¡Y mi prima ya tiene coche!
ROSA MARISCAL
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RECIBIMIENTO. Ramón García,
Antonio Jurado, Gabi Ruiz, Michael
Ansley y Javier Imbroda, al llegar al
aeropuerto en 1995. / SUR |
Tres finales. Tres historias. Un largo recorrido
por los últimos años del club que definen su
crecimiento desde aquel equipo modesto que dio
la campanada y puso contra las cuerdas al
todopoderoso F. C. Barcelona hasta el aspirante
a todos los títulos en que se ha convertido el
Unicaja en los últimos tiempos, pasando por
aquella final –también ante el Tau– que se
resolvió con más desilusión que otra cosa.
Esta trayectoria es paralela a mi relación con
el club. Yo llegué al Unicaja con tan sólo 20
años y muchas ganas de trabajar en prácticas
mientras estudiaba. ¡Cuántos recuerdos! Mis
compañeros de la Facultad con los que creamos el
Gabinete de Prensa, aquella Sala de Juntas donde
trabajábamos cada día, las tardes al sol cuando
Toñi (lo digo con todo mi cariño) se cansaba de
tenernos dando vueltas por la oficina...
Elegir una imagen de aquel año es imposible. Hay
todo un mosaico, sobre todo, de sensaciones, de
experiencias vividas que son irrepetibles:
aquella grada de fondo de Ciudad Jardín que casi
se metía encima de la línea de fondo, las
pantallas en las calles, el triple de Ansley,
aquel vuelo Barcelona-Málaga tras el quinto
partido con la mejor compañía, mi prima Mari
Cruz, y un equipo triste por la derrota al que
le cambió la cara nada más poner pie en tierra y
ver a una afición totalmente volcada, que le
llamaba, a gritos, campeón. Todavía se me ponen
los vellos de punta. El aeropuerto lleno de
gente, los jugadores encima de la cinta
transportadora del equipaje, Michael Ansley
toreando con una bandera de Málaga... las
imágenes que guardamos todos. Todo un
recibimiento de campeón, sin serlo, aunque ¿a
quién le importaba?
Momentos inolvidables
Hubo muchos momentos inolvidables esa temporada,
como los que vivimos un grupo de aficionados una
noche después de ganar en Sevilla y conseguir la
clasificación para una competición europea
después de muchos años. El autobús de la afición
llegó a Los Guindos y esperó a su equipo con
botellas de cava que había comprado por el
camino para seguir celebrándolo. Aquellos
jugadores, amigos de sus fans, se recorrieron
todo el centro hasta acabar en el jardín de la
casa de Alfonso Reyes, con Curro Ávalos tocando
el bombo para despertarle –a él y a sus vecinos,
claro– al grito de ‘A por ellos, oé’. Mi prima
se examinaba al día siguiente del carnet de
conducir. Evidentemente suspendió. También son
legendarios aquellos chupitos a los que Babkov
invitaba a todo el mundo la noche de la
celebración del subcampeonato ya en Málaga.
La revolución del baloncesto llegó. A partir de
entonces conseguir una entrada fue un privilegio
casi imposible, año tras año, con un ambiente
inigualable, hasta que la afición de Málaga dio
el empujón para la construcción de un nuevo
Palacio de Deportes.
Después de ese mítico subcampeonato, el club
siguió creciendo y la consecución de la Copa
Korac (aquella noche en Belgrado también tiene
historias que contar) y por supuesto la Copa del
Rey (indescriptible) fueron cimentando un camino
que nos ha llevado a la Liga de este año.
Expectativas
Yo pasé de las prácticas al contrato laboral y
poco después nos encontramos en una segunda
final, quizás con menos emociones, al menos de
las positivas. La final con el Tau de la
temporada 2001-02 fue totalmente diferente. Ya
la viví de un modo más profesional, desde
dentro. Las expectativas creadas alrededor del
equipo en plena racha cayeron de golpe cuando el
equipo de Vitoria sorprendió al Unicaja en el
Martín Carpena por dos veces consecutivas. El
factor cancha no sirvió y la situación se
desbordó con declaraciones fuertes, polémicas
arbitrales, nervios desatados... y terminó con
un 0-3 y la negativa a recoger el trofeo como
señal de protesta. Puede ser la final de la
desilusión, hasta el punto de que, para los
aficionados, el año del subcampeonato siguió
siendo el del 95, a pesar de contar con dos. Es
obvio que no se puede quitar mérito deportivo a
este equipo que, además de disputar la final,
debutó en la Euroliga y alcanzó por primera vez
las semifinales de la Copa del Rey; ni a un
entrenador, Bozidar Maljkovic, que tanto ha
hecho por la evolución del club hacia un nivel
superior. Aquel año no estuve en Vitoria, mi
prima tampoco, pero esta temporada el Unicaja ha
vuelto a esta ciudad para recoger lo que era un
poco nuestro.
La tercera final, la de este año, ha llegado con
la misma ilusión que las anteriores, pero con
una cierta convicción en el corazoncito de los
aficionados de que esta vez era posible. Y lo ha
sido. Sergio Scariolo, sus jugadores y técnicos
lo han hecho posible.
Han pasado 11 años desde la primera vez, todos
hemos madurado, por no decir envejecido, mi
prima se sacó el carnet de conducir, el equipo
creció y, ahora sí, la celebración es completa.
Razones del éxito
Los jugadores quizás no lleguen a ese nivel de
familiaridad de entonces, pero siguen siendo muy
cercanos y si no, que se lo pregunten a los
aficionados que esperan después de cada partido
en la cafetería del Palacio y que han cogido la
sana costumbre de aplaudirles en cuanto asoman
la cabeza. Forman un grupo humano excelente, y
probablemente ésa sea una de las razones de su
éxito.
Ésa y el trabajo constante durante muchos meses
de todas las personas que forman el equipo
deportivo, pero también –no puedo olvidarme de
ellos porque soy más parte de allí que de aquí–
del equipo administrativo que, a tan sólo tres
kilómetros de distancia del Palacio, en Los
Guindos, se merecen esta alegría como los que
más. Ojalá hubieran estado aquí para vivirlo en
directo.
Todo se ha vuelto menos familiar, más
profesional, con más horas de trabajo y más
estrés, pero los sentimientos son los mismos
cuando llega la hora de la verdad: el vello
erizado, la taquicardia, la lágrima a punto de
caer y la euforia desatada con el sonido de la
bocina que indica el final del partido con la
victoria, el verde que lo inunda todo y los
saltos, abrazos, besos y la felicidad en toda la
extensión del sentimiento. Un año mágico que
vuelve a repetirse. Pero ahora de verdad.
Seguramente las celebraciones de esta Liga
crearán un montón de recuerdos imborrables a
partir de hoy, pero también estoy segura de que
este club va a ofrecer muchas ocasiones de
contarlos en más especiales motivados por sus
éxitos. Espero que sea en un futuro no muy
lejano. Ya los contaré. O no. Depende de si mi
amigo más constante puede volver a convencerme.
La única jefa de prensa de la ACB
Rosa Mariscal lleva el departamento de
comunicación del Unicaja desde hace más de una
década, con la singularidad de que es la única
mujer que ejerce como jefa de prensa de un club
en la Liga ACB. Reconocida a nivel nacional por
su profesionalidad, admirada por sus colegas y
querida por los que requieren a diario de su
servicio, traza en este artículo el camino de
las tres finales. |