tanto. Esta notable
especie acuática puede vivir en zonas secas, siempre
que tenga cerca una charquilla, un pozo, un estanque
o alguna laguna, por escasa de agua que sea. Puede
pasar todo el año en el agua, salvo en las zonas
secas en que se esconde bajo troncos o piedras.
Algunas poblaciones estivan, enterrándose también en
los meses de verano. Es muy voraz y come insectos,
lombrices y larvas de otros insectos e incluso
ejemplares de su misma especie. Tras la cópula, que
tiene lugar en el agua, pasados unos días, la hembra
pone de 200 a 300 huevos, aislados o rodeados de una
masa gelatinosa. Después de unos 15 días nacen las
larvas. Los grandes adultos pueden alcanzar más de
treinta centímetros de longitud total, lo que supone
ser el más largo de entre todos los urodelos
ibéricos. La cabeza es grande y aplanada y los ojos
pequeños. Los dos sexos son parecidos, más rojizo el
macho, cuerpo más estilizado y cola más larga. Los
jóvenes gallipatos se parecen a los tritones
pirenaicos, lo que no debe preocuparnos demasiado
pues, como su nombre vulgar indica, sólo se crían en
esa cadena montañosa septentrional, bien alejada de
nosotros.
Otro animal que podemos contemplar en las charcas
de la Desembocadura del Guadalhorce es la culebra
viperina, o culebra de agua, llamada así por
permanecer siempre en la misma, o en sus cercanías.
Nada y bucea con gran destreza y suele salir a tomar
el sol en las orillas donde, ante la menor señal de
peligro, se lanza rápidamente al agua. Entre sus
tretas, la más conocida es la de aplanar la cabeza y
silbar y atacar de una forma parecida a la de una
víbora con la boca cerrada, amparándose en su dibujo
en zig-zag en el dorso parecido al del género 'Vipera',
si bien es tan inofensiva que ni siquiera muerde. Su
defensa se basa en el olor nauseabundo que expele
por las glándulas anales al ser capturada. |
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