Sintonía en verde
PACO TORRES
Director de 'Gigantes'
Lo mejor para el final. Para la final. El
Unicaja, que no es flor de un día y ahí está
para demostrarlo la afición que llena cada
partido desde hace lustros las canchas –aquella
entrañable de la de Ciudad Jardín y esta
exuberante del José María Martín Carpena– en las
que juega el equipo malagueño, nos ha dejado
para el final de la temporada lo mejor de su
repertorio. Al aficionado nunca se le engaña y
el del Unicaja siempre se ha visto recompensado
permanentemente por una cosa: el equipo siempre
juega al baloncesto. Por eso se mantiene fiel,
porque siempre se divierte y vuelve a casa
recompensado.
En ocasiones regresa con los ojos arrasados en
lágrimas, como cuando aquel ‘no triple’ de
Ansley en 1995. Pero un club demuestra su calado
cuando afronta la siguiente temporada con los
mismos afanes. Y tiene mérito el empeño, porque
resulta que en el basket ACB hay no menos de
cuatro o cinco equipos con las máximas
aspiraciones cada año. Entre ellos siempre, como
una constante, el Unicaja, que en 2001 tiene la
primera recompensa en forma de título de la Copa
Korac y luego, en 2005, en forma de Copa del
Rey.
Esta temporada llevamos sintiendo –y gozando–
desde el inicio la sinfonía en verde del equipo
de Sergio Scariolo, en el que todo está tan
afinado que pueden intercambiarse los primeros
violines casi constantemente sin que ello afecte
para nada en el juego colectivo. Al contrario:
lo renueva y revitaliza; lo hace prodigioso. Una
noche es Garbajosa, otra Brown, otra Sánchez,
otra Cabezas, otra Berni… Al unísono sonaron
todos en este caluroso junio en el que la Liga
ACB se quedó atrapada al embrujo del juego
verde. Málaga entera festeja el máximo título
nacional. Y sueña con los siguientes, como viene
haciéndolo durante lustros. Maestros malagueños:
que no pare la música. |