Breve: Gran novela. Trabajo de enorme de documentación y gran cuidado en la elaboración. Nos descubre las pasiones humanas de un rey, de un hombre. Las contradicciones del amor pasional, las convicciones religiosas y la política. Musulmanes, judíos y cristianos coexisten en Toledo en los años previos y meses posteriores del desastre de la batalla de Alarcos en 1195. El sentido caballesco cristiano se enfrenta al poderío musulmán del momento y la practicidad juiciosa judía.
RESUMEN COMENTADO
La historia se desarrolla en las década finales del siglo XII. El rey castellano Alfonso VIII 'el Noble' vive en Toledo, su esposa la reina Leonor de Plantagenet lo hace en Burgos con sus hijas y el único heredero varón, que morirá pronto dejando al reino sin heredero. Castilla disfruta de un periodo prolongado de paz por una tregua firmada con el califa almohade Abú Yaqub al-Mansur. En la firma de la paz había participado el judío islamizado, amigo y colaborador del califa, Ibrahim de Sevilla, quien con su traslado a Toledo se convertirá en don Jehuda Ibn Esra, de la casa de David, un habilísimo negociante inmensamente rico. Don Jehuda llevará a Toledo a sus hijos: Alazar y Raquel, ambos entrarán de diversa forma en la órbita del rey. El judío apóstata, mesumad, será propuesto por la reina Leonor y con el apoyo de Don Manrique de Lara como Escribano mayor para sacar adelante las cuentas del reino, embarcadas en el descalabro contable de un reino enlodado por el atraso productivo y la dependencia financiera de las aportaciones difíciles de los Grandes de Castilla. Don Jehuda, en ese momento aún musulmán, se irá a Toledo para recuperar lo que era suyo y de su linaje, para recuperar la fe de sus mayores, su nombre y su casa. Se irá con todas las riquezas que acumuló en Sevilla y se convierte en el verdadero artífice de la recuperación económica de Castilla. Durante ese tiempo debe, mediante multitud de trucos, apaciguar los deseos insensatos de guerra de Alfonso, quien le desprecia y admira a un tiempo. Para colmo, el rey se enamora perdidamente de Raquel, la Fermosa, su hija del alma, a quien la hace su barragana y la instala en la Galiana a la orilla del Tajo. Alfonso se encierra en el amor de Raquel, con el sufrimiento de don Jehuda, de la reina Leonor, de los Grandes de Castilla y de los representantes eclesiásticos, por un lado el metropolitano de Toledo don Martín quien encarna los más rancios sentimientos de la época y el canónigo don Rodrigue, divido por su cario al rey, sus mente más abierta y su cargo. Don Jehuda instalado en el antiguo castillo de los Ibs Esra, que durante muchos años perteneció a los Castro, vasallos del y de Aragón y señores feudales de Albarracín, crece en poder y en odio hacia su persona. La reina en los primeros momentos no dio la suficiente importancia a la relación de su esposo con Raquel hasta que se convence de lo profundo de los sentimientos y no los tolera. Digna hija de su madre, la reina Elionor, madre de Ricardo Corazón de León, es una hábil política: pacta una alianza con Pedro II de Aragón y lanza a Alfonso a una cruzada contra los almohades utilizando las palancas de las presiones del papa del metropolitano y la propia infantilidad caballeresca de Alfonso. Cae el rey en la trampa, se aleja de Toledo, se aleja de su amada y de su Escribano: es vencido en la batalla de Alarcos, de donde debe huir para salvar la vida. Para cuando el rey llega a Toledo estigmatizado por la derrota, hundido en el deshonor, aún lo más crudo le esperaba, Castro ha sido encargado por la reina de mantener el orden en la ciudad, de defender a la mayoría aunque tenga que entregar a las turbas a algunos -ésta es la gran traición sibilina que Leonor ha tendido para quienes tanto habían hecho por su reino: los Ibs Esra. Castro mata a don Jehuda y deja que los exaltados y sedientos de violencia maten a Raquel. La venganza de la reina por la infidelidad del Alfonso ha sido consumada. Los musulmanes siguen conquistando hasta el norte de Castilla y rodean Toledo, sólo la suerte que le había sido tan esquiva salvará para siempre a la capital del reino. Una revuelta en el norte de África obliga a volver al califa con su ejército. Doña Leonor había logrado la muerte de la judía de Toledo, pero no el afecto de Alfonso, quien sí se lo tuvo mientras no atentó contra lo que más quería: su judía Raquel. Leonor debe marchar a Burgos a lamer sus heridas. En los momentos finales, Alfonso reconoce el papel de don Jehuda, quien había sido enterrado de forma miserable. La Galiana, el Huerto de Rey, quedaría vacía, sin contenido, para que la maleza borrase la infamia que allí se hubo cometido en nombre de la política y las bajas pasiones contra el amor de un hombre y una mujer.


