UNA OSCURA FLAUTA MÁGICA
Ayer presencié en el Teatro Cervantes la ópera “La Flauta Mágica” de Mozart.
Fue una representación de la obra con demasiados puntos débiles.
Es por ello que debe exigirse mucho a este tipo de representaciones.
En general, podemos decir que no se corresponde la inversión realizada con el producto artístico obtenido. Y ello por una serie de razones:
1.- En cuanto al elenco de voces la mejor fue sin duda la soprano Ofelia Sala. El problema artístico y estético es que estaba embarazada de 8 meses. No se justifica en una producción con este presupuesto una Pamina en estas condiciones. Las exigencias de libreto imponen una Pamina “con otras características”. El personaje debe tener un mínimo de veracidad. Y una barriga de 8 meses es demasiado.
Tamino fue interpretado correctamente por Jose Luís Sola. Sin tener una gran voz, defendió el personaje y fue correcta su actuación.
La Reina de la Noche, Milagros Poblador, estuvo mal. Con dificultad en las agilidades el color de la voz variaba en demasiadas ocasiones. No era para nada una voz penetrante en los agudos. Estuvo demasiado floja.
Francisco Santiago como Sarastro defendió el papel.
El barítono Enric Martínez hizo de Papageno. Bien actoralmente y correcto vocalmente. No es en cambio una gran voz. Correcta Ana Nebot como Papagena.
En cuanto a las tres damas estuvieron correctas. Quizá faltó algo de cuerpo a la voz de la segunda.
Monóstatos fue interpretado por José Canales. Una voz que no dio en ningún momento la talla sobre el personaje. Tampoco actoralmente. La verdad es que el resultado fue malo. Muy malo.
Los tres duendes muy bien.
Por tanto un elenco correcto pero flojo en comparación con el presupuesto que se maneja.
2.- La puesta en escena fue contradictoria en no pocos elementos.
No se entiende que se traduzca parte de los diálogos en castellano y otros en alemán. Si lo que se quería era dar solemnidad a Sarastro con su texto en alemán, que se hubiera mantenido una línea de interpretación. Cosa que no sucedió.
No se entienden otros aspectos escénicos de la obra. Como las muñequitas que bailan y quitan protagonismo al dúo de Papageno y Papagena. No se entiende esa subida y bajada de plataforma del escenario con colores diversos de la pareja protagonista ya al final de la obra. No se entiende tampoco esa excesiva oscuridad, máxime cuando uno de los ejes principales de la obra es el sol y la luz de Sarastro. No se entiende esa silla de rueda de Sarastro, donde se levantaba cuando quería.
El elemento escenográfico fue interesante.
3.- La dirección musical bajo Lorenzo Ramos fue correcta, pero pecó en no pocas ocasiones de acompañar mal a los cantantes. El director musical debe “respirar” con los cantantes, cosa que no sucedió en muchas ocasiones.
El Coro de Ópera estuvo bastante bien, pero quizá habría que decirle a los tenores que empastaran más con las otras voces. La Filarmónica extraordinaria.
En general una representación de “La Flauta Mágica” de Mozart, claramente mejorable.


