Vivir en el centro histórico sigue siendo una pesadilla. El ruido por encima de lo tolerable y de lo permitido hasta alta hora de la madrugada es lo normal. Hay muchas personas perjudicadas y con sus derechos pisoteados sin que las autoridades competentes muevan un dedo. Es más, colaboran al estruendo con ruidosas máquinas barredoras u otras que pasan sin lógica ninguna para limpiar una calle que poco después otro camión ruidoso vuelve a limpiar con agua a presión.
Los carteles que presentó Araceli González en los colegios pidiendo silencio a los niños, habría que ponerlos en las calles del centro, para educar también a los jóvenes, donde el trasiego ruidoso y la mala educación hacen imposible el descanso de los vecinos.


