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Descripción

Antequera dista de Málaga unos 45 kilómetros y llegamos a ella a través de la salida de la capital por la autovía de Las Pedrizas. Tras hacer un trayecto de unos treinta minutos la Vega de Antequera que se rinde a nuestros pies. Veremos una gran vega llena de plantaciones y cortijos típicos andaluces rodeados de cultivos de cereal y hortalizas. La entrada a Antequera se sitúa cerca de la Peña de los Enamorados. Sus más de 800 Km2, que la convierten en la localidad más grande de la provincia, se extienden desde el centro de la comarca que lleva su nombre hasta los lindes con la provincia de Córdoba al norte, y con las inmediaciones de los Montes de Málaga, al sur.

Iglesia de San José
 
 

De las sierras de alrededores, cabe destacar la sierra de El Torcal, en la que las formaciones de montañas calizas transformadas por la erosión climatológica, y por el paso del tiempo la convierten en un paisaje fantástico y único, digno de ver en cualquier época del año, a lo que hay que añadir que en sus parajes se han encontrado fósiles de conchas y seres marinos de hace millones de años. Y la Peña de los Enamorados, que lo hemos dejado atrás en la entrada, emerge sobre la llanura, sugerente, lleno de leyendas históricas. La más conocida, cuenta que a los pies del Peñón yacen los cuerpos de dos amantes, mora ella y cristiano él, que huyendo de sus familias llegaron a la cima de la montaña y al no encontrar escapatoria se lanzaron los dos al vacío. Esta leyenda es recogida por el hispanista Washington Irving. Cierto o no, la presencia de esta elevación, bordeada por el río Guadalhorce despierta la curiosidad de todos los visitantes.

La ubicación privilegiada de Antequera, en el centro geográfico de Andalucía, la ha convertido en una de las capitales más importantes entre la Alta y la Baja Andalucía, entre Granada y Sevilla. En la actualidad, Antequera es una ciudad moderna, con una gran variedad de ofertas y servicios. Al mismo tiempo, la riqueza monumental, artística e histórica la convierten en una localidad de obligada visita en la que podemos estudiar prácticamente todas las etapas y civilizaciones de la cuenca mediterránea.

En su término municipal, encontramos restos de asentamientos de la Edad de Bronce, como los dólmenes de Menga, Viera y el Romeral, con construcciones funerarias de primer orden. Se cree, que hubo poblaciones de iberos, tartesos, fenicios y cartagineses. De estos últimos han sido hallados vestigios en Cerro León, donde se sitúa la batalla entre los cartagineses de Asdrúbal y las legiones romanas. Más tarde, los árabes bautizan a esta ciudad como Medina Antecaria. Tras la conquista de Sevilla y Jaén, Antequera adquiere un gran valor estratégico y comienza a tener importancia como fortaleza militar fronteriza. En 1410, es conquistada por el infante Don Fernando, quien pasa a la historia con el nombre de Don Fernando de Antequera.

El siglo XIX fue nefasto para la ciudad. Diezmada por la invasión napoleónica y por las epidemias de fiebre amarilla (1804) no se recupera hasta la década de 1830, cuando surge una burguesía que favorece la expansión y la industrialización basada en la actividad textil. Pero este sector sufre la crisis de principios del siglo XX.

En la actualidad, Antequera se presenta al visitante como una ciudad moderna, en la que la historia y el progreso se funden en su imagen y en la mentalidad de todos sus vecinos.

Ver Antequera en un solo día es imposible. En el libro "Guía Artística de Antequera", del historiador Jesús Romero, registra tan sólo 43 monumentos de interés para el visitante. De ellos, 25 son iglesias, conventos y edificios ligados de una u otra manera a órdenes religiosas, que no en vano más de la mitad del patrimonio de la Diócesis malacitana se halla en Antequera.

Así, se puede pasar desde la iglesia más antigua de la ciudad, la de San Francisco, de estilo gótico tardío, fundada por una real cédula de los Reyes Católicos de 1500, hasta la, sin lugar a dudas, joya renacentista antequerana: la Real Colegiata de Santa María la Mayor, construida en parte con los sillares de la romana Singilia Barba, cuyos restos se encuentran a escasos kilómetros de la ciudad.

A los pies del castillo árabe se accede a la Colegiata por el Arco de los Gigantes. El arco está decorado con los restos romanos que fueron apareciendo en la renacentista Antequera "para que pueda verse por todas las personas que a esta ciudad vinieren", según dictamen del cabildo de mayo de 1585. A través de este arco se puede apreciar la torre de la iglesia de San Sebastián, coronada por su característico angelote a modo de celestial veleta.

Lo que puede parecer un exceso de localismo queda desechado al visitar la iglesia del Carmen, que se empezó a construir a finales del siglo XVI. Declarado monumento histórico-artístico nacional, el templo carmelitano cobija en su capilla mayor tres retablos; el central es uno de los ejemplos de la retablística barroca andaluza del siglo XVIII.

Desde la plaza de esta iglesia, como de otros puntos de la ciudad, se puede divisar una obra de la naturaleza que domina toda la fértil vega: la citada Peña de los Enamorados. La ciudad esconde otros tesoros que no suelen aparecer en las guías al uso y que sólo es posible encontrar con dedicación y sin prisas: su patios. Herederos de la tradición romana y árabe al viejo impluvium deben su traza rectangular y a los musulmanes el amor al agua y a las plantas, cuyo riego es un pretexto más para esparcir con sabiduría el preciado líquido, los patios antequeranos han acabado por adquirir a lo largo de los siglos una personalidad propia.

Al sur de la ciudad, escondido detrás de la sierra que la arropa, el mismo cataclismo de plegamientos de los fondos marinos que acabó con los dinosaurios dio lugar a una de las formaciones cársticas más importantes de Europa: El Torcal de Antequera. De sus entrañas ha salido buena parte de la piedra con que se ha tallado la ciudad.

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