PLAY OFF 2006 ACTUALIDAD                                                                 Volver a portada

a

La calidad lleva al Unicaja hasta su tercera final
El equipo cajista recuperó sus señas de identidad y se enfrentará a partir del viernes al Tau Cerámica. Los puntos de Brown y el trabajo de Berni Rodríguez determinantes en la victoria contra el DKV Joventut

JAVIER L. RUIZ
 

t1.jpg (8083 bytes)
EUFORIA. Los jugadores celebraron así, en grupo, el triunfo definitivo frente al Joventut. / SALVADOR SALAS

El vello aún se eriza al recordar el partido de anoche. Es el poder del baloncesto, la capacidad de un deporte, de un equipo para remover las entrañas y llegar a lo más hondo del corazón. Máxime cuando un partido aparece no como un ente aislado, sino como un todo íntimamente ligado a las circunstancias que le rodean. Gracias a uno de esos encuentros que alegran noches, estiran sonrisas sin querer y desatan euforias el Unicaja alcanzó el pase a la tercera final de su historia. Lo hará gracias a su victoria frente al DKV Joventut en el último choque de la serie (88-75).

Partidos como el disputado ayer resultan extremadamente complicados de ver con los ojos de la razón. Quizá tampoco está para eso. En pleno éxtasis colectivo como el que se pudo vivir desde antes del comienzo hasta después del final en las gradas del Palacio de los Deportes, las filigranas tácticas y técnicas y el juego de estrategias desde los banquillos quedan relegados a un segundo plano. Todo gracias al poder catártico de un equipo que enfila de nuevo la senda hacia la lucha por el título de Liga. Como la religión, se impone la lógica de la fe sobre los fríos ojos del raciocinio. Y aun así, fue el Unicaja menos visceral el que logró imponer su ley sobre la cancha y enderezar el rumbo del encuentro.

Es la principal sensación que queda después de analizar lo ocurrido ayer desde una distancia mínima, pero indispensable. El Unicaja ofreció dos versiones de sí mismo, midió sus opciones en dos terrenos antagónicos y optó por el más lógico, bello y vistoso. La calidad que atesora una plantilla cuajada de campeones, de jugadores de primer nivel y de una calidad incontestable logró imponerse a la capacidad para extremar la agresividad defensiva y recurrir a las artes menos nobles, por más que no vulneren los límites del reglamento.

Actitud y juego

La actitud y el juego desplegado por el Unicaja en la primera parte seguramente tuvieron su función y objetivo en el desarrollo del encuentro. El equipo malagueño demostró que ante su público, en un pabellón repleto y en una situación límite, es capaz de entrar en ese pulso de provocaciones y tretas destinadas a desquiciar al rival. Como declaración de intenciones no estuvo mal. Ya a nadie quedan dudas de que las palabras lanzadas por Scariolo el lunes no iban de farol. El equipo no se amedrenta.

Pero lo cierto es que bajo esas premisas el Unicaja salió perdiendo. A excepción de un 29-27 y un 31-29 (ambos en el minuto 12 de partido), el equipo verdinegro dominó toda la primera mitad. Anotó sin especiales apuros y pareció mantenerse al margen de las estratagemas de su rival. Los desquiciados, en lugar de ellos, parecían algunos jugadores locales, como Pepe Sánchez, encarado consecutivamente con Bennett y Paco Vázquez y con dos faltas en los primeros seis minutos.

No. No fue ese el Unicaja que puso en pie a las gradas del Palacio. Fue el de la segunda mitad, el de la defensa asfixiante frente a un Joventut sin apenas recursos para atacar (anotó cuatro puntos en los siete primeros minutos del tercer parcial). Fue el equipo que consiguió vedar las inmediaciones de su zona al rival y recuperar el control del rebote defensivo (14 en la segunda mitad frente a los ocho de la primera). Y el equipo que recuperó a sus estrellas, sobre todo Marcus Brown, para lanzar un ataque ciertamente efectivo a lo largo de toda la reanudación.

Un líder

El triunfo del Unicaja estuvo amparado en su propia identidad, en los valores que le han hecho más grande esta temporada, pero también en la entrega y el oficio que se le presupone a una plantilla de primer nivel. Anoche no hubo lunares en la actuación, pero sí hubo un jugador llamado a marcar las diferencias, a aglutinar en su actuación todos los requisitos indispensables para buscar la victoria y a liderar la transición entre las dos apuestas lanzadas por el Unicaja: Berni Rodríguez.

El capitán del equipo, incluso por encima de la estelar actuación de Brown, ejerció de puente desde su salida en los últimos instantes del primer cuarto. Puede que no destaque sobremanera en ninguna de las facetas vistosas del juego, pero su valor radica en una capacidad innata para leer las situaciones y optar por la solución más apropiada. Inteligencia suma no exenta de la garra y entrega requerida. Si él brilla, brilla el equipo. Y de su mano el Unicaja es ya el rutilante finalista.

 

subir

www.diariosur.es - surdigital@diariosur.es