La
calidad lleva al Unicaja hasta su tercera final
El equipo cajista recuperó sus señas de
identidad y se enfrentará a partir del viernes
al Tau Cerámica. Los puntos de Brown y el
trabajo de Berni Rodríguez determinantes en la
victoria contra el DKV Joventut
JAVIER L. RUIZ
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EUFORIA. Los jugadores
celebraron así, en grupo, el triunfo
definitivo frente al Joventut. /
SALVADOR SALAS |
El
vello aún se eriza al recordar el partido de
anoche. Es el poder del baloncesto, la capacidad
de un deporte, de un equipo para remover las
entrañas y llegar a lo más hondo del corazón.
Máxime cuando un partido aparece no como un ente
aislado, sino como un todo íntimamente ligado a
las circunstancias que le rodean. Gracias a uno
de esos encuentros que alegran noches, estiran
sonrisas sin querer y desatan euforias el
Unicaja alcanzó el pase a la tercera final de su
historia. Lo hará gracias a su victoria frente
al DKV Joventut en el último choque de la serie
(88-75).
Partidos como el disputado ayer resultan
extremadamente complicados de ver con los ojos
de la razón. Quizá tampoco está para eso. En
pleno éxtasis colectivo como el que se pudo
vivir desde antes del comienzo hasta después del
final en las gradas del Palacio de los Deportes,
las filigranas tácticas y técnicas y el juego de
estrategias desde los banquillos quedan
relegados a un segundo plano. Todo gracias al
poder catártico de un equipo que enfila de nuevo
la senda hacia la lucha por el título de Liga.
Como la religión, se impone la lógica de la fe
sobre los fríos ojos del raciocinio. Y aun así,
fue el Unicaja menos visceral el que logró
imponer su ley sobre la cancha y enderezar el
rumbo del encuentro.
Es la principal sensación que queda después de
analizar lo ocurrido ayer desde una distancia
mínima, pero indispensable. El Unicaja ofreció
dos versiones de sí mismo, midió sus opciones en
dos terrenos antagónicos y optó por el más
lógico, bello y vistoso. La calidad que atesora
una plantilla cuajada de campeones, de jugadores
de primer nivel y de una calidad incontestable
logró imponerse a la capacidad para extremar la
agresividad defensiva y recurrir a las artes
menos nobles, por más que no vulneren los
límites del reglamento.
Actitud y juego
La actitud y el juego desplegado por el Unicaja
en la primera parte seguramente tuvieron su
función y objetivo en el desarrollo del
encuentro. El equipo malagueño demostró que ante
su público, en un pabellón repleto y en una
situación límite, es capaz de entrar en ese
pulso de provocaciones y tretas destinadas a
desquiciar al rival. Como declaración de
intenciones no estuvo mal. Ya a nadie quedan
dudas de que las palabras lanzadas por Scariolo
el lunes no iban de farol. El equipo no se
amedrenta.
Pero lo cierto es que bajo esas premisas el
Unicaja salió perdiendo. A excepción de un 29-27
y un 31-29 (ambos en el minuto 12 de partido),
el equipo verdinegro dominó toda la primera
mitad. Anotó sin especiales apuros y pareció
mantenerse al margen de las estratagemas de su
rival. Los desquiciados, en lugar de ellos,
parecían algunos jugadores locales, como Pepe
Sánchez, encarado consecutivamente con Bennett y
Paco Vázquez y con dos faltas en los primeros
seis minutos.
No. No fue ese el Unicaja que puso en pie a las
gradas del Palacio. Fue el de la segunda mitad,
el de la defensa asfixiante frente a un Joventut
sin apenas recursos para atacar (anotó cuatro
puntos en los siete primeros minutos del tercer
parcial). Fue el equipo que consiguió vedar las
inmediaciones de su zona al rival y recuperar el
control del rebote defensivo (14 en la segunda
mitad frente a los ocho de la primera). Y el
equipo que recuperó a sus estrellas, sobre todo
Marcus Brown, para lanzar un ataque ciertamente
efectivo a lo largo de toda la reanudación.
Un líder
El triunfo del Unicaja estuvo amparado en su
propia identidad, en los valores que le han
hecho más grande esta temporada, pero también en
la entrega y el oficio que se le presupone a una
plantilla de primer nivel. Anoche no hubo
lunares en la actuación, pero sí hubo un jugador
llamado a marcar las diferencias, a aglutinar en
su actuación todos los requisitos indispensables
para buscar la victoria y a liderar la
transición entre las dos apuestas lanzadas por
el Unicaja: Berni Rodríguez.
El capitán del equipo, incluso por encima de la
estelar actuación de Brown, ejerció de puente
desde su salida en los últimos instantes del
primer cuarto. Puede que no destaque sobremanera
en ninguna de las facetas vistosas del juego,
pero su valor radica en una capacidad innata
para leer las situaciones y optar por la
solución más apropiada. Inteligencia suma no
exenta de la garra y entrega requerida. Si él
brilla, brilla el equipo. Y de su mano el
Unicaja es ya el rutilante finalista. |