En estos tiempos que corremos, donde según parece, todos nos empeñamos en ver defectos incluso donde no existen, para apresurarnos a comentarlos de forma que el mundo conozca los fallos ajenos, me atrevo a escribir esta nota, aún a riesgo de que nadie haga caso de la misma. Es posible que así ocurra, de todas formas, yo quedaré satisfecho conmigo mismo que es lo que pretendo.
Hace unos días, en el mercadillo o baratillo que se expone en Benalmádena Costa, mi esposa tuvo un contratiempo con un par de mujeres, que cumpliendo con el objetivo para el que allí se encontraban, le robaron el bolso con todo su contenido. Fue una actuación típica. La una que le empuja, la otra la distrae. Que yo no he sido. Pues no se ponga usted así. En resumen, cuando se quiso dar cuenta, ninguna de las dos estaba cerca y el bolso, naturalmente, tampoco.
Pasados los primeros minutos de alteración, cuando por fin asumimos que habíamos sido robados, la primera reacción fue cancelar las tarjetas de crédito a fin de evitar males mayores y, en segundo lugar, casi de inmediato, acudir a la policía para poner la denuncia del hecho.
Una vez en la central de Arroyo de la Miel, salvando el tiempo de espera, que se nos antojo algo largo, posiblemente por nuestros propios nervios y el afán de comunicar rápidamente el caso. El trato fue excelente, educado, correcto y bien asesorados. Tranquilizando en lo posible a mi esposa por la impotencia en la que se sentía ante la experiencia vivida.
Puesta la denuncia, volvimos al lugar de los hechos buscando en las papeleras, en la creencia de que sustraído el efectivo, las malhechoras se librarían de los documentos para ellas inservibles. Debo reconocer nuestra pérdida de tiempo. Asumido el robo, ya no lamentas tanto la pérdida del efectivo, como la cantidad de tiempo que tendríamos que invertir hasta renovar toda la documentación que la cartera contenía.
Nuestra sorpresa fue total, cuando dos días más tarde, recibimos una llamada desde la central de Policía de Marbella, para notificarnos que tenían el bolso robado, con todo su contenido dentro. Sin el dinero, es obvio, pues las dos amigas de lo ajeno no estaban en el mercadillo para perder su tiempo.
De nuevo mi esposa y yo recibimos un trato excelente, correcto, profesional. Firmamos el acuse de recibo de lo que nos entregaban y dimos por finalizada la historia, con mi más sentido reconocimiento a la Policía Nacional de Marbella y de Benalmádena Costa.
Pedro J. Guerra Valle


