Cudeca pide auxilio
Pepe Becerra
El cáncer. Ese mal. Una dolencia solapada, cruel, que difícilmente perdona. Llega a un hogar y lo destruye, sembrando entre sus miembros- no sólo en el que lo padece – horror, angustia, impotencia. Nadie esté libre de sus traidores zarpazos. Por esa razón es de agradecer la existencia de una organización altruista, absolutamente benefactora que cuida a los enfermos de cáncer, cuando sus días están contados, cuando la ciencia médica nada puede hacer. Cudeca es esa organización – ángeles silenciosos- que hace posible suavizar los últimos momentos de los que se encuentran en situación terminal.
Pero Cudeca ha emitido estos días un grito desesperado, que no es sólo el suyo propio, que también, sino de los enfermos incurables que acoge. La crisis ha golpeado a sus benefactores y las donaciones decrecieron alarmantemente, hasta el punto de que el cierre de la unidad de ingresos de pacientes se efectuará en noviembre próximo si antes no se reciben ayudas que lo impidan.
Cudeca, en Málaga, abre los brazos cada año para recibir a más de 150 personas heridos por el rayo que no cesa del cáncer. Una labor bienhechora, sin el más mínimo ánimo de lucro, que no deja de asombrar en este mundo de materialismo exacerbado en el que cada uno va a lo suyo y pocas veces mira al prójimo si no es para ver que acechanza o trampa le puede tender. Es ésta una ONG cuyo grito de auxilio es un deber escuchar Porque de la enfermedad que ella ha hecho razón de su vida al hacerla menos dolorosas en los momentos finales, nos puede golpear a cualquiera de nosotros.
Cudeca pide ayuda y más que nunca no se pueden hacer oídos sordos.


