La Serranía de Ronda estrena consorcio
José Becerra
Tenía que ocurrir. Podía resultar un dispendio de fuerzas que cada uno por su lado tratase de encauzar sus reivindicaciones hacia instancias administrativas superiores, las cuales por el menor peso de de los demandantes la más de las veces hacían oídos sordos. Acaban de unirse al Consorcio Valle del Genal, los siete pueblos que configuran el Valle del Guadiaro: Arriate, Montejaque, Benaoján, JImera de Líbar, Cortes de la Frontera y Montecorto. Y nace una nueva entidad que copia y aglutina los mismos objetivos: Serranía de Ronda, que ha defender sus tierras y sus hombres.
La Serranía de Ronda ha padecido una situación de dejadez de las administraciones que han venido condenándola a una postergación a todas luces inmerecida. Le ha sobrado siempre patrimonio cultural y capital humano lúcido, amén de prosapia histórica (aunque sea la intrahistoria, esa que no recoge grandes personajes ni relata hitos portentosos, de la que hablaba Miguel de Unumano cuando quería referirse al pueblo llano, protagonista de hechos y sucesos que delatan la calidad humana, la más entrañable y cálida) y siempre hizo gala de la posesión de un paisaje tan vario como atrayente, único.
Hasta ahora no ha existido sino el esfuerzo personal de los gobernantes consecutivos de las administraciones locales para paliar en lo posible la dejadez e incuria con que las restantes entes públicos con una estrechez de miras manifiesta, atendieron las crecientes necesidades de un conglomerado de pueblos con tanta historia y tradiciones en común que reclamaban una puesta al día de sus comunicaciones – tan difíciles por la particular morfología de su relieve, pero tan necesarias para salir de un atraso secular -, de su siempre incipiente industria que nunca llegó a consolidarse ( con excepción de la meteórica ascensión de la fabricación de embutidos en Benaoján, hoy en claro declive) y una agricultura pobre, casi de subsistencia, también en la actualidad relegada ya que la mano de obra hace poco menos de medio siglo que emigró allí en donde fueses reclamados en pos de horizontes más halagüeños, con la sangría de población consiguiente, que esquilmó censos, desertizó los campos y modificó la apariencia de sus calles. El envío de divisas y el retorno de los emigrados suavizaron la situación social, pero el problema siguió insoluble. La Serranía sigue sin levantar cabeza.
Pero el trabajo ha sido ímprobo. La Serranía de Ronda, en su conjunto, languidece porque la atención insistentemente reclamada por unos pocos, que se dejaron la piel en el intento no cuajó del todo o las soluciones no llegaron sino mediocres componendas que jamás resolvieron el problema de fondo: el atraso de la región y su subdesarrollo enquistado. El Consorcio Valle del Genal, por otra parte, hizo lo que pudo en defensa de las poblaciones que se derraman laderas abajo buscando la proximidad del río.
Ahora, bajo el grito soterrado de ¡Unidos venceremos! se incorporan los pueblos del Valle del Guadiaro y juntos desenvainan las espadas – si es que alguna vez estuvieron envainadas – en defensas de intereses comunes, que no son otros sino conseguir más sustantivas inversiones, que no se demorarán si se consiguen primero unos servicios óptimos.
Se estrena Serranía de Ronda, con el ímpetu de una agrupación entusiasta. Porque a todos nos interesa, hay que desearle la más fructífera andadura.


