A través de estas líneas, quiero hacer un pequeño homenaje a un periodista, D. Juan Cotta Rojo, un periodista olvidado como tantos otros, nació en los Lagares, Estación de Cártama, en una humilde familia, que entre labranzas y cuidados de las cabras sustentaba a toda la familia, de entre todos los hermanos que sobrevivieron fue el que más capacidad tenia para estudiar; por ello, sus padres vendieron las tierras y ganados y se trasladaron a la capital, donde cursó estudios en los Maristas. Obtuvo su titulación como periodista desarrollando su trabajo primero en el diario del Círculo Mercantil y posteriormente en El Cronista. Por circunstancias de la vida se trasladó a trabajar a Marruecos, donde realiza sus funciones como periodista y linotipista en el diario de Marruecos y posteriormente en el diario África, por entonces militaba en el sindicato obrero; allí le sorprendió la guerra en sus primeros movimientos, siendo detenido en la sede del sindicato, juzgado y condenado a muerte, fue enviado a Ceuta a la cárcel de Garcia Aldaver y posteriormente en Monte Hacho. Diversas gestiones realizadas de amigos de la familia le fue conmutada la pena a cadena perpetua, que por enseñar a leer y escribir a compañeros de la cárcel, y por buen comportamiento fue liberado a los pocos años; años dificultosos de una postguerra, volvió a su trabajo, pero le silenciaron la pluma y solo pudo realizarlo como linotipista. No le dejaron volver a escribir.
Quiso volver a Málaga y hubo entonces dos puestos vacantes en el Diario Sur, y solicitó el traslado. A principio de los sesenta, se incorporó al mismo como linotipista, mas no le dejaron escribir, que es lo que verdaderamente le gustaba, según se cuenta como una leyenda urbana, escribió algunos artículos que fue firmado por otro periodista. En dicho periódico terminó su vida laboral rondando la edad de los 70 años.
A pesar de todas las dificultades y obstáculos que en la vida se le presentó, fue capaz con la gran ayuda de su mujer, mi abuela Pepa, sacar una familia adelante. Yo le tengo un especial recuerdo por lo que me enseñó y me transmitió.
Hoy entre estas líneas quiero hacerle un homenaje escrito, algo que ni el Diario Sur, ni el sindicato obrero, han realizado; pasó al olvido como tantos otros.
Abuelo, te lo debiamos...


