Es muy posible que el alcalde no vaya al cementerio del pueblo con frecuencia; es más, se podría afirmar que no va nunca. De otro modo no se explicaría la lamentable situación en que se encuentra el camino que hasta él conduce saliendo de la carretera Benaoján- Montejaque.
Si hemos de honrar a nuestros muertos no basta con que nos desvivamos en mantener el camposanto en óptimas condiciones de limpieza y, si se puede, de ornato en atención a los que allí descansan en su sueño eterno y a los familiares que se les acercan para hacerles tributos de su cariño y recuerdo. También es preciso que el acceso reúna las condiciones necesarias para que el acercamiento al lugar no cause una desagradable impresión.
¿No se ha contado con un remanente del Plan E de Zapatero para reparar un pequeño vial que hoy no presenta sino socavones y pavimento levantado haciendo difícil el paso? Me imagino que llegar hasta el cementerio en los días de aguas torrenciales habrá sido misión imposible.
Hay que recordar el dicho de un alcalde de gestión memorable, Tierno Galván, “Dejad a los gobiernos central y regional que administren la política abstracta de las grandes palabras, y dejad a los ayuntamientos que nos ocupemos de la vida diaria y concreta de las personas, porque jamás aspiramos a más alto honor”. Pues eso, la reparación de este camino es algo que los convecinos agradecerían al ayuntamiento que rige. Es algo que pertenece a la vida de cada día y el descuido de este camino es del todo lamentable.


